Will You Still Love Me Tomorrow: los grupos de chicas de los sesenta

En el breve periodo que discurre desde que Elvis Presley se va a la mili hasta que los jóvenes norteamericanos empiezan a perder la inocencia entre la psicodelia y las junglas del sudeste asiático, florece en Estados Unidos un brillante fenómeno musical protagonizado por chicas, los llamados Girl Groups. Estas jóvenes, —generalmente organizadas en combos, aunque también hubo solistas como Little Eva, la de Loco-motion—, firman una página imprescindible de la historia del rock y aportan un legado de temas cuyo valor será reconocido por astros de la talla de The Beatles, Phil Collins o The Ramones.

Precisamente, el cuarteto de Liverpool incluyó numerosas versiones de aquellos grupos de chicas en sus primeros discos: Boys y Baby It´s You —de The Shirelles— y Chains —de The Cookies— en su álbum de debut, y Please Mr. Postman —de The Marvelettes— y Devil in Her Heart —de The Donays— en With the Beatles. El propio Lennon reconocía la influencia en su música de los Girl Groups norteamericanos y en concreto su debilidad por la voz de la cantante Rosie Hamlin, de Rosie and the Originals —(debilidad que debían compartir los miembros de Led Zeppelin cuando escriben en la cubierta interior del disco Houses of the Holy la frase «Whatever happened to Rosie and the Originals?»).

Fueron nombres que jalonaron la primera mitad de la década de los sesenta, nombres como The Supremes, The Shirelles, Martha and the Vandellas, The Shangri-Las o The Ronettes, entre los más conocidos, aunque hubo muchísimos más grupos femeninos, a veces con un solo éxito en cartera, que poblaron los escenarios a lo largo y ancho del país. El escritor John Clemente identifica más de 70 combos en su libro Girl Groups: Fabulous Females Who Rocked The World (2013).

(The Supremes, Detroit, 1965 / Foto: Bruce Davidson)

A pesar del protagonismo que todas estas mujeres adquieren en la época, por desgracia no aportan ningún avance significativo en el campo de la igualdad de derechos. Sus carreras estaban diseñadas y controladas por hombres, y sus visiones del amor juvenil también solían llevar firma masculina, con alguna excepción, como todas las canciones que compuso Carole King junto con su entonces marido Gerry Goffin. Por cierto, la pareja tiene en su cartera de composiciones una de las más repulsivas exaltaciones de la violencia de género que jamás he escuchado: He Hit Me (And It Felt Like A Kiss), interpretada por The Crystals (sólo traduzcan el título y juzguen). También se aprecia un toque machista dominante en otros temas del momento, como Chains —de The Cookies—. Y en este sentido, hay una clara descripción de acoso en Nowhere To Run —de Martha and the Vandellas—.

Quizá no aportaron en el terreno del feminismo, pero sí lo hicieron, aun sin proponérselo, en la lucha por los derechos civiles de la población afroamericana de los Estados Unidos, que en aquellos años lideraba gente como Rosa Parks o el Dr. King. La mayor parte de estos grupos musicales estaban integrados por chicas de color —de hecho, los combos de chicas blancas surgieron como una imitación de las anteriores—, y, como afirma Jacqueline Warwick (Girl Groups, Girl Culture: Popular Music and Identity in the 1960s, 2007), «los correctos, sonrientes grupos cuyas voces se podían escuchar por los Estados Unidos a principios de la década de los 60 eran más fácilmente aceptados por los padres suburbanos conservadores blancos que podrían haberse escandalizado al ver a sus hijas escuchando discos de hombres negros».

Para muchas chicas de color de finales de los cincuenta la música era una vía de escape hacia una vida más apasionante que el destino que la sociedad establecía para ellas, algo que subraya con ironía la cantante Mary Wells: «hasta [que surgió el sello discográfico] Motown en Detroit, había tres grandes carreras para una chica negra: bebés, factorías o trabajo de día». Pero el sector del espectáculo cobraba un alto precio a las jóvenes artistas que se veían lanzadas a un mundo crudo y duro fuera de la protección de sus familias. Las conductas racistas estaban a la orden del día. A veces, las cantantes, al tener prohibido el acceso a los vestuarios, tenían que cambiarse de ropa en medio de las cocinas, protegidas de las miradas lascivas por los miembros del grupo que se situaban en corro en torno a ellas, como describía La La Brooks de las Crystals. Martha Reeves, de Martha and the Vandellas, recuerda cómo estando de gira en lugares del sur de los Estados Unidos, comían perritos calientes sentadas sobre cubos de basura en los callejones traseros de los restaurantes en los que no las dejaban entrar por el color de su piel. Gladys Knight era sureña y llevaba en los escenarios desde los ocho años, y recuerda cómo ella y su banda fueron agredidos en su autobús por una turba que no veía bien que los músicos negros atravesaran su pueblo. La vida en la carretera no fue un jardín de rosas para ellas.

Había en el momento verdaderas factorías de éxitos pop, como Philles Records, la compañía fundada por el Rey Midas de la producción, Phil Spector, junto con Lester Sill, en 1961, responsable de los éxitos de nombres como The Ronettes, The Crystals o Bob B. Soxx & the Blue Jeans. Otros de los nombres de oro del rock, Jerry Leiber y Mike Stoller, crearon Red Bird, el sello que grabó a las Shangri-Las y a las Dixie Cups. En la ciudad del motor, Detroit, el productor Berry Gordy, a través de su imperio discográfico, lanza a grupos como The Supremes, con el sello principal Motown; a The Marvelettes (que saltaron a la fama con el tema Please, Mr. Postman), a través de la marca Tamla; y a Martha and the Vandellas, las del conocido Dancing in the Street. También hubo compañías pequeñas que atesoraban grupos lucrativos, como Laurie, donde grabaron The Chiffons exitazos como He´s So Fine, o Dimension, que hizo famosas a The Cookies.

Muchos son los nombres que afloran en la época y muchos los éxitos en formato single que revientan en las ondas. Algunos nombres se quedan en un solo hit y otros combos pasan a la historia del pop como generadores natos de números uno.

The Shirelles fue un cuarteto de New Jersey pionero dentro del género de los grupos de chicas, dado que fue fundado en 1957. Por etiquetarlas de alguna manera, representan el lado más naive e inocentón del fenómeno, siempre cantando sobre el amor verdadero y las bonitas relaciones chico-chica, como en las maravillosas Baby It´s You, Will You Still Love Me Tomorrow o Soldier Boy.

Por su parte, The Ronettes tienen en su currículum el ser un producto de Phil Spector, que además se casó con la solista Veronica Bennett, y cuyo clásico inmortal Be My Baby es el paradigma de lo que ha pasado a la historia del rock como el muro de sonido característico de este controvertido productor. Por cierto, los mismísimos Ramones versionearon un tema de las Ronettes, Baby, I Love You, en su LP End of The Century.

Sin duda las reinas de los girl groups, las más sofisticadas y glamurosas, fueron The Supremes, con la diva Diana Ross al frente. Las joyas del sello Motown, marcaron estilo dentro del soul ligero de los 60 con canciones de la talla de You Can´t Hurry Love (que volvió a ser un éxito en 1983 en la versión de Phil Collins), Baby I Need Your Loving o la desoladora Where Did Our Love Go? Parece ser que toda la elegancia que transmitían de cara al público no tenía su equivalente en las relaciones entre las integrantes del grupo y la forma en la que fue tratada Florence Ballard, que acabó sus días en la pobreza, el alcoholismo y la depresión.

No todo eran princesitas en el mundo de los grupos de chicas, también las había algo macarras. El trío de New Jersey The Angels triunfó en 1963 con el single My Boyfriend’s Back, una canción cuya letra avisa a un tipo que se ha metido de alguna forma con la protagonista de que el novio de la misma ha vuelto y que el metepatas va a tener serios problemas. The Crystals, por su parte, se vanagloriaban de salir con un chuleta antisistema en He’s a Rebel.

Aunque sin duda las más descarriadas, las más barriobajeras de todas, son The Shangri-Las. Dos pares de hermanas —las Weiss y las gemelas Ganser— procedentes como los Ramones del neoyorquino barrio de Queens, marcaron territorio en la música americana entre 1964 y 1966. Entre sus grandes éxitos está Leader of the Pack, protagonizada por el jefe de una banda de motoristas llamado Jimmy, que procede del «lado malo de la ciudad», y que enamora a la chica. Pero sin duda a las Shangri-Las se las recordará siempre por Give Him A Great Big Kiss, un temazo sobre el girl power que comienza con la voz de Mary Weiss afirmando amenazante, When I say I´m in love, you best believe I´m in love, L-U-V!  La chica de la canción se enamora hasta el tuétano de un tipo y no duda en tomar la iniciativa e ir a besarle delante de sus amigos. Curiosamente, Give Him A Great Big Kiss ha tenido versiones de gente tan dispar como el punki Johnny Thunders (ex New York Dolls), o nuestros rockeros castizos Burning, que la rebautizaron en castellano como Es especial.

Paradójicamente, The Beatles, fans declarados de los grupos de chicas, contribuyeron a traer su final. La British Invasion que supuso el desembarco en EEUU de la banda inglesa a partir de 1964, fue cambiando el gusto de la juventud y arrinconando por obsolescencia a estos conjuntos. Dylan, Vietnam y la psicodelia hicieron el resto, pero siempre quedará en nuestro recuerdo la nostalgia por aquellas tiernas voces femeninas que se preguntaban si su chico les seguiría amando mañana.

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