El árbol de la infamia

La Navidad lucirá como todos los años en Madrid. En varios puntos del centro de la ciudad un árbol navideño de luces rojas brillará, como un faro guía en la bruma mágica de las primeras noches invernales. El árbol es rojo porque es de propiedad privada, y ese es el color corporativo de su dueño: Coca Cola. Muchos estarán encantados con el espectáculo de las luces navideñas patrocinadas, el Ayuntamiento de la capital entre los primeros, a fin de cuentas es quien ha firmado el acuerdo con diversas multinacionales para colocar este merchandising decorativo. Para otros, sin embargo, el paisaje no es de agrado. Puede parecer una cuestión baladí, la percepción exagerada y subjetiva del alcance de un símbolo. Por eso mismo, conviene recordar algunas cosas.

Conviene recordar que en enero de 2014 Coca Cola Iberian Partners, la sucursal embotelladora de la marca en España presentó un Expediente de Regulación de Empleo para 1250 trabajadores, a pesar de contar beneficios en sus cuentas, que implicaba el cierre de cuatro plantas: en Madrid, Mallorca, Asturias y Alicante. Conviene recordar que las plantillas decidieron ir a una huelga indefinida. Tras dos meses de huelga, el ERE avanzó y echó a la calle a más de 800 obreros y obreras. La asamblea de la planta de Madrid, en Fuenlabrada, decidió no aceptar el chantaje del monopolio y continuar con la lucha por sus puestos de trabajo. Conviene recordar que esa plantilla montó guardia un día tras otro en un campamento a la puerta de la fábrica, para impedir que se desmontara su maquinaria. Por ese campamento pasó la policía, y dejó palos. Y pasaron políticos, como los que hoy están en el consistorio de Madrid, en campaña electoral, y dejaron fotos. Conviene recordar que el Tribunal Supremo, en abril de este año, declaró nulo el ERE, por considerar que la multinacional había vulnerado el derecho a huelga de los trabajadores, llevando a cabo prácticas sistematizadas de esquirolaje en la planta de Fuenlabrada, confirmando lo que ya antes había declarado la Audiencia Nacional.

Tras las sucesivas derrotas en los tribunales, con la plantilla de Fuenlabrada manteniendo más de un año de lucha, Coca Cola se vio finalmente obligada a anunciar que reabriría la planta de Madrid. Esto ocurrió en mayo de 2015. Los primeros trabajadores entraron de nuevo a su fábrica en la madrugada del 7 de septiembre, entre vítores y una muchedumbre de alegría. No obstante, avisaban: los planes de la embotelladora encerraban una trampa, pues pretendía convertir el centro de producción en un almacén logístico. En octubre, en efecto, un auto de la Audencia Nacional concedió a Coca Cola contravenir su propia sentencia, y aceptó la apertura de Fuenlabrada como centro logístico. No sin razón, los “espartanos y espartanas” —como se conoce a los huelguistas de Fuenlabrada— continuaron con las movilizaciones, y volvieron a la carga.

Este sábado 12 de diciembre bajaron desde Callao hasta la Puerta del Sol. Del árbol de Coca Cola solo cuelgan frutas infames. No es símbolo de felicidad, sino de abuso y de explotación, de injusticia y prepotencia, de ilegalidad incluso, de hipocresía también, y de oportunismo de algunos. 

Conviene recordar. Y comprender. Pensar en las familias que se quedaron en la calle por el cierre de las fábricas, en el sacrificio de quienes han estado más de un año luchando contra el mayor gigante corporativo del mundo, con una dignidad que jamás encontrarán ninguno de los “sabios” del Instituto de la Felicidad de Coca Cola. Por respeto a los derechos de los trabajadores, ese árbol debería ser talado, esos árboles deberían consumirse al efecto de una auténtica “chispa de la felicidad”, la que salga del abrazo victorioso de quienes lucharon contra el gigante y lo tumbaron.

13 de diciembre, 2015

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