Un país no muy lejano llamado Freedonia

“Está perdido si le encuentran”, alerta la joven y seductora Vera Marcal. “¿Cómo voy a estar perdido si me encuentran?”, le espeta Chicolini, el segundo espía más delirante infiltrado en la República de Freedonia. El primero es Pinky, el agente mudo que corta con unas tijeras todo lo que se le pone por delante. Chicolini es Chico Marx, y Pinky, por supuesto, es Harpo. Freedonia es el país ficticio gobernado por Rufus T. Firefly, paroxismo del político cínico hasta el absurdo, encarnado por Groucho Marx. Y la película es Sopa de Ganso, tal vez la mejor comedia de la historia del cine, la más espasmódica reiteración al absurdo que se pueda encontrar, o en la que alguien se pueda perder.

sopa-de-gansoGroucho, como Rufus T. Firefly / Foto: Paramount.

Sopa de Ganso fue la última y quinta película de los Marx en la Paramount. Luego se pasaron a la Metro, y trabajaron también con la RKO y la United Artist. Pero fue la cumbre de su carrera. Setenta minutos de puro despropósito lleno de sentido, de la sátira más caótica que jamás se haya filmado. Una apología del absurdo, del doble sentido, del juego de palabras. La más hilarante concatenación de situaciones mínimamente armadas en algo así como una trama, apenas un argumento. Freedonia es una república democrática en la que sus potentados —en este caso la aristócrata Gloria Teasdale— eligen a dedo a sus gobernantes —en este caso el lenguaraz Rufus T. Firefly—. Un país en el que los presupuestos se ajustan subiendo impuestos para pagar alfombras, la jornada laboral se reduce quitando la hora del descanso a los trabajadores, y donde siempre hay ganas de guerra. Todo un absurdo, como puede comprobarse… Sylvania, el país vecino, el enemigo, envía a Freedonia a los espías Chico y Pinky; allí tendrán que enfrentarse a la única persona tan desfasada como ellos, un primer ministro de puro impertinente y bigote falso. Entre los tres convertirán Freedonia en el primer Estado en el que reina, en todos los sentidos, la más absoluta anarquía.

Bajo la dirección del muy eficaz Leo McCarey, el talento de los Marx explotó con toda su potencia. Prescindiendo de los tediosos y obligados números musicales que se les exigían en anteriores producciones, permitiendo únicamente unas pocas secuencias de canto y baile perfectamente integradas en la historia, el metraje del film concentra algo más de una hora de gags sin descanso. Llega casi a abrumar el torrente de situaciones y diálogos para troncharse de risa. El ritmo es de locomotora a todo vapor tirando de un tren con un vagón montado encima de otro; mientras Harpo putea todo lo que puede a cualquiera que se encuentra, Chico le da la vuelta a cada frase hasta destruir el sentido de lo dicho, por otro lado Groucho seduce, canta, agrede e insulta a un mismo tiempo. Algunas de las secuencias del film son parte de lo más genial del Séptimo Arte. La celebérrima secuencia del espejo estará siempre en los anales de la comedia, son los Marx, los tres esenciales, en estado de gracia, y nunca mejor dicho.

Pero aparte del festejo de la risa que significa Sopa de Ganso, el film tiene también una lectura política. No en vano estuvo prohibida en la Italia de Mussolini. Su año de producción fue 1933, el de la llegada de Hitler al poder. La sátira del funcionamiento gubernamental de Freedonia y la personalidad de los líderes políticos y mandamases del país permite obvios paralelismos de máxima actualidad. Freedonia es un país gobernado por los ricos, con gestores que son una mezcla de estulticia y oportunismo, es decir, cosas que nos suenan a todos, ¿no es cierto? La postura de Rufus T. Firefly frente a la venalidad institucional es casi realismo social: “No permitiré injusticias, ni juego sucio, pero si se pilla a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared… ¡Y daremos la orden de disparar!”.

Para qué negarlo, adentrarse en Freedonia es casi como estar en casa. Mejor, porque podemos reírnos del absurdo. A la realidad, sin embargo, ya no hay forma de verle la puta gracia, porque ni Rufus T. Firefly se hubiera atrevido a contarnos lo que es un “contrato en diferido”. En fin, Freedonia, un país no muy lejano…

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