Richard Farnsworth, la compañía del llanero solitario

Si la noche se presenta solitaria y estrellada, si el bar se cierra oscuro e íntimo sobre sí mismo, no hay mejor compañero que un hombre viejo de pelo blanco bajo un sombrero de cowboy, de barba rala bajo un bigote humildemente mesurado, de ojos vivaces bajo un lagrimal de años. Si alguna vez dan con una aparición así, tómense una copa a su salud. Nadie conversa como él en los lugares solitarios. Se llama Richard Farnsworth. Su cara les será familiar, porque lo vieron antes, decenas de veces, aunque no se percataron de ello. Tiene aspecto de sabio, y lo es, un viejo llanero solitario.

richard farnsworth - straight storyRichard Farnsworth, en Una historia verdadera (1999) / Le Studio Canal+/Les Films Alain Sarde/Picture Factory & Film Four.

Siempre anduvo por las tierras del oeste norteamericano, montando caballos por las praderas, conduciendo una ranchera sobre la nieve de un pueblecito de Colorado, o surcando las norteñas carreteras de Iowa a Wisconsin sobre su cortacesped. Tal vez con estas pistas sepan en qué territorios encontrarle. Fue el entrañable Dodger en Llega un jinete libre y salvaje, el western crepuscular que dirigió Alan J. Pakula en 1978, con Jane Fonda y James Caan. Fue el adorable y perspicaz sheriff Buster detrás de la enajenada Kathy Bates en Misery, tratando de ayudar de nuevo a James Caan, en la adaptación del best seller de Stephen King que dirigió Rob Reiner en 1990. Y fue, por último, por encima de todas las cosas, para siempre, el maravilloso Alvin Straight de Una historia verdadera, la obra maestra de David Lynch, de 1999.

Richard Farnsworth fue uno de esos actores desapercibidos en la industria hollywoodiense, a los que les cae, en el final de su carrera, por fin un papel protagonista, y demuestran entonces un talento por el que solo cabe ya lamentarse de que no haya tenido posibilidad de mostrarse en todo su esplendor. Farnsworth comenzó en el cine como doble para escenas de acción y figurante: le registró el celuloide de Un día en las carreras, Lo que el viento se llevó o Espartaco; pero su nombre no apareció en los créditos de ninguna de ellas. Durante los años 60 y 70 se dejó ver de secundario en westerns, anuncios de televisión y un par de series. No fue hasta 1978 cuando su papel en Llega un jinete libre y salvaje le valió una candidatura al Oscar. Su segunda candidatura a un premio de la Academia fue por su última interpretación, la del protagonista de Una historia verdadera. No se llevó la estatuilla, que recayó en Kevin Spacey por su trabajo en American Beauty. Merecido para Spacey, pero una injusticia para Richard Farnsworth.

Una historia verdadera no puede tener un título más apropiado, es una de esas películas que están marcadas por el milagro fílmico de la autenticidad, más difícil aún cuando se trata —como es el caso— de la adaptación de una historia real. La conmovedora odisea del anciano Alvin Straight, que recorrió cientos de kilómetros montado en un cortacesped para ir a ver a su hermano, con quien hacía años que no se hablaba y que había enfermado recientemente, es uno de los más bellos relatos sobre el amor fraternal, la culpa y los recuerdos, y sobre la vejez, con toda su belleza trágica. Los primeros planos que Lynch y Farnsworth sostienen suponen una de las cumbres del cine moderno. La interpretación del viejo secundario, al fin protagonista, a sus casi 80 años, estremece por su sencillez y a la vez por la profundidad que transmite. El verbo lacónico, en las conversaciones que mantiene con cuantos amigos circunstanciales que va encontrando en su camino, es demoledor en su hondura. Y la secuencia final es terriblemente conmovedora, nadie nunca miró tan fijamente unos ojos como Richard Farnsworth mirando al cielo.

El 6 de octubre del año 2000, solo unos meses después de la gala de los Oscar, el veterano actor se suicidó. Se disparó con su escopeta. Estaba en su rancho de Nuevo México, donde vivía desde hacía años. Tenía un cáncer terminal. Se despidió con la misma discreción con la que pasó por las pantallas, como un viejo y libre llanero solitario. Se quedó para siempre en el recuerdo, y al encuentro de nosotros en algunos lugares solitarios hechos celuloide.

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