De atmósferas subyugantes: el cine de Peter Strickland

Son muchas las consecuencias que el visionado de la lynchiana Cabeza borradora (Eraserhead, 1977) puede dejar en la mente de un chaval de 16 años. Para Peter Strickland (Reading, 1973) significó el punto de partida de una fascinación por el cine que desde entonces no dejó de crecer. El director británico quedó impactado por aquella extraña película de tenebrosa atmósfera, desasosegante surrealismo e inquietante ambiente sonoro. Algo de todo ello ha quedado impreso en la, hasta el momento, corta filmografía de este interesante cineasta que, junto con Ben Wheatley, está aportando singulares perspectivas al thriller y el fantástico británicos.

Poco conocido para el gran público, la historia cinematográfica del director inglés empieza en un viaje a Nueva York para contactar con Nick Zedd, el cineasta underground detrás del Manifiesto del Cine de la Transgresión, y Holly Woodlawn, una de las Drag Queens que actuaron para Andy Warhol. Una vez allí logra que actúen dirigidos por él en un corto de quince minutos titulado Bubblegum, que es presentado en el Festival de Berlin del año 1997.

Peter-Strickland-Graeme Robertson for the GuardianPeter Strickland / Foto: Graeme Robertson/The Guardian.

Tras esa primera incursión cinematográfica Strickland no para de escribir guiones que a ningún productor interesan. Harto de esta situación, de trabajo de mierda en trabajo de mierda y tras intentarlo en el mundo de la música (llegó a fundar un grupo llamado Sonic Catering Band, que grabó varias canciones y dio algunos directos por Europa) decide gastar una herencia familiar para escapar de Inglaterra y rodar su primer largometraje.

Hasta Transilvania, en Rumanía, se irá el director inglés a rodar Katalin Varga (2009), su ópera prima. La película se desarrolla entre una atmósfera de misterio marcada por la presencia enigmática del paisaje montañoso de los Cárpatos, bellamente fotografiados. El viaje de huida y venganza de su protagonista irá siendo descrito con un ritmo lento en largos planos de acompañamiento, mientras que la información de lo que está pasando se nos va dando dosificadamente. Una historia que subvierte las claves del clásico rape&revenge para transformarlo en una narración de redención y castigo con tintes dostoyevskianos. Alcanza su punto álgido con la cruda escena en la que la protagonista confiesa su terrible secreto. El director británico la rueda en un plano sostenido que, junto al montaje de miradas y el juego con lo que el espectador ya sabe, es capaz de dotar a la cinta de una tensión que desembocará en su tramo final en un estallido de violencia.

varga_katalin_peter_stricklandKatalin Varga (2009) / Foto: Libra Film/Ross Sanders Production International.

Ganadora del Oso de Plata en el Festival de Berlín de ese año, estamos ante una obra representativa del potencial que Strickland va a ir desarrollando en sus próximas películas. La importancia de los ambientes sonoros, las subyugantes atmósferas construidas con la ayuda de una puesta en escena muy cuidada y un ritmo narrativo pausado serán claves de un cine que presta más atención a cómo contar las cosas que al qué se está contando. Ese tono calmado, minucioso, atento al detalle será una constante en toda la obra del director.

Y del retrato de los desasosegantes espacios abiertos de Katalin Varga nos vamos a la claustrofóbica sala de un estudio de grabación de sonido donde se desarrolla Berberian Sound Studio (2012), su segundo largometraje. Homenaje a la construcción artesanal del sonido cinematográfico, la obra nos sitúa en la  grabación del sonido de un giallo italiano de los 70. Si en su ópera prima nos encontrábamos a una protagonista decidida y proactiva dentro de la acción ahora estamos ante Gilderoy, un apocado y retraído editor de sonido inglés que se verá superado por una enrarecida atmósfera de trabajo llena de personajes agresivos, excéntricos y maníacos. 

Toda la violencia, lo macabro y el sadismo característicos del giallo envuelve toda la obra, pero a Strickland no le interesa mostrarlo. Basándose en un uso del fuera de campo magistral solo permite al espectador ser testigo auditivo de los terribles hechos narrados en esa película de sádicas brujas y demonios  torturadores de jóvenes damiselas. No aparece ninguna de las imágenes de la escabrosa cinta pero sí podemos ver a las enigmáticas y sensuales chicas que graban sus gritos para la película. Poco a poco, la sensación de amenaza constante y el terror psicológico al que es sometido el protagonista acaba por estallar. En un lynchiano tramo final la mente del protagonista ya no será capaz de distinguir entre realidad y ficción, Gilderoy se verá engullido (remitiendo, incluso, a Arrebato de Iván Zulueta) por los fotogramas de la película a la que pone el sonido.

Berberian Sound Studio_peter stricklandBerberian Sound Studio (2012) / Foto: Illuminations Films/Warp X.

De este modo, ayudado por el sonido, el excelente trabajo de fotografía de Nic Knowland, una cuidada dirección artística, un montaje atento al gesto y un trabajo de cámara basado en la captación del detalle, Strickland consigue construir esas enrarecidas, sensuales y atrayentes atmósferas que parecen situar a sus películas en un lugar indeterminado entre la realidad y la fantasía.

En ese preciso lugar parece enclavada la última película rodada por el director británico. En The Duke of Burgundy (2014) la falta más absoluta de contexto, tanto del tiempo en el que se desarrolla como del lugar exacto en el que se suceden los acontecimientos, acentúa todavía más si cabe la sensación de irrealidad. De nuevo Strickland nos sumerge en su sensual, surreal e hipnotizador mundo, a través de un cuento erótico acerca de las relaciones de dominación entre dos amantes femeninas (no aparece ni un solo hombre durante todo el metraje). La sensación de cuento (para adultos) nos sobreviene con las primeras imágenes de ese bucólico bosque por el que va paseando en bicicleta nuestra inocente caperucita roja. Pero en su destino no la está esperando una desvalida y necesitada abuelita, sino un lobo feroz que no dudará en comérsela (sexualmente hablando).

Los sensuales movimientos de la cámara nos introducen en un laberinto de dominación, pasión, deseo, duda, debilidad, necesidad, amor y muerte. La elegancia de la puesta en escena es absoluta, ayudada por un gran trabajo fotográfico del habitual director de foto de Strickland (Nic Knowland) y una magnífica dirección artística. La cámara, cuál serpiente venenosa, recorre los cuerpos de las amantes deteniéndose en cada detalle que desprenda el deseo, la carnalidad y el morbo latente en toda la obra. Antológico, en ese sentido, es el movimiento de steady que relaciona la mirada lasciva de una de las amantes con la entrepierna de la otra. La cámara se adentra en ese hueco completamente oscuro en el que Strickland convierte la vagina de la amante hasta descubrirnos una escena pesadillesca, surrealista y onírica que sintetiza todo el simbolismo acerca del deseo y la dominación que subyace en la película.

The Duke of Burgundy_peter stricklandThe Duke of Burgundy (2014) / Foto: Rook Films/The British Film Institute/Protagonist Pictures.

No es de extrañar que la cantante Björk pensara en él para poner imágenes a su disco Biophilia (2011) y crear un documental titulado Björk: Biophilia Live rodado en 2014. Los ambientes sonoros de la artista islandesa se demuestran propicios para la maestría de Strickland en la construcción de sensaciones visuales, logrando una obra atrayente tanto visual como auditivamente. Otra muestra del interés del director británico por la creación de sensaciones a través de sus imágenes pero, también, de sus sonidos es el proyecto en el que se embarcó en este pasado Halloween. Una adaptación para la Radio 4 británica del clásico televisivo de terror The Stone Tape (1972) dirigida por Peter Sasdy

Con unos toques del cine de David Lynch, el gusto por la estilización estética de géneros como el giallo, incluso unas gotas de Tarkovsky y Buñuel, logramos la atractiva receta en la que se ha convertido la obra de este cineasta inglés. Fascinante visualmente y complejo temáticamente, el cine de Peter Strickland se revela como uno de los acercamientos al thriller y el fantástico más interesantes a seguir en los próximos años.

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