La serie pionera de lo “made in Spain”

Pepe Sancho, en Crematorio (2011). Imagen: Canal+ España/Mod Producciones.

Una serie comienza cuando los títulos de crédito se ponen en marcha. Si bien es cierto que no todas las de cierto renombre poseen un inicio lo suficientemente logrado —basta recordar Breaking Bad (Vince Galligan, 2008), por ejemplo— son ya muchas las buenas series que presumen de ello. A fin de cuentas, son algo así como el eslogan perfecto. Incluso se han hecho parodias de algunas muy conocidas, como los chicos de Malviviendo (David Sainz, 2008) supieron hacer con brillantez en determinados capítulos.

Por España el tema de las series está a punto de estallarnos en la cara. Al fin. Es una alegría inmensa saber que tipos del calibre de Enrique Urbizu, Alberto Rodríguez Librero y otros se han puesto manos a la obra para crear con sus respectivos sellos de autor una familia de series de la que podamos sentirnos orgullosos muchos de nosotros. Ojalá haya unanimidad en algo en este país. O casi, eso sería un logro de dimensiones históricas similar a la consecución del mundial de fútbol de Sudáfrica, los hitos de Induráin o los innumerables éxitos de Rafa Nadal. Nimiedades de importancia capital…



He destacado dos nombres anteriormente, pero con la palabra “otros” quiero reconocer a dos autores que pusieron la primera piedra de las historias televisivas con estándares de calidad propias de productoras de países como los Estados Unidos o el Reino Unido. Me refiero a los hermanos Sánchez-Cabezudo, con Jorge tanto en la dirección como en la colaboración del guión y con Alberto a la cabeza de dicho guión. Supieron adaptar de un modo libre en el año 2011 —con la inestimable ayuda de la extinta Canal+, absorbida hoy por Movistar+— la novela homónima Crematorio, que en el año 2007 lanzara el difunto Rafael Chirbes. Éste admitía por aquel entonces que «las únicas semillas fértiles parece que las ha plantado el diablo» cuando se refería a sus miedos y a sus intenciones a la hora de escribir y que, al ser entrevistado por mor de su obra solía comentar: «hemos perdido la idea de participar como alfareros del mundo. Son otros los que lo están haciendo a su monstruosa medida, y nosotros lo vemos desde fuera, ni siquiera atónitos: más bien entre pasmados y asustados. Cualquier idea de razón, de justicia, de equilibrio, o valores como la fidelidad y la bondad, han sido sepultados en la práctica. Jamás había tenido una sensación tan grande de que vivimos en sombras, abandonados por los dioses, en un mundo ajeno. Debajo del paraíso contemporáneo, hay una escombrera y un lago de basura, o un cadáver cuyo hedor hay que tapar». Así de contundente era el genial y solitario Chirbes.

Así que ahora que tenemos el contexto explicado toscamente, vayamos al inicio del asunto. Suban el volumen y pongan por ahí una canción que cantaron a dúo José María Sanz Beltrán y Johnny Hallyday. O también pueden darle al play, que arranquen los créditos de una vez y conectar directamente con un inmenso Pepe Sancho alejado de aquello que algunos llaman ahora “El método”, que parió en algún lugar Stanislavski, puesto que aquel mamó directamente de la calle su talento. La más sabia de entre todas las putas y diablas sabias, la más longeva y la menos maquillada. La más decrépita y elegante, la menos postiza, la más impertérrita y las más efervescente de todas las princesas republicanas. Una de esas bandidas que por la noche sirve de cama a las sombras y por el día recoge el sudor de las mismas. La femenina, sensual y plebeya. La tierra nómada para el taxista, la rebanada de castigo del penitente, la tutora de la revolución, gatillo de muerte para la trucha, tampón de los chulos, la pendenciera, maquiavélica y de postín. La calle misma, la misma calle.

Paseando por el levante, desde el Mar Menor hasta el río Cenia, podemos observar los pedazos de tierra en los que se desarrolla la historia. Una amalgama bien labrada de corrupción, urbanismo, economía sumergida, mafia, política, familia, interés y excelentes actuaciones. Frases presuntuosas y sabias, actrices emergentes como Aura Garrido y tantas otras cosas de calidad que invito desde aquí a descubrir. El germen televisivo creado por los Sánchez-Cabezudo que están en este otoño del 2017 con La zona, de producción patria y de Movistar+ al igual que La peste del sevillano Alberto Rodríguez y la Gigantes del vasco Urbizu, que contará con José Coronado como actor principal. De un modo paralelo la cadena HBO prepara para nuestras pantallas Patria, la adaptación cinematográfica de la novela de Fernando Aramburu con la historia de ETA como trasfondo. A éstas se suma en estos meses también la comedia Vergüenza, creación de Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, con Javier Gutiérrez y Malena Alterio a la cabeza. Todos ellos productos de consumo interno y con ínfulas de ser exportable, porque han llegado para quedarse por aquí y expandirse más allá de nuestras fronteras. Que nadie lo dude o, como diría el bueno de Rubén, el personaje que interpreta Pepe Sancho en la pantalla: «la vida es muy fácil de entender: cuanto más se hace, menos queda por hacer».

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