Retratos de Hollywood (II): Fritz, Orson y Kirk

Fritz Lang, un prusiano con monóculo | por Roberto Gutiérrez

Estamos en California, a principios de noviembre de 1935. Una fina lluvia cubre la pequeña localidad de Culver City, cuyas calles y avenidas parecen desiertas. Sin embargo, al doblar una esquina al final de Overland Avenue, vemos cómo una muchedumbre se agolpa bajo una enorme puerta de metal sobre la que se puede leer: METRO-GOLDWYN-MAYER STUDIOS. La mayoría son inmigrantes centroeuropeos que acuden al estudio en busca de trabajo. Se les conoce despectivamente en el negocio como ‘Fritzes’. Uno de estos ‘Fritzes’, vestido elegantemente y fumando un enorme puro, observa la escena desde la tercera planta de las oficinas de la Metro. Aparenta unos 45 años y su rostro no transmite emoción alguna. En su mano izquierda sostiene un cuaderno de anillas en el que se puede leer: “FURIA” Escrito por Barlett Cormack y Fritz Lang. {Seguir leyendo}

Orson Welles, entre sombras y espejos | por Ulises Argandona

Una mole humana de enigmas y carisma. Una voz prodigiosa que hubiera sido la propicia para narrar la misma historia del mundo. Desde el rodaje de su ópera prima, Ciudadano Kane, al de su último proyecto estrictamente cinematográfico, F for Fake, transcurrieron más de treinta años, en los que Orson Welles se erigió como el más determinante director del primer siglo de Historia del cine. Entre medias, miles de metros de película filmada, que dejaron una docena de largometrajes terminados y proyectados en vida de Welles; aparte, un buen número de trabajos inacabados, material diseminado por todo el mundo, que se ha ido rescatando de ese limbo legendario donde lo dejó su autor. {Seguir leyendo}

Kirk Douglas, senderos de dignidad | por Olivia Camp

En un universo caracterizado por la falta de decencia, un lugar que es casi sinónimo de corrupción y venalidad, propicio a la traición, la falta de compromiso, el individualismo y el lucro, en ese lugar de todos los demonios que es Hollywood, resulta fascinante contemplar la estela de un ángel extraño, de rasgos duros y mirada desafiante, que se ha mantenido ajeno a esos valores infames más tiempo que nadie. Kirk Douglas cumple cien años. Su última aparición en la gran pantalla fue en el film Illusion, de 2005, con casi 90 años. Diez antes había recibido el único Oscar de su carrera, el honorífico de la 68º Edición de los Premios de la Academia. Fue sencillo en su recibimiento, se lo dedicó a sus hijos y a su mujer, Anne Buyden —con quien lleva más de sesenta años casado—, y todo el teatro se puso en pie para aplaudirle. {Seguir leyendo}

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