Cinco historias del Black Power

Todos los enemigos de Malcolm X | por Olivia Camp

El 3 de abril de 1964, menos de un mes después de hacer público su abandono de la Nación del Islam, a falta de unos días para partir en viaje de peregrinación a La Meca, Malcolm X, en el marco del Congreso por la Igualdad Racial, celebrado en una iglesia metodista de Cleveland,  pronuncia uno de sus más famosos discursos: El voto o la bala. Las palabras de apertura son las siguientes: “Señor moderador, hermano Lomax, hermanos y hermanas, amigos y enemigos —porque sencillamente no puedo creer que aquí todos sean amigos y no quiero omitir a nadie—. Esta noche el tema es, a mi entender: La revuelta negra y ¿qué rumbo tomamos de aquí en adelante? o ¿Qué hacer? A mi humilde manera de entenderlo las alternativas son el voto o la bala”. El discurso de Malcolm X se centra de esta manera en la responsabilidad que encierra el voto afroamericano. Pero interesa la fórmula de apertura, “amigos y enemigos”, dice Malcolm, en un estilo propio, ya libre de los encorsetamientos de la Nación del Islam. Sus palabras expresan, literalmente, la consciencia de estar en el punto de mira. Sabe que entre las más atentas miradas está la del enemigo o enemigos. Y no se equivoca, le queda menos de un año de vida. {Seguir leyendo}

El día que Mandela pisó las calles nuevamente | por Sergio Naves

Son muchas las secuencias llenas de fuerza que forman parte del imaginario colectivo, instantes a veces aislados e inconexos que ponen rostro a los momentos más importantes de la Historia. Uno de estos es la salida de Nelson Mandela de la prisión Víctor Verster, tras más de 27 años encerrado. Como en toda coyuntura trascendental, el simbolismo era pieza importante. Puño en alto y de la mano de su esposa Winnie, Madiba avanzaba rodeado por una multitud jubilosa, su eterna sonrisa intercalada en un gesto serio, conocedor como nadie de que lo que estaba ocurriendo no era más que el principio de una batalla larga y difícil, con un pueblo que lo esperaba todo y que no aguantaría más, y un enemigo poderoso no dispuesto a regalar sus privilegios. {Seguir leyendo}




Un libro de Angela Davis que convendría recuperar | por Olivia Camp

Todos los años en las vísperas del 8 de marzo los mismos artículos y debates emergen en el premeditado desconcierto sobre el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Debemos enfrentarnos a los mismos reportajes, generalmente falaces, sobre el origen y sentido de tal fecha. Este hecho circunstancial y acostumbrado no es sino el reflejo mediático de la más amplia y asentada desorientación general del movimiento feminista y la lucha de la mujer trabajadora en todo el planeta.

La premeditada distorsión sobre el origen del establecimiento del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora cundió con insistencia a finales del siglo XX, tras la desaparición de la Unión Soviética. En 1910, en el marco de la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Conpenhague, a propuesta de la alemana Clara Zetkin, se acuerda celebrar dicho día como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La evidencia es irrefutable. Y el debate historiográfico, por lo tanto, falaz. Algunas teorías pretenden retrotraer el origen del 8 de marzo a sucesos anteriores a la conferencia de Copenhague, concretamente a masacres en las que fueron asesinadas multitud de trabajadoras industriales en fábricas estadounidenses —sobre 1857 y 1909— y las revueltas y represión tras las mismas. Con todo su peso real y su importancia histórica, lo cierto es que estos sucesos no determinaron que el 8 de marzo sea hoy día la fecha anual más importante del movimiento de mujeres. La intención de borrar el papel de las mujeres comunistas del origen de este día ha sido lo que ha promovido el debate. {Seguir leyendo}

Jacques Roumain: un poema del siglo pasado para Walter Scott | por Olvido Rus

¿Cuál sería la expresión del poeta Jacques Roumain si viera hoy Haití, su país, completamente deforestado, asolado por la mayor miseria de todo el continente americano? ¿Cómo recibirían sus ojos las imágenes del asesinato de Walter Scott, disparado por la espalda por un policía blanco, en Carolina del Sur, Estados Unidos? Se mantendría en silencio unos minutos, tal vez; horrorizado, sin duda; quizás con las manos tapándose la boca, o encendiendo temblorosamente un cigarrillo y pensando que no hay poesía ni revolución que lo sean si nada cambian. {Seguir leyendo}

La voz y la palabra de Paul Robeson | por Olivia Camp

La historia de Paul Robeson es una de esas que hay que recordar y pensar en el por qué de su olvido. Durante un tiempo, no corto, del pasado siglo, allá por los años 20 y sobre todo durante la década de los 30, fue uno de esos que ahora llaman ‘los hombres más influyentes del mundo’. Él, hijo de un esclavo que se había fugado cuando tenía 15 años, llegó a ser, sin duda, la gran referencia política e intelectual de millones de personas negras en los Estados Unidos, y en gran parte del resto de mundo. Esa fue la realidad. Paul Robeson era una celebridad. Hoy día no pueden imaginar a nadie que iguale el alcance que él tuvo. Ni Barack Obama, ni Spike Lee, ¡ni siquiera Beyonce! Nadie puede compararse a la capacidad de influencia entre las masas negras, a un nivel político, que alcanzó Robeson en su tiempo. Solo Martin Luther King, algunos años después, conseguiría alcanzar un liderazgo mayor entre los negros norteamericanos. ¿Cómo es posible que el nombre de Robeson, no obstante, se haya difuminado de tal manera del imaginario colectivo? Podría parecer inexplicable, cuando se relatan sus logros. O tal vez no, si se comprende su historia. {Seguir leyendo}

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