De borrachos, mentirosos y cínicos

Imagen: Álvaro Trabanco para Drugstore Magazine.

—Si no me equivoco eso que usted está proponiendo, querido Géo,
es una vuelta a Francia.

Hay tanto que hacer en París cuando tienes 25 años. Más aún en aquel París de principios de siglo donde los cabarets nunca cerraban, donde la luz del sol es casi desconocida por entre las cuestas que comunican el Pigalle con Montmartre. Cada noche una fiesta, cada mañana una aventura. Y aquel día no iba a ser una excepción.

Géo Lefèvre es joven, impetuoso, y ayer se dejó llevar por los vapores de la madrugada. Así que ese 20 de noviembre de 1902 se siente lento, torpe, quizá aún ligeramente achispado. No debería, porque asiste a una importante reunión de trabajo en la sede central de L’Auto-Vélo, pero… ¿quién podría culparle por ello? Hay tantas copas, tantas bailarinas, tantos poetas.

El despacho está situado, paradójicamente, en el número 10 de Faubourg-Montmartre. Allí, alrededor de una enorme mesa, se sientan tres personas. Henri Desgrange y George Prade miran, curiosos, a su joven compañero. «¿Y bien? —repite la pregunta el severo Desgrange—, ¿se le ocurre algo digno de tener en cuenta?». Y Géo, el pobre Géo, el atribulado Géo, farfulla. No tiene muy claro qué debe decir. Así que escupe una idea que le mordisquea los sueños desde hace tiempo. «Podríamos organizar una carrera que uniese París con Lyon, y después Lyon con Marsella, y después Marsella con Montpellier, y así hasta volver a París». Los otros le miran con expresión que Lefèvre no sabe si es de burla o de ira. Unos segundos después al rostro de Desgrange asoma una sonrisa. El Tour de Francia acaba de nacer.

Este es el relato oficial que hace la propia carrera de su génesis. Hay otro, ligeramente modificado, en el cual Desgrange y Lefèvre están desayunando en una brasserie llamada Le Zimmer, junto al Teatro Châtelet. Las fechas coinciden con nuestra primera muesca de realidad. Y la conversación, más o menos, también. Solo que aquí Géo no está aún borracho. Escojan ustedes el que deseen, porque la certeza es, únicamente, la construcción artificial que hacemos a partir de todas las mentiras que nuestros sentidos nos van mostrando.

De una u otra forma el Tour de Francia se está gestando en el seno de un periódico. Uno que tendrá que cambiar su nombre en poco tiempo, por cierto. Porque L’Auto-Vélo se va a quedar en L’Auto cuando prospere la demanda del diario Le Vélo. Será su última victoria frente al gigante que está creando Desgrange.

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Revista Drugstore #1

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