Tres películas imprescindibles sobre la infancia

Cinema Paradiso, cuando todos los recuerdos duelen | por Ulises Argandona

Cinema Paradiso (1988), de Giuseppe Tornatore.

Hay quien dice que la mejor secuencia final de la Historia del cine es la de Cinema Paradiso. Es algo imposible de discernir. No se puede saber cuál es el mejor final jamás filmado, porque no lo hay. ¡Son tantos y tan necesariamente diversos! Dejémoslo en que el de la película de Giuseppe Tornatore se encuentra entre los mejores momentos previos a un Fine-TheEnd-Fin. Antes de continuar leyendo, si aún no ha visto este clásico moderno, véalo, y luego vuelva sobre estas líneas a ver si comparte algo de lo dicho en ellas. Véalo, también, porque no quiero chafarle el gusto de desvelarle la trama y el final de una película en la que uno debe sumergirse sin conocimiento del riesgo emocional al que está expuesto. Hecho el aviso, sigamos donde nos quedamos, en el final de Cinema Paradiso{Seguir leyendo}

Travelling sobre un sueño extraño y penetrante | por Luisen Segura

Totó, el héroe (1991), de Jaco Van Dormael.

Nadie ha llegado a comprender muy bien qué quiso decir Jean-Luc Godard cuando soltó aquello de que “el travelling es una cuestión moral”. Posiblemente ni él mismo supiera exactamente a qué se estaba refiriendo. Y sin embargo, después de aquella sentencia solemne pseudofilosófica de un tipo más erudito que talentoso, nada volvió a ser lo mismo a la hora de hacer cine. Algo cambio, algo se puso en movimiento, y nunca mejor dicho. Fue el propio cine, el arte, el que se ocupó de darle sentido a la frase de Godard. En 1991, un modesto film belga, la opera prima de un treintañero llamado Jaco Van Dormael, se sumó a las explicaciones prácticas del qué era eso de la moral de una cámara sobre ruedas. Y resultó que era una historia, en movimiento. La película se titulaba Toto le héros (Toto el héroe). Una vida contada en menos de hora y media. {Seguir leyendo}

“Porque sueño yo no lo estoy, porque sueño yo no estoy loco” | por Luisen Segura

Léolo (1992), de Jean-Claude Lauzon. 

El 10 de agosto de 1997 una avioneta Cessna 180 se estrella en una zona boscosa del norte de Quebec, Canadá. El día es soleado y el viento moderado, las condiciones son propicias para el vuelo. Sin embargo, la avioneta desciende de los 450 pies a 50, toca con unos árboles y se estrella, explotando e incendiándose inmediatamente después del impacto. Dentro van dos personas, el piloto, de 43 años, y una joven de 27. Eran pareja y venían de pasar un día de pesca. Caen en un valle poco habitado, el pueblo más cercano se llama Kuujjuaq y tiene apenas dos mil habitantes. A pesar de ello, no tardarán en encontrarles, porque en su viaje les seguía otra avioneta, la de dos amigos que han visto con dramática impotencia cómo ocurría el accidente. En pocas horas el suceso estará en todos los telediarios de Canadá, y en pocas horas más en gran número de medios de información de todo el mundo, porque los dos fallecidos son Marie-Soleil Tougas, actriz y presentadora de televisión canadiense, y Jean-Claude Lauzon, director de una de las películas más aclamadas de la historia del cine: Léolo. {Seguir leyendo}

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