León Benavente: polvo en las canciones

“Después de la ducha, Andrés pone música en el móvil mientras observa cómo llueve. Es una música con sonidos propios del rock y del pop, pero que acostumbra a llamar indie. Ha salido de casa en dirección al supermercado para comprar fruta. La calle mojada hace que note humedad en su zapatilla derecha”. Pero Andrés es un personaje y estas líneas pretenden ser de un corte realista. 

En literatura hay gigantes como Lev Tolstói. La punta de lanza en la pintura es Gustave Courbet, sin desmerecer a muchos otros. Y en la música más popular podríamos decir que el realismo lo representa de alguna manera el rock alternativo, con sus melodías y con su carácter agreste.

Y dentro de este realismo se puede encuadrar a una de las bandas con más proyección del panorama español: León Benavente. Un grupo integrado por músicos con un recorrido: César Verdú, Luis Rodríguez, Eduardo Baos y Abraham Boba (autor de tres notabilísimos álbumes: Abraham Boba del 2007, La educación del 2009 y Los días desierto del 2011), surgido principalmente de los márgenes de Nacho Vegas y que, con su primer álbum, el homónimo León Benavente (2013), ha conquistado al público y a la crítica especializada. Ahora presenta 2. Músicos que se encuentran en una etapa vital que, por la edad, ayuda a pararse y mirar.

León Benavente -Foto- Gustaff ChoosLos integrantes de León Benavente / Foto: Gustaff Choos.

Pero la grandeza de este conjunto es que es capaz de reflejar en sus letras la velocidad y el sinsentido de gran parte de la vida moderna; y, a la vez, pararse, asomarse a la ventana para ver qué sucede. Sin encerrarse en un “pequeño palacio”, como dice la letra de La Ribera, el grupo toca tierra, ya que es consciente de que esta época que habitamos está cayéndose a pedazos, a pesar de que los escaparates sean cada día más grandes y más luminosos. Y es que la época de la luminosidad eléctrica tiene sombras, muchas. Una luz cegadora que oculta la realidad que estos cuatro músicos, cada uno de una esquina de España, son capaces de expresar con la mayor de las ironías y sensibilidades. En Tipo D, toman la posición de la figura que todo el mundo desdeña y que a todos representa de un modo u otro, y hasta hacerle dar la vuelta para convertirla en algo familiar y no saber si es corriente o no.

Canciones hechas no con el fin de cambiar nada, sino de meter el dedo en la llaga. Ya han declarado en muchos lugares que no les interesa anclarse a una época, aunque son conscientes que, como parte de la sociedad, no se le puede dar la espalda a una serie de problemas que preocupan al conjunto de ciudadanos, o que al menos afectan a un importante número de seres humanos. Les sirve para crear: en Habitación 615 declaran “a quién le importa nuestra opinión sobre el amor, la política o la secesión”. No se puede obviar el polvo ni la suciedad no sólo física, sino también moral de la realidad. Componer y tocar con la conciencia de un tiempo y un lugar es lo que caracteriza a esta banda. Aunque no sólo lo hacen desde un punto de vista estrictamente impersonal, sino que también hablan de cómo afectan dichos problemas al individuo desde un punto estrictamente subjetivo como en Ánimo, valiente, en La vida errando o en Estado provisional; y también a nivel interpersonal, Década es un claro ejemplo de la maduración de estas reflexiones.

La potencia y la melodía de sus temas forman parte de la naturaleza de esta banda que toma el nombre de un trayecto entre dos puntos de la península, pero siempre sin olvidar la realidad circundante. Y hablar de lo que ocurre no implica un posicionamiento político sino más bien una lectura crítica de unos tiempos convulsos. Ahí está la potente Las ruinas.

El mundo no se limita a plantarse delante de una pantalla y sentirse turista para ver, parafraseándolos, “calles y comercios y gente debajo de un puente”. Caminar por la calle no es solamente dirigirse hacia un punto concreto, esquivando a todo lo que se presenta a nuestro alrededor, sino hacer que los sentidos estén receptivos y el intelecto activo. Como ya se sabe, el mundo no se cambia ni con canciones ni lanzando flores desde nuestra habitación o el móvil, ni con los falsos propósitos de año nuevo. Aunque la música, como el arte, puede ayudar a abrir los ojos, porque hay que caminar con criterio.

 

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