El Nottingham Forest de Brian Clough: ascenso, juergas y dos Copas de Europa

Porque el fútbol consiste en imaginar… ¿se imaginan a un Eibar, por ejemplo, un equipo pequeño que acabe de subir a primera división, sin jugadores conocidos, con un juego alegre y constructivo, ganando la Liga en su primer año? ¿O a un Rayo Vallecano, con una plantilla nueva cada temporada tras la venta de sus incipientes figuras, llevándose la Liga con siete puntos de ventaja sobre el Real Madrid y ganando dos Champions consecutivas? Resulta complicado hasta para el más fantasioso. Tranquilidad, porque el fútbol también consiste en recordar. Y podemos viajar a los años 1979 y 1980 —cuando uno de los peores actores de Hollywood era elegido presidente de los EEUU, Grecia firmaba su adhesión a la Comunidad Económica Europea (si lo llegan a saber…), nacía el Comecocos y la CNN y mataban a John Lennon—, años para no olvidar, sobre todo en Nottingham, en el centro de Inglaterra, la ciudad de Robbin Hood y, desde entonces, de un tal Brian Clough, entrenador de fútbol y también, en cierta manera, ladrón de ricos en beneficio de los pobres.

Sport. Football. England. 1980. Nottingham Forest manager Brian Clough with the European Cup trophy.Brian Clough con la Copa de Europa / Foto: Bob Thomas/Getty Images

El Nottingham Forest, después de haber estado a punto de descender a la tercera división inglesa, consiguió subir a primera —por entonces la First Division— en 1977 y romper todos los tópicos sobre el estilo de juego inglés, las estrellas y las cosas imposibles. En su primera campaña se hizo con la Liga y por si fuera poco, también con la Copa. Al año siguiente, su debut continental, ¡gana la Copa de Europa! Y por si eso tampoco fuera suficiente, el año siguiente la vuelve a ganar, en el Bernabeu y ante el Hamburgo. Es de esta manera el único equipo que cuenta más Copas de Europa que ligas nacionales. ¿Han comprendido? ¡En sólo tres años pasó de segunda división a ganar una Liga y dos Copas de Europa! ¿Cómo fue posible?  A base de talonario, pensará el descreído aficionado del siglo XXI. Y he aquí, quizá, lo más increíble de todo. Si se puede calificar de auténtica hazaña, la mayor en la historia del fútbol, lo que hizo el Nottingham Forest en aquellos años fue porque lo hizo con un equipo de desconocidos, talentos que no encontraban su sitio más viejos rockeros que siempre sabían cuál era el suyo. Y al frente de esa banda, un bocazas adorable, un pendenciero íntegro, un líder indiscutible, el mejor entrenador del mundo, Brian Clough.

Brian Clough es poco conocido fuera de Inglaterra, pero por allí es un personaje mítico que trascendió el mero espacio deportivo, polémico, arrogante y solidario. Se posicionó abiertamente contra las políticas de reconversión de la era Thatcher y fue un habitual en las marchas de los mineros durante las huelgas históricas de los 80 y los 90. Un tipo cuyo nombre no sólo identifica una parte de la grada del estadio del Nottingham, sino carreteras, tranvías o calles, y que tiene erigidas estatuas por varias ciudades de la geografía británica. Falleció en 2004, con un hígado de repuesto y un cáncer en el estómago. Su carrera como jugador fue corta, tuvo que retirarse prematuramente, a los 29 años, por una lesión de ligamentos, pero le dio tiempo a meter 204 goles en 220 partidos con el Middlesbrough. Bendita lesión, porque propició la carrera de un entrenador único, que iba a demostrar que al fútbol en Inglaterra se podía jugar sin colgar balones. “Si Dios hubiera querido que jugáramos al fútbol en el cielo, le habría puesto césped”, no había una imagen mejor para declarar sus intenciones y definir su estilo, como entrenador y como persona. 

forest1El Forest campeón de Europa / Foto: Bob Thomas/Getty Images

Para competir en la primera división formó un equipo con la base del que ascendió. De segundo a timón, su inseparable amigo Peter Taylor, de capitán John McGovern —al que Clough se llevó a todos sus equipos—, fichando jugadores libres como el magnífico portero Peter Shilton —espectador de excepción de la mano de Dios y del gol del siglo—, y otros de desguace a dos mil libras —como Garry Birtles—. Un equipo de desconocidos, leales y desahuciados. Sólo conseguir la permanencia habría sido un éxito, en cambio lograron mantenerse imbatidos durante 42 partidos, desde noviembre de 1977 hasta diciembre de 1978, ganando la Liga con una diferencia de 7 puntos sobre el Liverpool de Graeme Souness, Sammy Lee y Kenny Dalglish.

Brian Clough nunca quiso ver un video del equipo rival, ni saber cuáles eran sus estrategias, ni su posicionamiento en el campo; sólo le interesaba su equipo y sus jugadores para preparar un partido. La motivación, las ganas que tuvieran de vencer era lo fundamental, sin importar el rival. Y trataba de inculcar a su chicos una idea sencilla, pero de poco arraigo: ganar es importante, pero importa también jugar bien, y es mucho mejor ganar jugando bien. Con unos centrocampistas muy físicos y delanteros más bien fajadores del área, no parece que tuviera la mejor plantilla para dedicarse a tocar y ganar la posesión del balón, pero los del Nottingham lo entendieron perfectamente, demostraron un juego limpio y brillante, se alejaron del pelotazo y la típica dureza inglesa, para jugar al primer toque, con amplia posesión del balón y con un descaro que sorprendió a toda Europa.

On the march with redundant miners, November 1992.Brian Clough, apoyando las marchas mineras de 1992

Se consideraba un genio en lo suyo, y posiblemente lo fuera, porque, aunque no había quien le entendiera en primera instancia, ni le aguantara en cualquier momento, los hechos —que es más que los resultados— hablaban por él. “No digo yo que fuera el mejor entrenador del mundo. Pero siempre estuve en el Top-1”. Sí, se tenía en bastante estima. En los entrenamientos daba rienda suelta a su lengua tabernera y a esa creatividad chulesca y viperina. “Sois unos mierdas”, “basura”, “malditos desgraciados”, “te lesionas tanto que si fueras un caballo ya te habrían sacrificado”, así se expresaba su particular método de motivación. Pero luego llegaba el día del partido, y entonces amanecía otro Brian Clough, todo relajación. Antes del encuentro era habitual que hiciera entrar a un cómico en el vestuario para entretener a los muchachos con chistes. La noche previa no era extraño que el equipo se bebiera quince o veinte botellas de vino, a fin de cuentas… no había nada que perder ante rivales teóricamente muy superiores.“Relajaos y dad todo lo que sabéis”. 

Para la preparación de las dos finales de la Copa de Europa, después de haber derrotado a algunos de los grandes de aquella época, como el Colonia, el Liverpool o el Ajax, Clough llevó sus técnicas de relajación y motivación al límite del riesgo. John McGovern, en una entrevista, afirmó con la sonrisa pícara de quien disfrutó una de las siempre circunstanciales claves del éxito, que la semana antes de jugar las dos finales europeas estuvieron de fiesta los siete días. Se fueron a Mallorca, la tierra santa de todo fiestero inglés, y allí prepararon quién sabe de qué marciana manera la forma de ganar el partido entre clubes más importante del mundo. Y los muy cabrones lo hicieron, dos veces seguidas.

slide_369496_4245402_free1 de mayo de 1993, la despedida de Brian Clough / Foto: Mark Leech/Getty Images

Como todo cuento de hadas y como todo lo que ocurre en la vida, los días buenos tocaron a su fin. El año siguiente de la segunda Copa de Europa cayeron derrotados en primera ronda de la competición ante el débil CSKA de Sofía, y el equipo poco a poco fue retrocediendo en espectáculo futbolístico y en la clasificación. No volvieron a jugar la máxima competición europea, y terminaron por perder la categoría, lo que puso fin a la etapa de Brian Clough al frente del equipo, después de dieciocho temporadas en el banquillo del Nottingham Forest. 

“¿Caminar sobre el agua? Supongo que mucha gente estará diciendo que en vez de caminar sobre ella, debería haberla tomado más en mis bebidas. Tienen toda la razón”, dejó escrito Clough en sus memorias. Los ligamentos de la rodilla se cargaron a un joven delantero, como a tantos. Y el alcohol, posteriormente, a uno de los genios del fútbol británico, como a otros muchos. Porque el fútbol es imaginar, y recordar, y lamentarse por los días perdidos.

En el City Ground, el estadio de Nottingham, los aficionados se acercan y se sientan en la grada que se llama Brian Clough, animan a un equipo que está luchando por volver a la máxima categoría, pasan junto a una vitrina de trofeos en la que se encuentran dos Copas de Europa, rodeadas de pequeños trofeos locales y de verano. Y recuerdan aquellos tres años que les robaron a los ricos para quedárselo los pobres.

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