Fugazi, unos punks muy serios

Cuando hablamos de punk, la iconografía mitificada por el colectivo musical y comercial nos muestra la habitual estética de chupa y cresta, los cortes de piel y los escupitajos, las jeringuillas y un final muy jodido en la mayoría de los casos. Ya saben, no hace falta hacer un nuevo repaso a la lista de bajas del movimiento ni tampoco mencionar cómo la mayoría de estos chicos que proclamaban el no future se convirtieron en señores adinerados de ideología ultraliberal, quizás lo que algunos llaman anarcocapitalismo.

Fugazi, en Maritime (San Francisco), 1999 / Foto: Matt Alcock.

Desde el principio, todo esto nunca pareció ir con Fugazi ni por estética ni por forma. Ian MacKaye —cantante y guitarra de Fugazi—  ya había asentado los principios de lo que al menos políticamente era su idea del punk cuando tocaba en Minor Threat, dejando para la historia las bases de la filosofía Straight Edge en la misma canción que le dio nombre: «Soy una persona al igual que tú / pero tengo mejores cosas que hacer / que sentarme por ahí a joder mi cabeza y andar con los muertos vivientes…»

Pero Fugazi le daría una dimensión especial al punk, lo que se conoció como Post Hardcore, al dejar atrás la forma de tocar de las primeras bandas (la mayoría de ellas conocidas por tocar muy mal, salvo excepciones) y crear un estilo propio totalmente libre, lleno de composiciones con unas estructuras nunca antes oídas dentro del movimiento, caracterizadas por momentos en la ralentización del sonido típico del punk, conteniendo toda esa rabia, dándole la seriedad necesaria que requería un discurso político complejo y que exigía un alto compromiso moral, alejado de esa falsa sensación de libertad tan manoseada y perfeccionada por el capitalismo que habían dejado atrás ciertos personajes dentro del punk (sí, me estoy acordando del puto Sid Vicious) con sus actos, sin perder en ningún momento la fuerza necesaria con la que las guitarras y la voz de Ian Mckaye y Guy Picciotto se enfrentaban al sistema permitiéndose por momentos una explosión de rabia de tal calibre que ya no serían capaces de perder de vista su objetivo.

Dos ejemplos muy gráficos de todo esto son por un lado los ya míticos discursos de Ian durante los shows de la banda cuando alguien del público se pasaba de la raya en algún pogo y mostraba evidentes signos de ir muy pasado y ser violento, al que tras una charla firme sobre su comportamiento invitaba a salir, o la vez que en un concierto se dirigió al público y les dijo: «I must say one thing. I must say emocore must be the stupidest fucking thing I’ve ever heard in my entire life», preocupado por los vicios emocionales que provoca el sistema en algunos jóvenes y que estaba cansado de ver a su alrededor;  y aquella muestra de rabia punk en un escenario como pocas se han visto de Guy Picciotto durante una actuación en el gimnasio de un instituto de Philadelphia en el 88 —cuya grabación formaría parte de la película Instrument de Jem Cohen sobre la banda—, en la que éste, en un momento del concierto, se sube a una canasta de baloncesto, mete todo su cuerpo por el aro para colgarse boca abajo y volver a cantar tras una parte de improvisación instrumental, mostrando una tremenda fuerza alimentada por las convicciones.

Fugazi en Londres, 2002 / Foto: K. Carnie.

Fugazi trasladó todo su compromiso político más allá de los escenarios. Llevaron el conocido Do it youself a todos los ámbitos de su carrera y su vida. No se dejaron comprar por ninguna discográfica sino que trabajaron ellos mismos en  su propio sello, Dischord Records, que había creado años antes Ian junto a los demás componentes de Minor Threat para sacar las grabaciones antiguas de su otro grupo, Teen Idles, con el que han gestionado toda su trayectoria en base a unos principios tan consistentes que ellos mismos se encargaban de cobrar las entradas a sus conciertos (como un conocido me contó una vez, él mismo pudo comprobar en un concierto que dieron en Madrid en los 9´con la clara intención de que el precio fuera justo y nadie pudiera  hacer negocio a sus espaldas), o como muestran las numerosas apariciones en documentales de la banda en los que suele intervenir Ian como representante para hablar sobre veganismo, el uso de drogas, el movimiento Straight Edge y la política en general.

Todo lo relacionado con Fugazi suena muy serio. Pero además, lo es. En el invierno del 2014 pasé dos meses trabajando en una biblioteca en Lituania a través de un programa europeo. Aunque mi mayor motivación para ir al Báltico y meterme en un pueblo del sur de Lituania de unos dos mil habitantes era poder realizar una especie de ensayo fílmico sobre Jonas Mekas, una especie de apropiación personal de su película Reminiscences of a Journey to Lithuania —que casualmente, él mismo a sus 94 años de edad vino a presentar en junio de 2017 en la Filmoteca Nacional, con motivo de la tercera edición del Filmadrid—, a la que llamé Cuts of Lithuania. Congelado a -25º y encerrado en mi habitación, en una de las secuencias de la película se puede escuchar de fondo Waiting Room: «…en la sala de espera / no quiero las noticias / (no puedo usarlas) / no quiero las noticias / (no voy a vivir según ellas) /sentado fuera de la ciudad / todo el mundo viniéndose abajo / (dime por qué) / por qué no  pueden levantarse / (Ah debes levantarte, vamos levántate) / no voy a quedarme quieto / estoy planeando una gran sorpresa / voy a luchar / por lo que quiero ser».

De vuelta en el estado español  me puse a revisar todo el material grabado para llevar a cabo la edición de la película sabiendo que tendría  que quitar esa canción. Aquí, gracias a la SGAE tenemos bien interiorizado cierto tipo de autocensura si no quieres vivir las consecuencias. Así que al montar la película quise mantener el mismo espíritu punk que había encontrado en esas imágenes que representaban un estado de ánimo en particular. Lo que decidí fue mandar dos emails a dos bandas del estado español que los medios especializados han catalogado hasta la saciedad como los Fugazi españoles y a quienes  también llevo varios años escuchando. A las dos bandas les escribí, incluidos sus sellos discográficos, comentándoles el proyecto. Tengo que decir que en ningún momento pedí la cesión de derechos de ninguno de sus temas gratuitamente sino que si estaban interesados en el proyecto, el cuál no tenía ningún propósito comercial sino meramente artístico y que con suerte se exhibiría en algún festival de cine de vanguardia/experimental (cosa que al final no sucedió), podríamos llegar a un acuerdo que consideraran aceptable a pesar de mi falta de medios económicos, pero lo más importante para mí era llegar a un trato justo y ético y sobre todo no tratar con una entidad como la SGAE. No recibí ningún tipo de contestación ni negativa ni positiva de ninguna de las dos bandas ni de sus sellos. Al cabo de los meses decidí que conociendo la trayectoria de Fugazi, tenía bastante sentido proponérselo a ellos directamente y repetí operación: email al grupo y a la discográfica. Un mes después me contestaron de Dischord pidiéndome información sobre el proyecto y si era posible ver el clip donde se incluiría la canción. A la semana siguiente mi sorpresa fue mayor al ver que tenía un email del propio grupo firmado por Guy Picciotto (reconozco haberme sentido como un auténtico groupi de los Beatles). En él se disculpaba por la tardanza en su respuesta pero me contaba que habían estado de gira y no pudieron atender el email. Y que por supuesto tanto él como Fugazi estarían encantados de aprobar un proyecto como el mío, tanto por ideología como porque son amantes de este tipo de cine, sin ningún tipo de compensación económica. Sólo me pidieron que les mandara una copia cuando estuviera terminada la película además de aparecer en los créditos, por supuesto, y sus mayores deseos. Yo les di mil gracias y cuando tuve el montaje final de la película se la mandé.

Después de una carrera de más de veinte años juntos y una gran historia de trabajos y colaboraciones de cada uno de los miembros de la banda por su cuenta con un gran número de músicos del underground americano, Fugazi sigue siendo el grupo más importante de lo que algunos llamaron el Sonido D.C. Pero no sólo porque musicalmente llevaron al punk a un plano totalmente desconocido hasta el momento, sino porque siguen siendo un grupo de personas referentes para muchas otras de una forma política, unos chicos que siendo muy jóvenes tenían claro quién era el enemigo y aún hoy sigue siéndolo, y sólo hay una manera de enfrentarlo, manteniéndose rectos en los principios. A a mi me lo han  demostrado con toda una carrera musical y política que resumieron a la perfección en ese pequeño acto personal que fue nuestro intercambio de emails, un gesto de generosidad y verdadero espíritu punk que me hizo creer de nuevo en muchas cosas pero sobre todo en algunas personas. Y a todos aquellos que se refugian en el realismo para justificar su cobardía, que hablan de los principios como un mito doblegado ante el capital de forma jocosa, ridiculizando los ideales de aquellos que siempre cambiaron y cambiaran el mundo, les diría una cosa: Listen to Fugazi.

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