Las mujeres de ‘Juego de tronos’: una serie sobre reinas y guerreras

Daenerys Targaryen, interpretada por Emilia Clarke. Imagen: HBO.

(Atención: para la realización de este artículo, la autora tiene que destripar, como si de la espada “aguja” se tratase, la serie; así que cuidado los espectadores que no anden actualizados).

En una era en donde se escucha “Estoy enamorado de cuatro babies”, una serie de televisión sobre mujeres poderosas es posible.

Y eso nos llena de esperanza.

Porque las mujeres poderosas no es un concepto que hayan inventado George R. R. Martin o la HBO, no, en absoluto. El propio autor afirmaba en una entrevista que había tomado como inspiración para sus libros la magnífica saga Los reyes malditos, de Maurice Druon. El primer volumen de esta obra histórica, novelada pero no inventada, como bien dice su creador, parte del encuentro de la reina Isabel, “la loba de Francia”, con el gigantesco Roberto de Artois. La envidia y celos de la francesa la empujarán a tramar, junto con su pantagruélico primo, la desgracia de sus tres cuñadas: Margarita de Borgoña (que pudo haber sido la reina de Francia), Blanca y Juana. Como resultado de tales entresijos se produce el estrangulamiento de la primera y la subida al trono de Clemencia de Hungría. Además, los venenos filtrados de la condesa de Mahaut, enemiga de Roberto de Artois por unos asuntos de herencia de tierras, provocarán en la novela la muerte del rey Luis X, ‘el Obstinado’.

Esto, como muestra. Además, viene a la mente la misteriosa Ana Bolena, la férrea voluntad de Catalina de Aragón, enclaustrada en una torre por no reconocer el divorcio, algo que iba totalmente en contra de su fe, y un sinfín de mujeres que podemos ver representadas en los rostros de los personajes de Juego de tronos.

Si comenzamos por el principio, la serie apuntaba a ser una cadena de sucesiones y batallas masculinas en donde lady Stark actuaba como la sombra de su esposo, Samsa Stark era una presumida niña mimada, Daenerys obedecía la voluntad de su ambicioso hermano y la única que despuntaba una creciente incomodidad por su rol puramente de casta doncella era la pequeña Arya Stark, y de los Greyjoy solo daba la cara Theon. Pero, claro, esto solo era el principio.

Juego de tronos debería llamarse Juego de damas: aquí el poder femenino se eleva sobre las cabezas de muchos admiradores de las reinas y, la mayoría de ellos, aguanta estoicamente sin ser correspondida.

La que más miradas acapara pudiera ser Daenerys, conquistadora nata de multitudes y oradora a la altura de Cicerón o de Jesús, si me apuran. A su alrededor se apiñan mujeres y niños y hasta bizarros (sí, significa “valientes”, no “raros”) guerreros que exclaman “madre” mirando para su salvadora, la primera en abolir la esclavitud. Heroína. Lucha con los suyos cabalgando su querido dragón. Guerrera. Es capaz de ser pasto de las llamas para matar al enemigo, como se vio con el khal que debía juzgarla. Mártir. Entonces, bajo una rubia cabellera de miles de euros, cuyo espléndido color está registrado por la HBO, quizá se puede apuntar que deslumbra una Juana de Arco rompecorazones. Aunque el amor no tiene cabida en su historia. Viuda hasta que encuentra un esbelto Dariio, se “casa” con su causa y abandona al enamorado para conquistar los siete reinos. Alrededor de ella, un despliegue de hombres sumisos: un ejército de fuertes soldados castrados, los inmaculados (castración: ¿casualidad?), un lord de Mormont que suspira cuando ve a su reina y un sanísimo muchacho moreno del que ella se desprende.

Pero si ella podría ser el “dios de la Luz”, por fuerza, la serie necesita un contrario, algo que oscurezca un poco ese brillo puro y manchado de sangre. Por supuesto, Cersei Lannister.

La evolución de esta reina, actualmente la oficial, es abrumadora. Aunque ya desde el primer capítulo se revela la verdadera naturaleza del personaje que, fiel a sus instintos, veía sus metas dificultadas por la presencia de los varones. Con la muerte de su padre y de sus tres hijos, la reina aparece en su carácter más andrógino. Fruto de esta imagen fue, asimismo, la mano de los monjes radicales que cortaron su larga cabellera. La reina, en uno de los banquetes, aparece con un vestido de metales que sorprende a su futura nuera-hijastra, Margaery, de la casa Tyrel. Y, en la séptima temporada, los espectadores pueden observarla vistiendo de riguroso negro, pelo corto y sentada en su trono de hierro. Sí, la reina de los siete reinos al fin.

Cersei Lannister, interpretada por Lena Headey. Imagen: HBO.

Se debe recordar que tiene un hermano, Jaime Lannister, que podría haberse opuesto a la posesión del trono por parte de Cersei si no fuera porque está enamorado hasta las trancas de su hermana. A lo largo de la serie se puede atisbar que aunque la relación incestuosa sea satisfactoria por ambas partes, al más puro estilo de los Borgia, Jaime refleja una mayor disposición a ese pecaminoso amor que su hermana. “No me traiciones de nuevo”, le susurra a su hermano tras haberse entrevistado con Tyron a espaldas de la reina. Y, como los inmaculados de Daenerys, ahora al lado de Cersei se alza la figura de un Jaime manco de la mano de la mano derecha, cuya destreza en el manejo de la espada se ha perdido para siempre.

Otra mujer que aspira al trono, al menos al de sal, es Yara Greyjoy. Esta brava luchadora se enfrenta a su padre para recuperar lo que queda de su hermano de las pezuñas del sanguinario Ramsay Bolton. Aunque lo que se encuentra no es halagüeño en absoluto: Theon Greyjoy se apoda Hediondo y ha perdido su miembro (castración, de nuevo) y, con él, toda su dignidad. Cuando al fin Theon despierta de este letargo de miedo se presenta la ocasión de votar por un rey para el trono de las Islas de Hierro. Theon apuesta por su hermana, Yara. Él queda relegado a un segundo plano para darle a ella todo el protagonismo. Viva la reina.

¿Más reinas? Por supuesto, hay más. El espectador con buen ojo conocerá ya a las atractivas hermanas Sand Snakes, hijas de Oberyn Martell y asentadas en Dorne. Al contrario de Winterfall, Dorne ofrece un paisaje de sol y jardines y mujeres morenas de ojos oscuros. Doran Martell, hermano de Oberyn y paralítico (de nuevo, problema físico masculino), gobierna en la zona de una manera pacífica y evitando enfrentamientos con su enemigo natural: la casa Lannister, como no podía ser de otro modo. Ellaria, amante de Oberyn, rota de dolor por la muerte de su enamorado, asesina al rey ayudada por sus hijas y sube al trono. Una más.

Y ahora, una asesina que no es reina: Arya Stark. Al lado de la melancólica y algo aburrida hermana, Samsa, la pequeña Arya despunta con su travesía por los países empujada por deseo de venganza. Hete aquí al conde de Montecristo. Arya no desea ser llamada “lady” ni portar elegantes vestidos ni, tampoco, reinar. Lo que empuja y da sentido a su existencia es matar a todos aquellos que acabaron con su familia. Con una crueldad sin igual, es capaz de ofrecer al sádico Frey un festín de empanada humana en venganza por la muerte de su madre y hermano. Tarantino logró algo similar con Beatrix Kiddo.

Por último, cabe mencionar a lady (o no) Brienne de Tarth. Pelo corto, armadura pesada y un metro noventa centímetros de aguerrida luchadora al servicio de su señor Renly, o de sus señoras Stark. Ella es la que logra acabar con el “Perro” —al menos en un principio, ya que luego el espectador comprobará que el “Perro” sobrevive al golpe de la guerrera—. Además, relata una historia de ese acoso que se sufre en la infancia y que hoy en día es llamado bullying como novedoso y anglosajón término, aunque haya existido toda la vida. Con voz suave narra un episodio en el que su padre, para complacerla, invita a muchos chicos a un baile donde Brienne es la estrella y anfitriona. A su alrededor se pelean por invitarla a una danza y ella es presa de un momento de felicidad que no esperaba sentir. Sin embargo, este castillo dorado se desploma cuando escucha los comentarios que hacen esos chicos, “Brienne the Beauty”, entre crueles risas. Así, comprende que todo era una mentira preparada para que pasara un rato divertido. Nadie quiere bailar con ella. Es demasiado grande, demasiado varonil.

La historia que cuenta Brienne despedaza los magníficos cuentos de hadas que se leen a las niñas desde pequeñas. No, no siempre vendrá un príncipe azul. Sí, puede que una chica crezca y sea juzgada por su físico. Puede que se burlen de su vestido y de su rostro. Sucede y ha sucedido. Brienne de Tarth, fuerte y valiente, lo ha sufrido, pero ahora mata al “Perro” y lucha en guerras, no espera casarse, no es singularmente bella pero es fuerte y vive de manera independiente. Brienne vs Cenicienta.

Esta es la historia de muchas mujeres que hubieran tumbado de un golpe a Maluma y sus canciones.



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