Goya 2016: lo que va de Inma a Penélope

Si eres capaz de sacar hora y media de tiempo para ti, sólo para ti, empléala en ver La novia. Porque es cine que merece cine. Es decir, que es una película que merece la pantalla grande, el sonido envolvente y todas y cada una de las liturgias del cine a la antigua usanza.

La última y acertadísima versión de las Bodas de sangre de García Lorca, es un proyecto sensitivo y poético, que, afortunadamente, no lleva a la pantalla sólo el “qué”, sino, sobre todo, el “cómo” del granaíno. A ello contribuye una fotografía majestuosa, una música que penetra a oleadas en el espectador, y, sobre todo, un conjunto de intérpretes que logran el plus ultra del cine: que no veas al actor, sino al personaje. Inma Cuesta transmite agonía, represión y sensualidad sofocada por cada uno de los poros de su piel. Su mirada contiene el abanico completo de sentimientos y frustraciones humanas en un mundo de mujeres abnegadas, sometidas, resignadas por la falta de varón y resentidas por todo lo que les ha arrebatado la violencia del machismo.

la novia_goya 2016Inma Cuesta, en La novia (2015) / Foto: Get In The Picture Productions/Mantar Film/TVE.

Inma Cuesta pide a gritos un Goya que este año vuelve a merecer (no nos la quitamos de la cabeza en La voz dormida), y que sí va a ganar. Al menos eso es lo que debería suceder. Su némesis en estos premios, porque siempre tiene que haber una, será Penélope.

Penélope es Penélope, sin apellido, como Cher. Un ser que habita las alfombras rojas, los premios y festivales y, según dicen algunos, las películas. Hagamos un ejercicio juntos, recita de memoria sus últimas cuatro o cinco películas. Ahora consulta su ficha en IMDB.com. Efectivamente, sin pena ni gloria. Esa es Penélope. 

En honor a la verdad, Ma ma eleva la media de calidad de sus interpretaciones. La última de Julio Medem es un quiero y no puedo constante que se contempla con una mezcla de interés y vergüenza ajena difíciles de definir. Cada vez que Ma ma, o su protagonista principal, elevan vuelo mostrando algo de savoir faire cinematográfico, desvían trayectoria por el camino de la obviedad y la cursilería prescindible. Penélope es mucha Penélope. Mucho Hollywood, mucho star system. La Academia puede sentir la tentación de cargarle la estantería un poco más (sería su cuarto Goya), pero confiamos en que la razón se imponga, inclinando la balanza del lado de La noviaCon permiso de otros más que interesantes trabajos, como el de la joven y prometedora Natalia de Molina en Techo y comida, el de la maravillosa Nora Navas en La adopción o el de Maribel Verdú en Felices 140.

Hablando de Maribel… ¡qué difícil era nominarla este año! Y así ha sido, el cuarteto de damas protagonistas que competirán por la estatuilla serán las mencionadas Inma Cuesta, Penélope Cruz, y Natalia de Molina, a las que se suma Juliette Binoche. Maribel Verdú, en la última de Gracia Querejeta ofrece una interpretación rica en matices, esperanzada y desquiciada, enamorada y rencorosa, valiente y asustada a un tiempo. Pero la propia naturaleza del personaje exige que desaparezca, casi literalmente, en un momento de la historia, para que los secundarios puedan hacer su “camino”, encontrarse a sí mismos y dotar a la historia de significado pleno. Esta idea de base hace de Felices 140 una película de secundarios: un proyecto que permite que Marian Álvarez (nominada como actriz de reparto), Eduard Fernández, Antonio de la Torre y Nora Navas se luzcan, y que el liderazgo de Maribel se desdibuje. 

Los geniales secundarios de Felices 140 nos remiten a otros, también maravillosos. Permitid que regresemos a La novia. De esa manera, además, podremos cerrar esta entrada como si de un círculo se tratara. Pululan por los ruinosos decorados de La novia (¿Se puede habitar paraje más abandonado de la mano de Dios?) un grupo de secundarios que tienen toda la fuerza de Lorca clavada en los ojos. Atención al dolor de hombre manso que no puede controlar el destino de su familia, de Carlos Álvarez Nóvoa, a la impresionante fuerza roba planos de Consuelo Trujillo, y la bilis, la rabia y el rencor que destila Luisa Gavasa (nominada por este derroche de talento) en cada sílaba que pronuncia. Ya pueden grabar el título de La novia en, al menos, media docena de Goyas. Con doce nominaciones ya se ha puesto a la cabeza como favorita.

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