Tanques sobre América Latina (la ofensiva de los Think Tank)

“Los miembros del Patronato del Real Instituto Elcano recuerdan con agradecimiento y cariño a Leopoldo Calvo Sotelo, Jesús de Polanco, Juan José Linz y a Emilio Botín, quienes con su generosidad y experiencia, contribuyeron decisivamente como patronos a la creación y fortalecimiento de nuestra institución”

Real Instituto Elcano

Se suele decir que América Latina es hoy día el escenario sociopolítico más excitante del planeta. Pero ¿de qué enigmas y sorpresas proviene tal estado de sugestión y a quién le afecta? Los giros políticos e institucionales de países como Venezuela, Perú o Bolivia, fundamentalmente durante los años del nuevo siglo, han sido recibidos como acaecimientos inesperados. Durante todo el siglo pasado, la mayor potencia del planeta destinó ingentes recursos para tratar de dirigir el devenir político de los países latinoamericanos y caribeños. La intervención estaba centrada en la injerencia política y militar directa. Desde el sabotaje a la acción paramilitar, pasando por la financiación soterrada de todo tipo de organizaciones autóctonas, han sido prácticas por parte del gobierno estadounidense de todo el mundo conocidas. Hoy día, sin embargo, las tácticas han virado la contrainteligencia desestabilizadora y golpista del campo cívico y militar hacia el terreno de la opinión pública y de las ciencias sociales, como avanzadilla o complemento para un nuevo tipo de intervencionismo.

El currículum estadounidense quedó abundantemente emborronado durante el siglo XX, lo ensangrentado de muchas acciones puso en entredicho la solvencia de una táctica que tuvo en la doctrina de la Seguridad Nacional su más gráfico exponente. Con la desaparición del bloque socialista todo cambió. Ante la ausencia de una superpotencia oponente a nivel mundial, la desestabilización podía volverse entonces más sutil y dilatada. Fue el inicio del tránsito al “golpe blando”. Y llegó la hora de posicionar una base teórica científico-social con pretensión de irrevocabilidad. Entraron con todo su peso los think tanks –tanques de pensamiento– occidentales, especialmente norteamericanos, para volver hegemónico entre las sociedades latinoamericanas un corpus de valores filosóficos y sociopolíticos determinados.



La combinación de las teorías del “fin de la Historia” de F. Fukuyama y las “olas democratizadoras” de S. P. Huntington, de las cuales la tercera bañaba las costas de la América Latina de finales del siglo, sentó la base de una instauración indiscutida en el terreno académico de la economía de mercado y la democracia liberal como formas de base y superestructura definitivas, para América Latina como para el resto del planeta. Dos décadas después, ambas teorías pueden observarse en lo profundo de un accidentado precipicio. Fukuyama, después de los momentos de fama, se vio vapuleado desde numerosos frentes, más aún tras el 11 de septiembre de 2001. La “tercera ola democratizadora” de Huntington ha resultado un canto de sirena precipitado y desafinado con el tiempo, que no supuso mas que la aceptación burocrática de los procedimientos democrático-liberales más básicos. De esta manera, la democracia para las poblaciones latinoamericanas era y es una cosa muy distinta de la que se definía en las academias de Washington, resultaba un ideal difuso y, a menudo, una insatisfacción cotidiana.

En la década de los 90 cobrará una nueva importancia el papel de los think tanks. Serán los primeros ejecutores de una nueva táctica de dominación que ya no tenía como objetivo estratégico la mera dominación política y económica, sino también la ideológica, como un seguro para mantener las dos primeras […] El relativo naufragio de la politología anglosajona en Latinoamérica, unido a un factor-causa inveterado, el miedo al panamericanismo, propició el diseño de un proyecto de integración  continental latinoamericana inspirado en la Unión Europea, y por ella financiado.

Después de décadas de “patio trasero”, de la desaparición de la URSS, del 11 de septiembre de 1973 y del 11 de septiembre de 2001, continuaba pese a todo el desafío cubano apenas a cien millas de las costas estadounidenses y surgía un fenómeno inesperado, un conjunto de países que, utilizando una retórica revolucionaria, apostaban por fórmulas económicas y políticas que marcaban objetivos estructurales socializantes, si no como una meta a la que llegar con determinación al menos sí como un aviso a navegantes. Washington estaba epatado. Algo había fallado, los golpes, la contra, los narcos, ¿quién sabía? Pero los tanques –habían sido helicópteros, en verdad, pues Latinoamérica, como Vietnam, es un lugar selvático y de grandes alturas– no habían podido hacer triunfar de manera prolongada y dominante su ruido de metales. Sin embargo, hay tanques y tanques… y tal vez el error de Washington estuvo en haber lanzado una avanzada de blindados equivocados. No eran de metal, sino de pensamiento, los tanques que debían allanar el campo latinoamericano. El error de táctica y estrategia estadounidense sirvió para variarlo todo en el marco del “nuevo orden mundial”. En la década de los 90 cobrará una nueva importancia el papel de los think tanks. Serán los primeros ejecutores de una nueva táctica de dominación que ya no tenía como objetivo estratégico la mera dominación política y económica, sino también la ideológica, como un seguro para mantener las dos primeras. El cambio no consistía solo en la sustitución de la preeminencia de unos tanques por otros, sino en el origen de partida de dichos tanques. Ya la base principal no estará en Washington, sino en Europa, y con especial sentido, en España.

El relativo naufragio de la politología anglosajona en Latinoamérica, unido a un factor-causa inveterado, el miedo al panamericanismo, propició el diseño de un proyecto de integración  continental latinoamericana inspirado en la Unión Europea, y por ella financiado. La forma de hacer frente a los procesos de soberanía popular de las sociedades latinoamericanas por parte de las potencias económicas atlánticas pasaba por un refuerzo de la “batalla de ideas”. En este sentido, por lógica cercanía histórica y cultural y su conexión idiomática, el “pensadódromo” politológico español adquiere una protagónica relevancia.

El crisol de thinks tanks europeos y propiamente latinoamericanos, pero financiados desde el otro lado del Atlántico es numeroso. Una red amplia pero sencilla en su diseño de corporaciones y fundaciones especializadas en la realidad latinoamericana se extiende desde el mundo periodístico al académico. Si la proyección de masas que ofrece una columna de opinión en la prensa cotidiana tiene un papel importante, no es menos el entramado previo que sirve de coartada científica. Se desarrollan elaboraciones politológicas e historiográficas, así como estudios de opinión que pretenden venderse como productos de escrupuloso rigor científico. Asociadas a diversos portales comunicativos públicamente abiertos, se divulgan de una forma masiva y bajo una apariencia de pluralidad una misma serie de elaboraciones teóricas.

Se ha generado una vasta bibliografía, fundamentalmente historiográfica, que es pieza clave para plantar una enorme pica necesaria a nivel pedagógico.

Bajo una perspectiva de análisis histórico centrada en el desarrollo de las instituciones políticas latinoamericanas se vehicula un posicionamiento político, en ocasiones sutil, en ocasiones abiertamente militante. Los partidos políticos y los sistemas de partidos, las formas institucionales de cada país, el papel del Congreso, de los militares, las reformas constitucionales o el funcionamiento de los poderes del Estado y los procedimientos electorales son los campos de estudio principales en los últimos años. Se ha generado una vasta bibliografía, fundamentalmente historiográfica, que es pieza clave para plantar una enorme pica necesaria a nivel pedagógico. Todo el peso de estos gruesos volúmenes historiográficos, entre los que destacan los firmados por los profesores españoles Carlos Malamud y Manuel Alcántara, sostiene ya la expansión de una muy determinada perspectiva de análisis en el mundo universitario, convertida en axioma docente y en exigencia no solo de aprendizaje.

Convertir a las instituciones en motor del cambio histórico es casi una boutade que a muchos espanta, pero con todo, es el enfoque impuesto por la élite universitaria. Sin embargo, el campo de análisis no se reduce a la quietud de un decorado, sino que ofrece y exige la necesidad de observar los elementos consecuentes de ese entorno. Y en este sentido, un tema destaca en la atención que se le presta: la calidad de la democracia latinoamericana. Es en este punto donde se encuentra la trampa que permite a las academias del Atlántico norte salir del callejón sin salida que supone el mero estudio de las formas y dimensiones de las instituciones sociopolíticas. El imprevisto fenómeno “bolivariano” supuso un contratiempo que costosamente podría resolverse como antiguamente, por la fuerza masiva de los metales –aunque tampoco se descartó ni ha caído en desuso, el caso de Venezuela en 2002 o el más reciente golpe de Estado en Honduras en 2009 así lo confirman, y como en este último ejemplo, con el refrendo del éxito–. Al afrontar la medición de la calidad democrática se podía diferenciar la obra de las distintas instituciones nacionales. Si los procedimientos electorales en Venezuela resultaban tan impecables como los de Costa Rica, y el sistema de partidos de Bolivia ponía en evidencia el de México, ¿qué había entonces de malo en esos países con respecto a su forma de gobierno? Las formas del sistema estaban implantadas, pero dentro de las mismas se había instalado una fuerza subversora del propio sistema. Un viejo concepto se rescataba como solución teórica para explicar los fallos de la democracia sobre sí misma: el populismo.



Como vemos, los profesores universitarios tenían trabajo fino por hacer. Primero, armar una base teórica científico-social consecuente. Segundo, divulgar y generar sensaciones de unánime aceptación sobre dichas teorías. Y la aplicación ha sido bien orquestada. Por un lado una proyección de amplio espectro a través de los medios de prensa. Por otra parte, una divulgación educativa de carácter universitario. Y por último, una red intermedia de portales especializados que sirven como testigos de cargo para sostener lo expuesto por columnas periodísticas, iniciativas políticas o calificaciones académicas.

El patronazgo de los grandes bancos españoles se encuentra también detrás de los principales think tanks para América Latina. El principal de estos “tanques de pensamiento”, el Real Instituto Elcano, está sostenido por distintos Ministerios del Gobierno de España y por la plana mayor del empresariado español.

La prensa diaria de distintas nacionalidades pero de alcance internacional, gracias al salto de fronteras que facilita internet, va desde las portadas de los grandes grupos de la comunicación española –con El País y El Mundo a la cabeza, y sus respetadas firmas latinoamericanistas, del nobel peruano Vargas Llosa al omnipresente académico español Carlos Malamud– a algunos de los principales periódicos nacionales latinoamericanos, concentrados en la internacional latina de la prensa conservadora: GDA – Grupo de Diarios de América, que reúne bajo el sugerente lema “Once periódicos. Once países. Una sola fuente” a La Nación (Argentina), O Globo (Brasil), El Mercurio (Chile), El Tiempo (Colombia), La Nación (Costa Rica), El Comercio (Ecuador), El Universal (México), El Comercio (Perú), El Nuevo Día (Puerto Rico), El País (Uruguay) y El Nacional (Venezuela).

En el año 2000, el Banco Santander crea Universia, una fundación que reúne en 2014 a casi 1300 universidades de España, Estados Unidos y toda Latinoamérica, con el fin de constituirse como la más grande red universitaria de Iberoamérica, y el objetivo motor de fomentar el desarrollo empresarial en dicho ámbito. El patronazgo de los grandes bancos españoles se encuentra también detrás de los principales think tanks para América Latina. El principal de estos “tanques de pensamiento”, el Real Instituto Elcano, está sostenido por distintos Ministerios del Gobierno de España y por la plana mayor del empresariado español, del Banco Santander al BBVA, pasando por OHL, INDITEX o IBERDROLA, por mencionar solo algunos nombres conocidos. El Real Instituto Elcano promueve en el año 2010 la creación de RIBEI – Red Iberoamericana de Estudios Internacionales, que expresamente “conecta a un grupo de think tanks o centros de estudios especializados en relaciones internacionales con una especial atención hacia la realidad latinoamericana”. Entre la nómina de Investigadores Principales del Real Instituo Elcano, nombres como el de Javier Noya, el economista Federico Steinberg o, por supuesto, Carlos Malamud. No son nombres desconocidos. No podían serlo, a fin de cuentas, se reiteran junto con otros destacados en el “plural” panorama de portales de noticias y estudios latinoamericanos.

La prensa ha sido vehículo histórico y paradigmático de este tipo de confrontación, en este sentido nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, nunca antes el mundo académico había tenido un papel más importante. Los think tanks han dejado de ser entes apenas reconocidos al servicio de unos u otros lobbies; hoy han adoptado un papel plenamente visible e integrado en las estrategias políticas.

Infolatam, portal de información y análisis bajo la financiación de Repsol, Banco Santander y Movistar, está dirigido por Consuelo Álvarez de Toledo, periodista española vinculada al PSOE; otro miembro de la dirección de Infolatam es precisamente Federico Ysart –marido de Consuelo Álvarez–, también periodista, que en su momento ocupó diversos cargos dentro de UCD y del gabinete de Adolfo Suárez, así como en la dirección de los servicios de comunicación del Banco Santander. Es Infolatam uno de los lugares en Internet de mayor confluencia para todas las firmas del establishment científico-social iberoamericano; en él los investigadores del Real Instituto Elcano encuentran privilegiado acomodo, especialmente Carlos Malamud, con una sección propia y destacada.

Nueva Mayoría, portal de análisis radicado en Argentina pero de proyección internacional, está dirigido por Rosendo Franga, quien fuera asesor de Roberto Viola durante la dictadura argentina y hoy consultor, a través de la Fundación Mediterránea, de la Asociación de Bancos Argentina. En Nueva Mayoría también se pueden consultar los análisis de diversos colaboradores del Real Instituto Elcano, como Joaquín Roy o Carlos Sabino, por mencionar a dos no citados; o de la familia Infolatam, como Julio Burdman y Daniel Zovatto. Sus enfoques, como cabe esperar, están cortados por un mismo patrón: el de la perspectiva histórica institucional y los análisis de relación entre el desarrollo democrático formal y la calidad del producto emanado de dichas instituciones en términos de validez y calidad democrática.

Nueva Mayoría como Infolatam se asemejan en su línea editorial. Mención aparte merece CADAL – Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina, fundación argentina que propone una línea más conservadora y activamente militante. CADAL ha extendido una amplia parrilla de organismos bajo su dirección: Análisis Latino, Puente Democrático, Foros Latinos o la Fundación Vaclav Havel. Temáticamente, CADAL ha centrado la mayor parte de sus esfuerzos en un análisis de oposición militante contra Cuba, una de sus colaboradoras principales es la mediática Yoani Sánchez.

El control del destino latinoamericano ya no se rige al compás exclusivo de la injerencia militar. La desestabilización se practica a través del plano ideológico, y la Unión Europea, a través de su base española, le toma posiciones a los Estados Unidos.

Sin embargo, el abanico mediático quedaría malamente suspendido si no tuviera de fondo otro tipo de elaboraciones analíticas. Los sondeos de opinión y los informes de medición sobre variados aspectos de la vida sociopolítica latinoamericana son el campo de trabajo de think tanks con una naturaleza menos mediática. Desde 1995 la chilena Corporación Latinobarómetro, dirigida por Marta Lagos, elabora anualmente unos informes basados en sondeos de opinión sobre diversos temas sociopolíticos. En los primeros años el espectro alcanzó a unos pocos países; hoy día lo hace sobre todo el continente, a excepción de Cuba. Los informes del Latinobarómetro se han convertido en una respetada fuente de información sobre el estado de la opinión pública latinoamericana. Sus averiguaciones se presentan con la intención de favorecer una integración continental inspirada en el modelo europeo; no casualmente desde sus inicios la Corporación se ha visto apoyada por los fondos de la Unión Europea, así como por los del Banco Mundial o del Gobierno de los Estados Unidos.

Pero no solo Latinobarómetro se ocupa de informes de sesgo cientificista, la Fundación Konrad Adenauer elabora el conocido como IDD-Lat, informe que propone un índice de medición de desarrollo democrático. En ambos es habitual la exposición de enigmáticas contradicciones entre lo que parecen sugerir los resultados de sus estudios y la realidad de los hechos o la confrontación con conclusiones ajenas, algunas sí de incuestionable y objetiva certeza, como los índices de desarrollo humano contenidos en los informes del PNUD – Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo o el Panorama Social de la CEPAL – Comisión Económica para América Latina, también dependiente de la ONU.

De esta manera, en los análisis del Latinobarómetro de los últimos años se desprende una manifiesta animadversión hacia gobiernos como el de Venezuela y Ecuador, sobre quienes se pone en duda la legitimidad de sus instituciones, a pesar de los resultados contradictorios con esta idea que reflejan los propios resultados de sus encuestas entre la población de dichos países. La lógica subjetividad de quien analiza tiende a veces a nublar la vista. En el informe del año 2011 se afirma que el golpe de Estado que tiene lugar en Honduras en junio de 2009 es el primero en la región en 31 años. No cabe sino cierta sorpresa ante afirmación tal, que parece olvidar los sucesivos pronunciamientos en Haití en los primeros años 90, o el más reciente –y fracasado– golpe del 11 de abril de 2002 en Venezuela, que mantuvo apartado del poder dos días al entonces presidente Hugo Chávez.

El informe que anualmente elabora la Fundación Konrad Adenauer sobre desarrollo democrático en América Latina situaba a Venezuela en el año 2013 en el último puesto de su clasificación, a pesar de recoger en sus propias líneas que además de la reducción drástica de los índices de pobreza que indicaba CEPAL, Venezuela reducía la brecha entre ricos y pobres en un 32% y que poseía “la distribución del ingreso más justa de América latina, de acuerdo con el índice de coeficiente Gini”, conclusiones textualmente contenidas en el informe de dicha fundación.

El control del destino latinoamericano ya no se rige al compás exclusivo de la injerencia militar. La desestabilización se practica a través del plano ideológico, y la Unión Europea, a través de su base española, le toma posiciones a los Estados Unidos. La prensa ha sido vehículo histórico y paradigmático de este tipo de confrontación, en este sentido nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, nunca antes el mundo académico había tenido un papel más importante. Los think tanks han dejado de ser entes apenas reconocidos al servicio de unos u otros lobbies; hoy han adoptado un papel plenamente visible e integrado en las estrategias políticas, complementario y transversal a la prensa y a los sistemas educativos. Sus intelectuales son a todas luces intelectuales orgánicos, mal que les pese reconocerlo. Y es necesario poner de manifiesto la farsa que domina hoy el mundo académico, devolviendo a las universidades a su estatus más elitista e implantando una verdadera dictadura ideológica en sus contenidos. Es necesario denunciar la farsa que supone todo discurso sobre la independencia y la pluralidad del academicismo científico-social. Los intelectuales –economistas, historiadores, politólogos, etc.– encargados de desarrollar esta campaña ideológica de amplio espectro están financiados por los grandes grupos monopolistas de Europa y Estados Unidos. El ejemplo del Banco Santander, promotor de Universia y del Real Instituto Elcano, es paradigmático. Tras la muerte de Emilio Botín, Federico Ysart publicó un emocionado adiós en su columna de Infolatam. Es el poder de los monopolios lo que mueve los estudios politológicos e historiográficos dominantes a un lado y otro del Atlántico norte.

Son numerosos y raudos los tanques que dejan hoy sus huellas sobre América Latina, ya no solo el “patio trasero” de Estados Unidos, también un resort para la Unión Europea, con una suite tranquila provista de una crepuscular balconada española.

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