George Bernard Shaw, la grandeza de la ironía

George Bernard Shaw, 1905. Foto: LIFE Photo Archive.

Leí, de joven, Santa Juana y Pigmalión, en uno de aquellos tomos en papel biblia que se editaban entonces sobre los premios Nobel, y que estaban en casa de mis padres. Ya entonces me impresionaron ambas obras, y luego diré por qué. Más tarde, a lo largo de los años y a salto de mata, otras del mismo autor: Cándida, Major Bárbara, César y Cleopatra…Y las dos grandes películas sobre Pigmalion, la de los años treinta, dirigida por Anthony Asquith, y el precioso musical de George Cukor My Fair Lady, de los sesenta, con la adorable y adorada Audrey Hepburn haciendo de Elisa Doolitle. O sea que al final uno se encuentra con que los temas de George Bernard Shaw han estado más presentes de lo que parecía en su vida. Y, pasando revista, se ve que no han sido sólo puro entretenimiento, sino que han dejado un poso de reflexión que merecería la pena analizar, naturalmente releyendo para localizar el porqué de ese poso.

Empecemos por Santa Juana, posiblemente el más ambicioso y complejo texto de Shaw. Como acabo de decir, me había impresionado de joven, y lo ha hecho más todavía en su reciente relectura, medio siglo después. El drama es muy denso y, sin embargo, se lee con una gran fluidez, debido a la habilidad del autor en la construcción de los diálogos. ¡Cómo me hubiera gustado verlo representado en un escenario! No obstante, pensando más en los lectores que en los espectadores, el bastante largo relato teatral viene precedido de un quizá más largo prólogo, que es un verdadero e interesantísimo ensayo sobre la persona de Juana de Arco y el ambiente histórico en que se desarrollaron sus andanzas. Lo curioso de Bernard Shaw es que era un estupendo dramaturgo, brillante e ingenioso, con cuyas obras no creo que nadie se haya aburrido, bien leyéndolas, bien contemplándolas representadas. Al mismo tiempo, era un erudito que profundizaba en los temas históricos, y un pensador profundo e independiente, encuadrado en la Sociedad Fabiana, pero rebasando ampliamente desde un punto de vista intelectual lo que daba de sí esta organización socialdemócrata. Y tales vectores unidos daban una componente poco igualada en su tiempo.

En el caso de Santa Juana, sintió, como acabo de decir, la necesidad de situar al lector (más difícil al espectador) en el tiempo y las mentalidades en que ocurrían los hechos. Explica (la palabra es explicar) a los personajes que luego vamos a ver en el escenario, pero sobre todo explica, y lo hace muy bien, con un gran conocimiento de la historia y del pensamiento en aquel complicadísimo siglo XV, lo que representaba la figura de Juana de Arco, no, pobre criatura, en sus supuestas revelaciones divinas, sino como símbolo del alzarse de una religión basada en la relación personal con Dios frente a la ortodoxia y el dominio de la Iglesia organizada. Junto a esta dimensión, otra, no menos importante, es la de la consolidación del poder de la monarquía frente al feudalismo. En estas dos dimensiones críticas en el mencionado siglo XV sitúa Bernard Shaw el drama de Juana de Arco y, al hacerlo, racionaliza, que no justifica, la lógica de su condena. 

No son sus jueces malvados sádicos, sino jurisconsultos personalmente honestos que defienden un determinado orden. La aventura de la Doncella hay que entenderla en ese siglo XV en el que hacen crisis las dos dimensiones mencionadas y apunta, unas décadas antes de que ocurra, lo que será el protestantismo. Un protestantismo que no nace de la nada, ni del capricho del monje Martin Lutero, sino de más de un siglo de constantes iniciativas heréticas, entendiendo por tales el empeño de las almas de reencontrarse en una relación personal con Dios basada en el Evangelio y no en las normas fraguadas durante mil años por una estructura de poder eclesial. La pobre Juana de Arco se encuentra, sin comerlo ni beberlo, en su imaginaria relación directa con Dios, en el centro de estos problemas, que nunca hubiera llegado a entender. Y paga el precio que la miseria de sus jueces no sabe ahorrarle, mediatizados, en este caso sí, por la política temporal de la Inglaterra feudal, y no presionados a su favor, como hubiera podido ser, por una Francia que, en el fondo, se siente más cómoda sin la mirada, lúcida de tan ingenua, de la Doncella. 

No es Santa Juana la única obra de Shaw que va precedida, o seguida, de un jugoso ensayo, cuya lectura suele ser tan interesante como la del propio texto teatral. Era consciente de que el teatro, además de representado, está destinado a ser leído, y cuando se imprimían sus comedias se explayaba a gusto, con una libertad de espíritu que sorprende y regocija al lector, tanto en lo teatral, como en lo social o lo histórico. No le dolían prendas en situar los resultados del arte literario en los condicionantes del tiempo en que se había producido, algo que hoy puede parecer más o menos evidente, pero que no era así hace algo más de cien años. Y si esto afectaba a algunas obras del propio Shakespeare, lo decía claramente, sin que esto disminuyera su admiración por el bardo. Iconoclasta, sin duda, pero iconoclasta con sentido y razonando siempre con lógica y erudición sus argumentos. Sobre estas cosas y su idea del teatro conviene leer el extenso prefacio a la edición de su trilogía Comedias para puritanos (El discípulo del diablo, César y Cleopatra, y La conversión del capitán Brassbound). 

De estas Comedias para puritanos que, como se puede intuir, no son un elogio del puritanismo, un breve comentario sobre la primera, El discípulo del diablo, porque en ella se manifiestan dos constantes del teatro y del pensamiento del autor. En esta entretenidísima, y bien documentada, obra histórica sobre la revolución de independencia americana, ocurre, en primer lugar, que el personaje rechazado como réprobo por la sociedad es capaz de un acto de generosidad gratuita, en el que arriesga la vida, para pasmo de sus convecinos que le desprecian y temen. Y segundo, pero incluso más importante, que en esta arriesgada decisión no hay ninguna clave romántica. Es más, cuando la bella joven teóricamente beneficiaria de su sacrificio intenta leerlo como un gesto de amor, es rechazada, y lo es sinceramente, como una molestia, como alguien que no entiende de qué van las cosas. Como dice Bernard Shaw en el mencionado prefacio, cuando un bombero salva a un niño en un incendio, no tiene por qué estar enamorado de su madre. 

No puede dejar de ser mencionada en estas Comedias para puritanos, César y Cleopatra, de estirpe tan poco puritana. El Julio César que aquí se nos muestra, justo, culto, comprensivo, gran soldado, pero nada orgulloso de los males que esto trae, es el contrapunto de una Cleopatra tan encantadora como frívola, ambiciosa y cruel, pero que sabe lo que quiere y el precio, de su vida y de algo más, que pagará si no lo consigue. El César de esta obra es muy diferente del que nos ofreció Shakespeare, sin por ello ser contradictorio. De ambos esbozos puede conseguirse un buen retrato. Sobre la relación entre los dos personajes principales, lo que se atisba en César es más bien paterno-filial (lo que no excluye nada desde otros puntos de vista) mientras Cleopatra es una especie de Lolita, mucho antes de Nabokov. En cualquier caso, todo romanticismo está excluido. 

Y este rechazo del romanticismo fácil es tan presente que resulta obsesivo en la obra de este autor. Muy evidente en Arms and the man (traducida alguna vez al castellano como Héroes) en la que este romanticismo es dinamitado de forma bastante divertida, y, por supuesto, en Cándida, otra de las comedias más interesantes de Shaw, un relato de una gran sutileza en los caracteres, en la que crece por encima de todos el de la protagonista, la esposa del carismático líder reformista. Una mujer que es la única que entiende cuanto pasa a su alrededor en términos de personas reales, no de estereotipos, ni románticos, ni de compromiso social. Cuando Cándida decide quedarse con su prepotente y popular marido, no lo hace por un impulso amoroso (aunque el amor no deje de estar presente en alguna forma), sino porque paradójicamente es el más débil, el que más necesita de ella en las opciones que se le presentan. 

Pero si se quiere un antídoto contra el romanticismo, lo mejor es acudir a su obra más popular y conocida, Pigmalion. Un espectáculo tan ágil y divertido que a veces se pierde de vista la cantidad de temas que se mezclan ordenada y racionalmente en él, así como la variedad de interesantes personajes que pululan alrededor de los dos centrales, Elisa y el profesor Higgins. Dejando a un lado la edulcorada versión que era la bonita película de Cukor (My Fair Lady), en la que incluso el final era alterado en honor de los happy ends exigidos por Hollywood, lo más importante de la relación entre ellos es la exigencia de respeto por parte de Elisa, y la no existencia de esta palabra en el rico y profesional vocabulario de Higgins. No se puede simplificar la compleja personalidad de éste, ejemplo vivo de soberbia intelectual, pero para él la transformación de Elisa ha sido un experimento exitoso, un experimento muy agradable, sin duda, pero nada más. Mientras que para ella ha supuesto convertirse en otra persona, que ya no sabe a qué mundo pertenece. Toda una tesis sobre el desclasamiento. Por cierto, también Pigmalion incluye un largo texto epilogal para que el lector no se despiste respecto a lo que ha ocurrido en la escena y lo que puede ocurrir una vez bajado el telón.

Mucho más podría decirse de Bernard Shaw y de otras muchas de sus obras. Nada le fue ajeno, ni en los sentimientos humanos ni en los procesos históricos, ni en los males de la sociedad. Hoy su teatro es poco representado, en parte por el minimalismo cultural en que estamos sumergidos, en parte porque (aunque nadie lo reconozca ya que al fin y al cabo es algo parecido a un clásico) sigue siendo incómodo. Pero se le puede leer. Hagámoslo. 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies