Novedades de la semana: especial Che Guevara y más…

La mirada del Che | por Olivia Camp

Todo el mundo ha visto esa mirada. Alta, al infinito, cargada de una turbulenta intensidad. Es la mirada más famosa de nuestra época. La imagen más reproducida. Ernesto Guevara a los 31 años de edad, ya convertido en el Che, con su boina y su melena, con su misterio de “hombre nuevo”, ya leyenda. Pero, ¿qué estaba mirando el Che Guevara? Detrás de la fotografía más famosa de la Historia está, paradójicamente, lo que había delante de ella. Aquello que su protagonista estaba viendo, el contraplano oculto, la causa de aquella mirada arrebatada. ¿Qué era? Seguir leyendo

Armas cargadas de futuro: el Che Guevara y la poesía | por Rodrigo Amorós

El día que el Che Guevara partió de Cuba por última vez, dejó tres cartas: una para Fidel, otra para sus padres y otra para sus hijos. Fidel leería la carta de despedida que el Che le escribió seis meses después de recibirla, en octubre de 1965, ante los asistentes a la constitución inaugural del Comité Central del recién nominado Partido Comunista de Cuba. El máximo dirigente de la Revolución Cubana leyó las palabras del Che para acallar los rumores sobre su misteriosa desaparición pública. En la carta a sus hijos, el Che dejó escrito que debería leerse en caso de que él les faltara en el futuro. Sus padres leyeron en aquel momento la última partida de su hijo «pródigo y recalcitrante». Sin embargo, el Che no le dejó carta a su esposa, Aleida. A ella le dejó algo más íntimo, unas grabaciones en las que le recitaba sus poemas favoritos.

Posiblemente si Ernesto Guevara no se hubiera convertido en revolucionario profesional, hubiera sido médico, pero un médico con vocación de escritor que hubiera terminado por hacer carrera literaria… Seguir leyendo



Maternidad a medias y dos premios en casa | por Noelia Murillo

Películas sobre esa inagotable —e indescriptible— lacra social como es la prostitución hay muchas. Unas más románticas, otras más dramáticas y otras más sutiles. En este embrollo de personajes e historias de supervivencia y resistencia se encuentran más personas que personajes, que se trasladan entre situaciones que no merecen o no desean.

Con este conjunto de personajes, relatos y largometrajes que, de vez en cuando, acercan al espectador el drama social más longevo de la historia, los cineastas deben plantear nuevas formas de verlo, de manera directa y creativa, para que los espectadores se den cuenta de que están ante una gran película.

Ni  un presupuesto millonario ni un desmesurado metraje pueden competir ante un  encuadre perfecto y un cuidado escenario. Así se lo planteó la realizadora argentina Anahí Berneri… Seguir leyendo

‘Curb Your Enthusiasm’, la exploración cómica de la nada | por Juan Miguel Jiménez

A Larry David se le conoce especialmente por ser el co-creador de uno de los mayores fenómenos televisivos en la historia de Estados Unidos, Seinfeld. Junto al cómico de monólogos (stand-up) Jerry Seinfeld, tuvo la habilidad, allá por finales de los 80, de colocar a la NBC una sitcom “acerca de nada”, como la propia serie recrea cuando Seinfeld y George Costanza, el álter ego de David en la pequeña pantalla, acuden a vender su propia comedia. Antes de eso, el actor, productor, director y guionista de Brooklyn había formado parte del Saturday Night Live. Después, realizó, entre otros muchos proyectos, incursiones en el cine, situándose tanto detrás como delante de las cámaras. De la mano de Woody Allen, protagonizó en 2009 Si la cosa funciona (Whatever Works), donde interpreta a Boris Yellnikoff, un físico gruñón que llegó a aspirar al Nobel y al que una joven e ingenua Evan Rachel Wood le rompe los esquemas antes de convertirse en la críptica Dolores de Westworld. Pero si David ha dado que hablar en los últimos tiempos ha sido ante todo por Curb Your Enthusiasm, la serie de HBO… Seguir leyendo

Un disparo y dos ladridos | un relato de Rubén Díaz

Los autos aún tenían los cristales escarchados cuando Milt salió de casa. Lo más duro del invierno estaba por llegar. Si deslizaba la mano por los cristales convertía el agua granizada en líquido. Lo hizo, sin guante. Se dirigía al puente que unía la barriada Sylvanian con los  Polígonos Residenciales. El río separaba ambas zonas, las más lejanas a la desembocadura. Por el puente entre Sylvanian y los Polígonos condujo su padre cuando abandonaron la ciudad. Él tenía seis años y lo único que dejaban en la ciudad eran deudas. El mismo día de partir se abrió una brecha en la barbilla al caer por las escaleras del 14 de la calle 14 del Polígono Segundo, las escaleras de su casa, se tropezó con el trombón de su padre, que recibió su enésima abolladura… Seguir leyendo

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