Galveston, el libro que está sin estar en True Detective

Nic Pizzolatto, un treintañero de Nueva Orleans, publica Galveston, su primera novela, en 2010. Pero se hace mundialmente famoso en 2014, al firmar el guión de la serie televisiva True Detective. Su ópera prima literaria, entonces, no tarda en traducirse a varios idiomas y publicarse por todo el planeta. En España será la editorial Salamandra la encargada de traerla al castellano, convirtiéndola en primer título de su nueva colección Black, especializada en novela negra policiaca.  Y los adictos a la catarsis de atmósferas sulfúricas corren a por un chute de marisma y crepúsculo de cocodrilos, de asco y pasión por vivir a partes iguales, o por lo menos, a saborear un whisky del bueno en un tugurio de mala muerte.

Galveston, PizzolattoDetalle de la portada del libro, editado en España por Salamandra.

Uno llega a Galveston desde y por True Detective, cómo negarlo. Sencillamente alegrémonos de que haya ocurrido. Galveston es un buen libro, un noir sin grandes pretensiones, o quizás con la mayor de todas, resultar sencillo de leer. Pizzolatto se puede dar por satisfecho, porque consigue proporcionar unas cuantas horas de lectura entretenida y lo hace sin trampas ni burdos trucos de trilero literario. Cuenta la historia que sabe y utiliza los recursos que maneja con mayor destreza. Algunos de los cuales caracterizan también la historia de True Detective (hablamos de la primera temporada, por supuesto). En una como en otra está, en primer lugar, el protagonismo del lugar, ese terreno de los estados del sur estadounidense que caen del océano Atlántico, los parajes cenagosos de Louisiana, Nueva Orleans y la costa de Texas. En Galveston también está la estructura en dos épocas —una parte en 1987 y otra en 2008—, un pasado que se queda en espera durante años para cerrarse cuando los personajes estén de nuevo listos para atar los cabos que quedaron sueltos. Y está —como en True Detective— un personaje malogrado de terrible carisma, en Galveston un tipo encarado que se llama Roy Cady, matón impulsivo y reflexivo al mismo tiempo, que acaba de recibir a sus cuarenta años de borracheras, peleas y leves amores, la noticia de que un cáncer avanzado le ha tomado los pulmones. Un tipo sin futuro.

El matón Cady, con sus pulmones y todo su cuerpo en cuenta atrás, es traicionado por su propio jefe, que pretende liquidarle antes de que el cáncer lo haga. De la necesaria trifulca, Cady sale milagrosamente ileso y con una compañera inesperada, una joven prostituta recién iniciada que le hace tablas en carisma por la banda contraria. Y en adelante lo que hay es la huida de estos dos necesitados complementarios, alimentando el coche de recuerdos y sueños imposibles. Dando con sus huesos en una ciudad isla en la costa de Texas —la Galveston que le da nombre a la historia—, una de esas pequeñas ciudades de naturaleza fronteriza, en sentido figurado, donde uno va a refugiarse o a esconderse, un sitio de paso para turistas dramáticos, un retiro plomizo para quienes deciden o no pueden dejar de vivir con la mente en un tiempo que no es el presente.

Galveston acierta a dibujar esa atmósfera melancólica y violenta que conocimos por la serie de la HBO, y sabe llevar la historia del pasado con verosimilitud y buen pulso al desenlace final en el presente, atando a los personajes y al lugar descrito al mundo real, con un recurso del que disfrutarán los que lleguen a sus últimas páginas. En estos aspectos, se cierra más limpiamente y con mayor consistencia que la serie televisiva. Lo que no hay en las páginas de Galveston, con todo, es el gran as de True Detective, que es Rust Cohle —el filósofo inesperado— un personaje tan gigantesco y atractivo que le marca el tono a toda su historia. 

Todo lo que es el detective Rust Cohle está en potencia en el matón Roy Cady. Comparten iniciales, RC, y afición por convertir latas de cerveza en muñequitos, pero Rust es la versión mejorada dramáticamente de Roy, al menos para la tele, porque cada cual es como tiene que ser para la historia que Pizzolato quiere contar. El detective Rust está al servicio de una trama necesariamente más exigente. En Galveston, es la trama la que está al servicio del personaje, de Roy Cady, porque el tema es solo uno y bien definido: el dolor por los paraísos perdidos; algo mucho más laberíntico que Carcosa.

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