Yo terminé ‘La broma infinita’

Un hombre puede destinar parte de su tiempo, siempre limitado por otra parte, a las más diversas actividades: trabajar en una empresa de 8 a. m. a 20 p. m. rodeado de idiotas, ligar a partir del horario de cierre de los bares y copular con desconocidos en los baños del “Berlín” (Madrid) e incluso conseguir finalizar un viaje por la costa francesa caminando hacia atrás, también conocido como caminar “retro”. Por supuesto hablo de posibilidades y no de experiencias personales. Me lo contaron…

Un ejemplar cualquiera, sin dueño conocido, de La broma infinita, de David Foster Wallace.

Pero si todas ellas tienen un componente de placer de reducidas dimensiones (la tercera incluso nos activa los isquiotibiales), ¿qué fuerzas ocultas nos empujan a intercambiar placer lector por disciplina para “terminar por cojones” una novela que por su tamaño, a veces también por su contenido, tendría la consideración de arma blanca o simplemente  de “ladrillo”? ¿Por qué darle una oportunidad a  En busca del tiempo perdido, 9.609.000 palabras compendiadas en 3928 páginas o al miserable de Victor Hugo y sus dos volúmenes de su “novela ídem” resumida en 1782 páginas y así hasta llegar a La Broma Infinita de David Foster Wallace, esta última situada cómodamente en el puesto número veinte desde hace veinte años en la lista de las novelas más largas de la historia de las novelas más largas?

Pues la respuesta no está muy clara y este artículo tampoco servirá para dilucidar una pregunta tan idiota. Pero lo voy a intentar. Vayan a por agua, den un sorbo, escúpanla en un cenicero, abran bien los pulmones, apoyen el culo en su sillón favorito y sumérjanse conmigo en el alma oscura de alguien que pudo hacerlo pero que nunca se atrevería a desvelar sus trucos de belleza o publicar un manual del usuario. Aquí que cada perro se lama su pijo… y su conciencia.

La primera vez que sostienes el libro entre tus brazos (necesitas la fuerza de ambos), miras la portada y ves la cara de los miembros de esa familia americana —hay otras ediciones, pero esta es la de DEBOLSILLO, ¡qué ironía!— que saludan al fotógrafo, sabes que hay algo que no va bien. Otra vez la puta familia, otra vez una tragedia y otra vez un americano que escribe como nadie, «un individuo de infinito ingenio, de excelsa imaginación». Y no puedes evitar abrirlo, como si fueras un Vincent Vega sin el caballo frente al maletín de Marcelus, y comprobar que, escrito en el margen inferior izquierdo de la página 1092, pone 1092, y a su derecha están las notas y las erratas que van desde la 1093 hasta la 1208. Y esto se supone que es literatura y no mates. Y comienzas la lectura. Y ahí empiezan los problemas.

Algunos recomiendan marcar la página 223 porque contiene información que tienes que aprenderte de memoria para comprenderlo todo mejor pero yo paso por encima de las 222 páginas anteriores con la extraña sensación de que estoy leyendo una obra traducida al castellano que cuando llega a mi cabeza se topa de morros con una barrera de aislante que me impide asimilar mi lengua materna. Sujeto, verbo y predicado pero llevados a una velada de Ultimate Fighting.

Continúo durante semanas que se transforman en meses y me repito una y otra vez que quizás, si leo una hoja al día (comencé un 22 de junio de 2016, como para olvidarme…) podré acabarlo a finales de 2017. Esto es una pelea pero con momentos realmente inolvidables, donde encuentras un placer casi orgásmico en continuar, porque a pesar de que el argumento no está nunca del todo claro (no sabría explicar de qué trata la novela, ¡lo juro!), las frases te atraviesan, te abanican los testículos, te aprietan las sienes y te arrastran a un viaje por un lugar extraño al tiempo que el ejemplar se transforma, muta y pasa de ser una bonita edición con pinta de Biblia (de esas que no se abren) a un tsunami de hojas dobladas, márgenes negros que contienen restos de esperma y que contienen fotos de tu mujer, tarjetas de visita de tu prostíbulo favorito y de citas en la Seguridad Social. En definitiva, envejeces con el libro. Porque esto no va de los Incandenza ni del año de la ropa interior para adultos Depend, o el Superpollo Perdue, ni de topología o de la esquizofrenia contemporánea o el uso abusivo de sustancias estupefacientes pero que nos hacen felices un rato, ni de Mario, Avril y Hal, Orin, Ken, Lamount, Timy, Remy o el Doctor Charles Tavis, ¿quién es quién?, ¿por dónde iba?, ni del entretenimiento o la soledad, ni siquiera de A.A o la ONAN o Hamlet, no. Esto va de la absoluta certidumbre que se instala en nuestra caja torácica cuando terminamos y dejamos el tocho de celulosa impresa encima de la mesilla (yo lloré): que la vida es un enorme cúmulo de cosas que no tienen sentido, una broma infinita dentro de la finitud de nuestro ciclo, un enorme jódete a los que quieren que creas que puedes dominarla, un espectro, una habitación con vistas a donde tú quieras pero que dura lo que tardas en chuparte el dedo índice para pasar página, una enorme y pesada risa que se abre ante nosotros de par en par y nos despeina el flequillo. Además, después de tanto tiempo, tras numerosas cargas y descargas físicas (no soporto el formato digital) del librito de los cojones, tus brazos aumentan de volumen y los comentarios de los colegas que leen cómics de Spiderman ya ni siquiera te molestan porque lo has conseguido y has entrado en la zona, en el selecto grupo de aquellos que han ascendido al Everest en batín, con una cadena de oro al cuello, sin oxígeno y con una petaca de whisky DYC en la mano buena. En la mala llevas el libro y te preguntan: ¿Cuánto te ha llevado esa mierda? Les miras de reojo, haces un hmmm con la boca, disfrutas una vez más de los picos de las montañas atravesando nubes como si fueran malvaviscos y en perfecto castellano de Codorniz les respondes: «Pues infinito, hijos, infinito».

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies