Swingeroo Joe

Sólo yo soy capaz de tener una crisis existencial en un club de swingers. No, puede que no; puede que no sea ni el primero ni el último, que muchos primerizos estén ahí por culpa de crisis descomunales. Tu vida es una mierda, trabajas seis o siete o catorce días seguidos en un supermercado y tu jefe es un gilipollas. ¡Piip! ¿Va a querer bolsita? Tenemos el atún de oferta, ¿le interesa? Son 230 con 45, ¿lleva algún vale de descuento? Muchas gracias, hasta luego. Y te pasas las horas así, cobrándole a viejos amargados que por aburrimiento son capaces de reclamar cualquier cosa y de montar follones de la hostia. ¡Cómo que no está de oferta la cerveza! Es la segunda vez que me pasa, quiero una hoja de reclamaciones. Señora, sí que está de oferta, lo que pasa es que no se aplica directamente al precio, sino que se le da el importe en un ticket aparte. ¡Siempre es lo mismo, no entiendo nada! Señora, por favor, acuda a atención al cliente. ¿A atención al cliente, para perder una hora? Yo no puedo hacer nada, señora, si quiere que se la cambien tiene que ir ahí, muchas gracias y buenas tardes. Así que sales de currar lleno de mierda hasta las trancas, con tus niveles de misantropía al máximo, hasta los cojones de tener que sonreírle de manera cínica a gente a la que habría que escupirle o colgarla de cabeza, escuchando el ¡Piip! de la caja registradora en el fondo de tu inconsciente y recordando que la noche pasada soñaste que estabas detrás del mostrador, intentando evitar que dos ingleses con bigote te robaran. Es normal que quieras hacer cosas arriesgadas e irreverentes después de eso; que todos los fines de semana te bebas tu salario de mileurista que vive con sus padres en los bares, tomándote cuatro o cinco gin-tonic y que, cuando tu mejor amigo te diga que vayas con él, su novia, un colega y un par de amigas a un club de swingers, no te lo pienses dos veces. Llevas nueve meses sin follar, a fin de cuentas, estás hasta los cojones de ese desamor que no has superado, la resignación absoluta está a las puertas. Y entonces llega la noche anunciada. Estás relajado, cansado de las horas detrás de la caja. Cenas con el grupo hace poco establecido y procuras no tomar demasiada cerveza, porque el alcohol en estos casos puede ser contraproducente. No te parecen desagradables las chicas, tienen buen aspecto físico y se las ve espabiladas. Te gustaría poder conversar más con ellas pero el itinerario va muy ajustado de tiempo. Antes de lo que canta el gallo, las falsas parejas ya están establecidas para entrar al sitio. De buenas a primeras parece una discoteca normal, pero pronto acude una de las empleadas para hacer un tour y mostrar las grandes maravillas que la noche aguarda. Lo primero de todo es que no estáis obligadas a hacer nada que no os guste, este es un sitio de mente liberal y queremos que el ambiente sea el mejor posible. Tenemos varias salas. Ésta zona de aquí es la de los baños y el jacuzzi, sólo se puede entrar con pareja. Las mujeres pueden entrar a cualquier recinto solas. Como veréis, hay varias camas. Cuando un cuarto tiene una cortina, quiere decir que cualquiera puede entrar a ver o a unirse, en cambio, si veis una cadena como ésta puesta en la entrada, quiere decir que está prohibido el paso. Evidentemente, si el cuarto no tiene la cadena puesta, podéis entrar. Por último, está la sala de torturas. Notaréis que se puede ver a través de la puerta, pero si está cerrada no se puede entrar. Ya sabéis que os corresponden tres copas por pareja o seis cervezas o copas de cava. Espero que pasen una buena noche. Ah y antes de que se me olvide, está terminantemente prohibido tomar fotos o grabar vídeos y no se puede entrar a las zonas de pareja con vasos de vidrio, tenéis que pedir en la barra que os pongan la bebida en vaso de plástico. Ya está hecho. Te tomas el primer gin-tonic y ya estás en pelotas en el jacuzzi. El colega de tu amigo no tarda en atacar y comienza a meterle mano a la que es tu falsa pareja. Pronto notas cómo comienza a penetrarla mientras estás absorto en las burbujas relajantes que destensan tus músculos cansados. Te diviertes un rato con tu amigo al comentar el gustito que dan las burbujas en la zona del bajo vientre y el grupo se dispone a moverse de sitio, no sin antes pasar por la sauna. Otro gin-tonic, ahora en toalla, esto se aproxima un poco al paraíso terreno. Pero el grupo quiere acción y se dirige a uno de los cuartos privados. No has podido ni quitarte la toalla y ya están todos en la cama, metiéndose mano. No has podido ni ver a los ojos a ninguna de las chicas y una ya tiene encima al colega de tu amigo. Se ríen, gimen, derraman una de las copas y tú sigues ahí. No sabes qué hacer, así que te quedas observando. Consuman el acto colectivo y acompañas al colega de tu amigo a que se fume un piti. No debería de haberme corrido, pero es que está muy buena tío y cuando me dejó que le diera por detrás me puse muy cachondo. Ahora necesitaré una media hora para continuar. Menos mal que dije que hoy sólo quería sentarme a observar. La noche no ha terminado. Tu colega y su novia tienen una crisis de pareja por culpa de un cunilingus. Después de varios rodeos el grupo vuelve a la carga. Esta vez quieres ser un poco más activo. Tocas un poco, besas. Acabas masturbando a la que era tu falsa pareja pero es un acto insulso, automático, no te sabe a nada. El pájaro no se levanta. Piensas en ella, la que te dejó, pero no quieres adjudicarle toda la culpa. El momento más ridículo llega cuando decides besar apasionadamente a tu mejor amigo y te das cuenta de que besa mejor que su novia y que las otras chicas. A lo mejor él hubiera sido capaz de ponértela dura, quién sabe. Se acaba el juego. Regresan al jacuzzi. Estás abstraído. Esa soledad insondable ha vuelto. No, esto no es lo tuyo. Necesitas algo de intimidad para follar. No en el sentido de que te vean o no, eso te la suda, de hecho te sientes bastante cómodo, siempre fuiste un poco voyeur. Pero te gusta que te seduzcan, que haya comunicación, pasión. ¡Si alguna vez te empalmaste sólo con un beso! Qué asco de vida, ahora ya no te puedes quejar de que no follas porque está claro que es porque no quieres. Vale, sí, a muchos les pasa, incluso el colega de tu amigo confesó lo mal que lo pasó la primera vez que fue al sitio porque no se le levantaba. Pero esa no es la soledad que sientes en ese momento. Demasiado mal rollo, tarde o temprano hay que salir del jacuzzi. Todavía queda noche. Otra vez se recorren los pasillos interminables. Ahora sí que te emborracharías de buena gana pero las copas ya se han acabado. En algún momento acabas enfrente de la sala de tortura, donde un negro descomunal penetra a una chica. Al ver que tienen observadores, la pareja se decide a abrir la puerta. Una de las chicas va a por todas y antes de que parpadees ya se la está chupando al negro, ya está siendo penetrada con energía. La sala parece ser incómoda así que se deciden por uno de los cuartos públicos. Resulta que la chica con la que follaba el negro era su mujer. Ya en el cuarto ella se une a la fiesta, comiéndole la polla mientras él se come el coño de la chica. Pronto vuelven al coito. Le da duro, muy duro. Gime mucho. Para de repente. Se encuentra un condón dentro de su vagina. La fiesta se acaba. El negro comienza a besar a su mujer. Qué maravilla, cuánta pasión. Qué diferentes son sus movimientos de cadera cuando la penetra. Eso es hacer el amor. Ahí no pertenecemos, así que nos marchamos. La noche está a punto de terminar, el colectivo está muy cansado. Tu colega se va a uno de los cuartos grandes y públicos a hacerlo con su novia. Te quedas viendo. Eso sí que te pone muy cachondo, ahí sí que se levanta el pájaro. Qué lástima, ya es demasiado tarde, siempre llegas demasiado tarde. Ahora hay que volver a casa. Dentro de unas horas vuelves al ¡piip! de las cajas y a escuchar los chistes imbéciles de los clientes adinerados, a escuchar a tu jefe psicópata gritarte ¡¡¡cuando te pida algo lo haces inmediatamente!!! sólo porque le dijiste que esperara un momentito, que estabas ocupado. Así es la vida, es como cuando tienes que sacar toda la basura del supermercado y es un huevo y no hay tiempo porque se lo montaron mal y en diez minutos cierras y, cuando vas a meter una de las bolsas al contenedor, que pesa un huevo y apesta a mierda, se raja y, con un chorretazo, te pringa el pantalón. ¿Qué haces? Te ríes, porque si te cabreas seguro que la siguiente bolsa se revienta y encima te resbalas y te partes la crisma. Qué bueno es ser un paco. Podrías estar peor. Al menos tienes el sentido del humor. La comedia no es más que eso, una tragedia que requiere un poco de tiempo. ♦︎

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