Historias de viejos rockeros (I): Tom, Wilko y Keith

Tras la pista de Tom Waits | por Rubén Díaz

Si existe un artista con la vitola del malditismo más cool, ese es Tom Waits. Viejo joven borracho, prócer de todos los hipsters, látigo de agencias publicitarias, showman evasivo, padre de familia con pintas, abstemio libertario. Músico de varias y marcadas etapas en su carrera, con cambios de estilo y sello discográfico, un visible arco de madurez musical y personal, que le confisca cada vez más agudos a su voz, hasta convertirla en un exabrupto lírico cicatrizada sobre un piano que va y viene, se ha caracterizado en su ya cercano medio siglo de carrera como un radical libre al margen de orden y vanguardias. Y además, actor, hombre de teatro, poeta y unas cuantas cosas más que caben en un etcétera. Entre ellas, marca de proclamas íntimas a voces, guía de declaraciones de amor, de guerra, de guasa, de odio, de amistad, de independencia y de socorro. {Seguir leyendo}

Wilko Johnson, de entre los muertos | por Alexis de las Nieves

Hay días que es mejor no levantarse. Días que no hubiese preferido no levantar la persiana y abrir la ventana. Uno de esos es el que el médico te dice que te queda un año de vida. El día que descubres que tienes un cáncer mortal, y que la perspectiva de la poca vida que te queda pasa por un sufrimiento ineludible. Cuando ese día llega, supongo que lo primero que te viene a la mente y a la boca —si eres una persona templada— es un “joder, menuda mierda”. Si de entre todas las personas templadas eres Wilko Johnson, supongo que el “joder” será un “fuck”, mirando con los ojos saltones de uno de los mejores guitarristas de la historia del rhythm&blues al doctor que le ha caído en suerte decirle a un tipo con tu cara de hombre peligroso que te queda un año de vida. {Seguir leyendo}

Crosseyed Heart: ¿por qué eres tan bueno Keith Ritchards? | por Alex Palahniuk

Cuando Keith Richards comenzó su carrera en solitario, Sus Satánicas Majestades, tras los fiascos que supusieron Emotional Rescue o Undercover the Night —amén de una década en la que tuvieron que hacer un ejercicio más que interesante de Realpolitik, para no hundirse en ese embravecido y revuelto mar que fue el mercado musical en los ochenta—, se encontraban de vuelta: Steel Wheels significó la vuelta a la primera línea de combate de una banda, cuyas obras maestras, se quedaron en 1978, fecha en la que editaron Some Girls. Mick Jagger manejó la banda en los setenta, ante la impasibilidad de un Richards, el cual, debido a sus problemas con la heroína, su tormentosa relación con Anita Pallenberg o, sin ir más lejos, sus problemas con las fuerzas de seguridad y la justicia de muchos países, y de conducta —¿cómo olvidar ese escarceo sexual que tuvo con la mujer del Primer Ministro de Canadá, y que a punto estuvo de desmbocar en un incidente diplomático entre Canadá y Reino Unido?—, se dedicaba, simplemente, a dejarse llevar por las circunstancias. {Seguir leyendo}

 

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