‘Noche en la tierra’: lo auténtico no tiene precio

Noche en la Tierra (1991).

La de noches en la tierra que te has pasado contemplando la luna, imaginando si se vería igual en cualquier otra parte del mundo y si habría alguien como tú, mirándola en ese mismo momento; preguntándote qué tipo de vida llevaría esa persona y si la cambiaría por la tuya, en una partida de cartas. En Noche en la tierra (1991), el autor de la película, Jim Jarmusch, sustituye esa luna observadora y tolerante por cinco relojes también presentes y redondos. Ellos son el punto de partida de cinco historias que suceden en una misma noche, en cinco ciudades diferentes, con un escenario común: el interior de un taxi. Los Ángeles, Nueva York, París, Roma y Helsinki, las protagonistas.

Estas cinco ciudades, son presentadas desde esa perspectiva decadente y mundana, a la que nos tiene acostumbrado el director, un ejemplo claro de esto, lo puedes ver en su opera prima Permanent vacation (1980). Jarmusch, a diferencia de directores como Woody Allen, en películas como Manhattan (1979) o Match Point (2005), no filma las ciudades mostrando sus rincones más turísticos, con vistas panorámicas y puestas de sol embriagadoras. Por lo contrario, filma la parte más estéril, gris, aburrida de estas icónicas ciudades, creando una atmósfera monótona y deprimente. Todo ello, con la ayuda de Tom Waits, autor de la banda sonora de la película y actor usual en el universo del cineasta.

Es una película sencilla, fácil de digerir y que apetece ver más de una vez. Sería un buen capítulo piloto para una serie. En el tramo que hay entre el final de una historia y el inicio de otra te entran ganas de acompañar a esos cinco taxistas de vuelta a sus casas, ver cómo son, qué ocurre dentro de ellas y si te aceptarían durante un par de días, como invitado.

Los personajes son el punto fuerte y los verdaderos protagonistas del film, de hecho, Jarmusch escribió el guión pensando en los actores que quería que apareciesen en la película. Como, por ejemplo, la taxista Winona Ryder, que quiere llegar a ser mecánica, o un extravagante Roberto Beningni que cuenta historias picantes a un obispo. En general, en el cine de Jarmusch, así como en este film, salen personajes encantadoramente imperfectos, frágiles, atípicos, con sus dudas, idas y venidas, como dueños de zapatos de números distintos, intentando caminar hacia un destino que desconocen. Sus personajes fieles a sí mismos, de pocos convencionalismos, se muestran erráticos, desencantados de una vida sin guías ni mentores, que saben llevar con humor negro, ironía y bromas tontas.

A lo largo de la película, se contrastan y complementan las distintas formas de pensar y de vivir que tienen los protagonistas remarcando sus diferencias de edad, estatus social, procedencia, educación, y diferentes grados de locura y extravagancia.

¿Verdad que hay más locos fuera que dentro? Los taxistas te dirán que sí, para ellos es común ver cómo, de repente, el asiento trasero de su coche se transforma en un diván repleto de monedas sueltas, pendientes sin pareja y algún que otro condón. Porque, aparte de encontrar objetos perdidos detrás del coche, los taxistas se nutren y están hechos de vidas de clientes, con una necesidad improvisada pero real, de contar su mini relato. Esta vez, no se diferencia muy bien quién es el psicólogo en cada historia, cosa que, bajo la normalidad y la crudeza del cine de Jarmusch, le da un toque diferente.

¿Quieres conocerlos un poco más? Lee a continuación, que te los presento…

Plan de vida en Los Angeles 

con Winona Ryder & Gena Rowlands

La película empieza, desde mi punto de vista, con la mejor de las historias. La protagoniza, una jovencísima taxista, Winona, que acompaña a una ejecutiva de Hollywood, Rowlands, a su casa y con la que mantiene una conversación nada distendida, después de un duro día de trabajo. El final del viaje acaba con una oferta que pocos rechazarían, propuesta por Rowlands hacia Winona, pero lo que no sabe Gena es que la sorprendida sería ella misma ante la respuesta de Winona. Si alguien quiere ver una declaración de ideas en mayúscula, Winona es la reina.

Nueva York conducida por un payaso

con Giancarlo Esposito, Armin Mueller-Stahl & Rosie Pérez.

La segunda historia es una agridulce, en la que el viajero, un neoyorquino de Brooklyn, Giancarlo, acaba relevando al taxista Armin Mueller-Stahl; un payaso de profesión, recién llegado de Checoslovaquia al que no se le da muy bien conducir, pero sí adaptarse a nuevas culturas. El trayecto lo completa la cuñada de Giancarlo, obligada a subir al taxi por éste, al verla sola por la calle, protagonizando ambos una disputa, cosa que anima al payaso de Mueller a tocar una canción improvisada, para calmar el ambiente.

Gusto, tacto, olfato, oído y París

con Isaach De Bankolé & Béatrice Dalle

La tercera historia es dónde queda marcada, por un lado, la singularidad de los personajes de Jarmusch, con Béatrice, una ciega con un par de ovarios, huyendo de la imagen de pobrecita. Y, por otro lado, las diferencias de estatus social y cultural con De Bankolé, un taxista emigrante con mucha curiosidad por conocer más sobre la vida de una invidente y malhumorado, por causa de sus últimos clientes, unos ejecutivos borrachos que, como muchos, no saben dónde está la delgada línea roja de la educación y la intimidad.

Una noche volcánica en la Santa Roma

Con Roberto Benigni & Paolo Bonacelli

El cuarto relato, el más caliente y humorístico de todos, empieza con el plano de una pareja encima de una vespa haciendo el amor. El magnífico e hilarante taxista Benigni, lleva en su coche al obispo Bonacelli, que acatarrado, medio moribundo y acalorado, escucha las historias de los inicios sexuales de Roberto, con unas calabazas de campo. ¿Te imaginas cómo puede acabar Bonacelli, con la narración de esta historia, mas todos los detalles de las infidelidades de la vida adulta de Roberto? Seguro que no.

Helsinki con 4 copas de más

Con Matti Pellonpää & Kari Väänänen, Sakari Kuosmanen, y Tomi Salmela

Desde mi punto de vista, es la más floja. Como taxista Matti Pellonpää, el que recoge a dos hombres que llevan en volandas a un tercero, al que no le importa la fría noche de Helsinki ya que no siente ni padece. Este, borracho balbucea cosas, que más tarde traducirán sus amigos como las peores cosas que le puede pasar a una persona, en un solo día. El taxista los mira como una panda de ingenuos, para contarles más tarde y durante todo el trayecto, que el dolor tiene más de una cara.

Sin duda, una de las cosas más hipnotizadoras del cine de Jim Jarmusch es su forma de narrar una historia donde, aparentemente, no ocurre nada. Lo sencillo, contemplativo y reflexivo de su cine te sumerge en una atmósfera cómoda y libre en la que, aunque creas que falte estructura o alguna pieza del puzzle, no sientes la necesidad de pedir ninguna explicación.

¿También te gusta crear? Te dejo unas palabras del maestro, por si te sirve de motor.

«Nada es original. Roba de cualquier lado que resuene con inspiración o que impulse tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, masas de agua, luces y sombras. Selecciona sólo cosas para robar que hablen directamente a tu alma. Si haces esto, tu trabajo (y robo) será auténtico. La autenticidad es incalculable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tu robo, celébralo si tienes ganas. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jean-Luc Godard: “No es de donde sacas las cosas, es en donde las pones”». —Jim Jarmusch, The Golden Rules of Filming.

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