‘La mujer de Fearon. La nueva Salomé’: teatro, música y danza en torno a las relaciones humanas

Como si una parte de ella anhelase algún tipo de redención por la cultura, Salomé, tan atrayente e hipnótica para literatos como lo fue para Herodes, ha conseguido que cada nuevo relato de su iniquidad enriqueciese su psique con nuevas y complejas tormentas interiores, dotando de tridimensionalidad a quien, en origen, fue, simplemente, una mujer perversa, una de tantas que recorren las páginas del Antiguo Testamento.

La Salomé de la tradición judía buscó la desgracia de Juan el Bautista por pura maldad. La revisión de Oscar Wilde, a la que esta obra homenajea, atribuyó parte de su perfidia a la obsesión erótica, incluso, amorosa. En La mujer de Fearon. La nueva Salomé, Manuela, y su bíblico alter ego son víctima y verdugo al mismo tiempo. Matan al amor y se matan a sí mismas. Destruyen la ilusión como forma de protegerse del mal mayor: el sentimiento de desprotección, la caída al vacío de quien necesita al ser amado.

Ante nuestros ojos de espectador Manuela/Salomé merece más lástima que reproche, en gran parte, quizás, porque es inevitable no sentirse identificado con sus traumas y su terror al amor y la soledad.

Toda una hazaña —la de llevar al personaje principal de la suficiencia a la vulnerabilidad, del despotismo a la docilidad anhelante—, de la que puede presumir Virginia de la Cruz, la actriz que seduce con la danza y la palabra, cautivadora y conmovedora en su viaje de emociones. Al otro lado de sus vaivenes, Ignacio Jiménez es el perfecto Luca, tierno, impulsivo, sin miedo a la vida, ni aparentes heridas de guerra.

María Bigeriego, directora de la obra, se aúpa en la Salomé de Wilde y El hombre que se enamoró de la luna, de Tom Spanbauer, para ofrecernos un desgarrador e intenso fresco de la naturaleza humana apoyado en tres dimensiones teatrales: interpretación, música y danza. Cada una de ellas utilizadas como manifestación de pasiones, motivaciones y temores de seres humanos imperfectos, paralizados en un mar de dudas. Acercándonos a la dualidad del condenado exploramos, inevitablemente, la nuestra; la de quienes demasiado a menudo ejercemos como jueces sin derecho a ello.

Como un péndulo que oscila entre realidad y construcción poética, entre amor y obsesión, entre anhelo y desprecio, La mujer de Fearon. La nueva Salomé, obliga al espectador a llevar el abanico de sensaciones a su realidad, preguntándose cuántas capas tiene su yo, con cuántas máscaras se protege del mundo; en definitiva, cuántas veces, en su vida, ha sido Salomé.

La mujer de Fearon. La nueva Salomé, teatro, música y danza en torno a las relaciones humanas, el amor y el miedo a la soledad, se puede ver en Nave 73 hasta el 28 de diciembre de 2017.

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