«Hippocrate», de Thomas Lilti

«Hippocrate» era la cuarta película francesa proyectada en la sección oficial del 52 Festival Internacional de Cine de Gijón. El título hace alusión al conocido como fundador de la medicina moderna, Hipócrates, que a su vez da nombre al famoso juramento hipocrático, ese compromiso ético que todo profesional de la medicina debe asumir, destinado al respeto de la dignidad del paciente. Y en torno a esa idea gira el film de Thomas Lilti, que sabe de lo que habla, pues ha ejercido como doctor durante años en la sanidad pública francesa.

Benjamin es un joven que afronta con inseguridad su primer día como médico residente en un hospital público parisino. «Hippocrate» es una historia de aprendizaje y descubrimiento, que sirve como excusa para mostrar la trastienda del funcionamiento del sistema hospitalario público francés. El retrato es muy poco complaciente, mostrando las dificultades a las que se ven sometidos los profesionales de la medicina pública ante los continuos recortes y la búsqueda de mayor “rentabilidad” impuesta por la dirección (el gerente es un antiguo jefazo de Amazon en Francia). Supongo que esto les sonará de algo.

Los dilemas que debe afrontar Benjamin desde el primer día son enormes y para hacerles cara se apoya en el otro personaje fundamental de esta historia: Abdel. Se trata de un médico argelino con mucha experiencia en su país, pero que debe hacer prácticas como un novato para ganarse el puesto. Interpretado con maestría por Reda Kateb (visto en “Un profeta” o “La noche más oscura”), Adbel simboliza a la perfección el médico que antepone el bienestar de sus pacientes al suyo propio, y consigue robar el protagonismo de la historia al propio Benjamin.

Por momentos “Hippocrate” recuerda en cierta forma a la magistral “La clase” (Laurent Cantet, 2008), por su forma de retratar esas reuniones de personal del centro público, así como la relación ente sus profesionales y las personas a las que ofrecen su servicio. Sin embargo, un final estridente y atropellado rompe con el todo general y nos aboca hacia un desenlace algo obvio y buenista, con discurso y mitin incluido.      

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