La confesión violentamente pasional de Pablo Und Destruktion

La última frase que escribí fue: “Y, después de la tormenta: silencio”. Me levanté y cogí el coche sin tener una dirección clara, pero, de cualquier modo, decidí salir de la ciudad e internarme hacia el rural para ver campos verdes, casas de piedra y gente —poca, y cada vez menos joven— que llevan otro ritmo de vida. Sin luces de escaparates, pero con caminos de tierra; con el sonido del viento, pero sin el murmullo de las calles abarrotadas.

Ocurre, en ocasiones, que uno necesita parar o, cuanto menos, moverse de una manera distinta a la habitual. Este desplazamiento es posible, muchas veces, gracias a la música. Ver cómo interactuamos con ella y cómo nos amplía el abanico de posibilidades de relacionarnos con nuestro entorno es una de las funciones más enriquecedoras que pueden darse escuchando un disco. Así ocurre con la música de Pablo García Díaz, más conocido como Pablo Und Destruktion.

Pablo Und Destruktion.

En su cuarto disco, Predación, recientemente editado, el tono que muestra es el propio de una confesión violenta pero pasional que busca, más que una significación dada, un sentido que se encuentra más pegado a la propia existencia con toda su brutalidad. Así, la rudeza de la propia vida no tiene nada que ver con la violencia que se difunde por muchas de las vías a las que estamos pegados en nuestro quehacer cotidiano y que alimentan la necesidad morbosa de la pulsión de muerte.

Como para todo ritual, se necesita una preparación, una orientación de la perspectiva para lo que va a venir. Un Preludio Corintio para estar preparados para tocar tierra con la rodilla ante el confesionario. Si los pecados y las faltas son de un orden más contrario a la vida que a la divinidad, entonces el arrepentimiento ha de ser para con los otros y para con uno mismo, de un modo más propio a la desnudez material. La redención viene con la entrega a la justicia de la existencia que se da en medio de la destrucción.

Pero la pasión no puede faltar y en una confesión de amor, como es Conquistarías Europa se mantiene el anhelo de verdad que se desprende de ya desde Puro y ligero, como en Un salario social. La verdad, desorientadora y edulcorada del mundo moderno, desvirtúa la necesaria conciencia que hemos de tener —como ha señalado en otras ocasiones Pablo— de ser conscientes del dolor ajeno. Poder representarnos ese sufrimiento, esa irreductible vulnerabilidad que nos configura a cada uno de nosotros como seres humanos, posibilitaría un constante replanteamiento de nuestras relaciones social.

La materialidad de nuestro cuerpo que carga con la memoria, como se señala en El mejor traje de seda, únicamente se mueve, siempre, mediante la pasión. La lucha individual contra el mundo y la convivencia con el mundo son las dos caras de la misma moneda.

La problemática humana es múltiple y, por ello, quizás, la única manera de afrontarla y de resistir ante la tiranía de los engaños propios y ajenos sea la herejía de movernos en velocidades distintas a lo largo de nuestra vida.

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