Folk Singers: los reporteros de las seis cuerdas

Imagen: Álvaro Trabanco para Drugstore Magazine.

El 28 de enero de 1948 se estrelló en el cañón californiano de Los Gatos un avión que devolvía a México a un grupo de trabajadores agrícolas inmigrantes en situación irregular en los Estados Unidos. Los medios de comunicación solamente anunciaron en las noticias sobre el suceso los nombres de los cuatro miembros de la tripulación y se refirieron al resto de las víctimas mexicanas como “deportados”, sin especificar su identidad. Woody Guthrie escribió un poema sobre el accidente, que posteriormente fue musicado, y que lleva los títulos alternativos de Deportees y Plane Wreck at Los Gatos. En él, describe con un tono trágico y lírico el desastre («los cuerpos desparramados como hojas secas») y devuelve la dignidad a los muertos anónimos dotándoles de identidades ficticias: «Goodbye to my Juan, goodbye, Rosalita / Adiós mis amigos, Jesús y María / You won’t have your names when you ride the big airplane / All they will call you will be “deportees”». Los últimos versos del estribillo son una denuncia demoledora, «no tendréis vuestros nombres cuando subáis al gran avión y solamente os llamarán deportados». Guthrie construye un ejercicio de protesta sobre una noticia cotidiana, sobre un hecho coyuntural del que hace aflorar un problema más profundo, la discriminación que sufrían los trabajadores inmigrantes procedentes del sur en la sociedad estadounidense de la época. Woody Guthrie hace periodismo crítico con sus versos.

Las canciones del folk norteamericano siempre cuentan historias. Historias de asesinos, de pistoleros, de convictos, de trabajadores explotados, de catástrofes naturales, de barcos siniestrados, de escándalos políticos, de batallas y otros hechos históricos, de mineros en huelga… Al igual que el artículo periodístico, los cantantes folk parecían tener siempre una buena historia que contar que daba forma a una canción, bien heredada, bien propia. Porque gran parte del éxito de las canciones parte precisamente de un buen relato, transmitido oralmente con acompañamiento musical. Temas clásicos estándar como Tom Dooley, que llevó The Kingston Trío a las listas de éxitos en 1958, son buen ejemplo de este storytelling: la crónica del asesinato de una tal Laura Foster a manos de un veterano del ejército confederado en 1866.

Un país tan joven como los Estados Unidos de América empezó a tomar conciencia de su identidad como nación a principios del siglo XX. Figuras como el musicólogo John Lomax, y posteriormente su hijo Alan, realizaron un esfuerzo titánico por sacar a la luz la música popular americana. Sus primeras recopilaciones, American Ballads and Folk Songs (1934) y Cowboy Songs and Other Frontier Ballads (1937) lograron despertar el interés de la sociedad por la herencia cultural del pasado. Igualmente, los Lomax descubrieron en la prisión de Luisiana a un convicto negro del que recopilaron un importante acervo del folklore de la población afroamericana. El preso en cuestión era Huddie Ledbetter, que bajo el seudónimo de Leadbelly llegaría a convertirse en una de las figuras más emblemáticas de la música tradicional. Después de este contacto publicarían en 1936 Negro Folk Songs as Sung by Leadbelly.

El trabajo de Lomax, no obstante, recibió las críticas desde el sector más aburguesado del folk norteamericano (los que abogaban por la «domesticación de la tradición»), que consideraba que su visión reflejaba el folklore nacional como exclusivamente música de «negratas convictos y mendigos blancos» («niggah convicts and white bums») y defendía las formas más dóciles, correctas y convencionales de los Apalaches, herederas de las tradiciones escocesas e irlandesas.

Dejando de lado la batalla formal entre los puristas de la tradición y la corriente más comercial, la música folk abría un frente político a principios del siglo XX como vehículo de protesta social. Los cantos sindicales de los mineros en huelga de Kentucky y West Virginia y del sindicato Industrial Workers of the World (IWW) inspiraron a toda la izquierda folkie de los años 30. Son figuras combativas como Aunt Molly Jackson, cuya canción I am a Union Woman (Yo soy una mujer del sindicato) fue reconvertida por Pete Seeger en la famosa We Shall Overcome

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