El derbi de las selecciones sin Estado

Derbi Assyriska FF vs Syrianska FC.

Hoy en día casi todo el mundo conoce la importancia de un Real Madrid-Atleti o de un Boca-River argentino. Sin embargo, pocos conocen el derbi de Södertälje. Situada a 40 kilómetros de Estocolmo, la localidad sueca es conocida solo prácticamente gracias al magnate Scania, que tiene allí la sede de su empresa de camiones pesados y autobuses. Sin embargo, cada vez se habla más de su pasión por el fútbol. Uno puede pensar que en Suecia el seguimiento de este deporte no es precisamente mayoritario. Pero no es así en Södertälje, donde juegan dos equipos con más masa social que nivel futbolístico (ya que compiten entre la segunda y la tercera división sueca). La ciudad está dividida en dos aficiones, en dos mareas vestidas con los colores de sus equipos: el blanco para una de ellas, y a franjas rojas y amarillas para la otra. Los dos equipos de la ciudad son el Assyriska FF y el Syrianska FC, y lo que tienen de particular es que son los dos grandes equipos de la comunidad asiria (también llamada a menudo, sin demasiada distinción, aramea o siriaca) en todo el planeta.

Si uno piensa en el pueblo asirio lo que le viene a la cabeza es una cultura milenaria, arcaica, de Oriente Medio. Uno piensa en historietas y fábulas de Babilonia, en el Rey Escorpión y en el Imperio Persa. Pero pocos sabemos señalar en el mapa dónde vive, o al menos de dónde viene, esta comunidad. El pueblo asirio no tiene un Estado reconocido, sino que a lo largo de la historia, y sobre todo del siglo pasado, ha intentado instalarse en diferentes zonas, de las que progresivamente ha sido expulsado o perseguido. Primero en el Imperio Otomano, del que los asirios huyeron tras la Primera Guerra Mundial; después en Irak, donde fueron perseguidos y aniquilados, tanto en 1933, en lo que se llamó la masacre de Simele, como en los años 80, bajo el mandato de Saddam Hussein. El pueblo asirio abandonó su continente, el lugar donde habían vivido para emigrar, o más bien exiliarse, a diferentes países occidentales, entre ellos Suecia, que en los años 70 estaba necesitado de mano de obra y le abrió las puertas a estos nómadas forzados. El pueblo asirio no tiene una patria reconocida, sino que se halla desperdigado por aquellos lugares que decidieron acogerles. Su identidad como nación se desintegra cada día y poco queda ya en ellos (más allá de la religión, que no es una para todo el pueblo, y algunos mitos culturales) que les haga recordar de dónde vienen. Su disolución en las sociedades a las que emigraron es cada vez más obvia, menos en los 90 minutos que duran los partidos de sus equipos.



El Assyriska FF fue fundado en el año 1971 por la comunidad asiria que habitaba en Södertälje. En su primer partido como local los jugadores portaron un brazalete negro como “forma de recordar los 90 años del genocidio sufrido por los asirios”. Desde el primer momento quisieron dejar claro que su club era más que un equipo de fútbol, que lo que pretendían era aunar a toda una sociedad que se encontraba sin referentes identitarios. El Assyriska FF buscaba que toda la comunidad asiria desplazada por el mundo sintiese suyos los colores del club y poder aparcar en cierta manera la eterna huida de un pueblo sin Estado. Sin embargo, ni siquiera dentro de la disgregada comunidad asiria estaban todos a unas, sino que existían dos facciones enfrentadas por diferentes concepciones de la historia de su cultura y por el camino a seguir en su integración en tierras suecas. Por un lado estaban los ciudadanos que priorizaban el proceso de occidentalización, seguidores del Assyriska FF; y por otro lado se encontraban aquellos más reacios a perder sus tradiciones, denominados por ellos mismos como sirianos, que fundaron en 1977 su propio club, el Syrianska FC. Ambos equipos aspiraban a algo más que lo meramente deportivo; aspiraban a crear identidad de nación. Pero qué paradoja es esta de crear identidad de nación dentro de otra nación que no tiene ni el más mínimo vínculo con tu patria histórica. Así lo aseguraba Stefan Batan (jugador de origen asirio e internacional con la selección nacional de Suecia) en una entrevista para BeIn Sports: “No tenemos tierras, no tenemos ciudad, nadie en quien apoyarnos. Hemos prosperado en Suecia. […] Y sentimos que el fútbol forma parte de este éxito”.

Ambos clubes necesitaban llegar alto en un país que no era el suyo, y la población asiria estaba completamente volcada con ambos equipos. Tanto el Assyriska FF como el Syrianska FC se convirtieron en selecciones nacionales para sus pueblos (asirios y sirianos, respectivamente). “Somos el equipo nacional de los asirios. […] El Assyriska es parte importante de la identidad de nuestro pueblo. Asiria no existe, así que buscamos cosas que puedan unirnos”, en palabras de Sargon Demirdag, presidente del Assyriska FF. Pero también los sirianos pensaban lo mismo, como demostraban las palabras de Firki Halef, presidente del Syrianska FC: “Representamos a todos los sirianos, este equipo es nuestra selección. Los futbolistas saben que no solo juegan para la gente de Suecia, sino para el pueblo siriano de todo el mundo”. En el derbi de Södertälje se juega mucho más que un partido de fútbol. “Hay mucho más de política que de fútbol”, en palabras de un aficionado.

Lo que hay en el derbi de Södertälje es la historia de un pueblo, de una comunidad que a su vez está dividida en dos pero cuyas facciones conviven en paz en la fría tierra de Suecia. Ambos clubes deportivos comparten estadio, sin ir más lejos. Södertälje es la concentración de la historia de una civilización milenaria en una población con menos de 70.000 habitantes en plena Escandinavia. Es una ciudad que se toma prestada y en la que asirios y sirianos del mundo se ven identificados durante 90 minutos cada fin de semana, porque es posible que para la comunidad asiria (incluyendo también a los sirianos) la frontera más importante sea la del estadio de fútbol de Södertälje. Toda nación necesita de un relato, y tanto asirios como sirianos están construyendo un nuevo relato de su comunidad a través del fútbol en un país tan ajeno a ellos como puede ser Suecia.

¿Qué es del concepto de frontera cuando dos pueblos, dos naciones sin Estado, son capaces de integrarse en un tercer país para poder de esta manera mantener viva la llama de los históricamente suyos? La frontera cultural, sentimental, simbólica, puramente humana. El concepto de límite totalmente desdibujado. Solo hay que pensar en la metáfora visual que se forma en el terreno de juego cuando el Syrianska FC y el Assyriska FF juegan el uno contra el otro. Dos equipos que simbolizan e identifican a dos pueblos enfrentados por la concepción histórica de una nación cuyo Estado no existe, peleando deportivamente en un terreno que no les pertenece a ninguno de los dos, sino a Suecia, que parece desmarcarse del acontecimiento para ser solamente el anfitrión, o incluso el espectador. El derbi de Södertälje es la máxima expresión de identidad líquida en la posmodernidad, en la era de la globalización, donde el pueblo asirio está en Oriente Medio pero también en el campo de fútbol de una ciudad dormitorio cerca de Estocolmo.

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