The National: calidad y calidez en la melodía

The National.

En los momentos de cambio de estación parece que el mundo se detiene y que por fin se presta un mínimo de atención a aquello que revela una belleza que nunca se esconde, pero en la que generalmente no reparamos: la luz de la tarde que envuelve nuestras acciones, el calor de una mirada que no esperábamos o el camino de vuelta a casa cotidiano.

Aunque en ocasiones cueste encontrar un sentido para todo lo que hacemos, porque la incertidumbre de nuestras vidas nos conduce a un estado de alteración permanente (desde el aburrimiento a la excitación), y que contribuye a perpetuar una época en la que a nadie parece interesarle nada que no esté relacionado con su yo más allá de los cinco minutos que dura como lo más visto o lo más comentado en no se sabe qué parte de la realidad, trabajos como Sleep Well Beast de The National pueden ayudar a reorientar nuestra perspectiva, ya que son propicios para que nos repleguemos una vez más hacia nosotros mismos (pero no como una huida hacia adelante en esa falsa conciencia de la libertad individual que creemos poseer y que, dicho sea de paso, parece que cada día aceptamos más acríticamente, a pesar de las contradicciones que en tal idea residen), sino como una posibilidad de replantearnos nuestra posición en el mundo.



Si el presente parece dilatarse más a cada momento, haciendo del futuro un gas cuasi imposible de percibir, los latidos de esta realidad simulan querer bloquear una visión de la vida como un proceso, muy probablemente sin un significado dado, pero con múltiples por hacer. Como ejemplo podríamos poner a la propia banda de Cincinnati, en cuyos inicios sus directos apenas reunían a un puñado de amigas y amigos de la banda y algún que otro vanguardista musical. Incluso con unos comienzos tan dubitativos ante el público (aunque no para la crítica: como muestra está el primer álbum, homónimo, del 2001) no provocaron desánimos para sus integrantes, que con cada trabajo fueron afianzando su proyecto, cada vez más firme y estable. Para muestra se pueden escuchar Alligator del 2005, Boxer del 2007, High Violet del 2010 o Trouble Will Find Me del 2013.

La necesidad de trabajar cada nota y cada acorde para ir encontrando un camino propio parece contrastar con la inmediatez de la era digital en la que vivimos. Pero el hecho de que la banda haya tenido que ir ganándose un respeto a base de un, cada vez, más notable trabajo no impide que sus melodías no se vean afectadas por sonidos electrónicos, como ocurre a lo largo de gran parte de su último álbum. Se podría citar el comienzo de Nobody Else Will Be There o el final de Dark Side of the Gym; siempre sin renunciar a su particular propuesta musical, como se aprecia en Day I Die o en Carin at the Liquor Store.

Una banda de cinco integrantes que ha ido ganando seguidores y seguidoras en todos los rincones del planeta, se reparte en dos parejas de hermanos: Bryan Devendorf a la percusión y Scott Devendorf al bajo; Aaron y Bryce Dessner, que se reparten las guitarras y el piano; unidos a Matt Berninger, vocalista, que es capaz de susurrar o elevar la voz para contar, por ejemplo, los problemas que conlleva la paternidad o las angustias de la vida conyugal, cual personaje de Richard Yates.

La interioridad que evoca y describe cada canción de The National, quizás pueda posibilitar una mirada externa y distante a nuestra existencia que, a veces, parece sacada de un after demasiado cargado tras una rave trasnochada. Y, quizás, en la propia apertura de sentido en nuestra perspectiva sea ya en sí algo cargado de belleza.

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