‘Transparent’: ¿quién soy?

Transparent. Imagen: Amazon Studios/Pictures in a Row.

Por casualidad me encuentro finalizando la tercera temporada de Transparent justo cuando estalla la controversia del dichoso autobús de Hazte Oír, que se ha paseado por varias ciudades esgrimiendo la frase tonta del año: «los niños tienen pene, las niñas tienen vulva».

Acabo de terminar de ver el último episodio de la tercera temporada y me encuentro mirando la pared como un gilipollas emocionado, dándole vueltas a esa cosa tan compleja llamada identidad sexual y que unos completos ignorantes pretenden reducir a un par de frases escritas en el lateral de un autobús.

No, no voy a entrar a debatir sesudamente sobre este tema, primero porque no tengo el conocimiento ni la preparación para hacerlo como es debido y segundo porque en líneas generales la respuesta es clara, cada uno es lo que siente o como se siente. Ea, vayamos a otra cosa.




Transparent, para el que no la conozca, trata sobre Maura, una señora de unos 50 años que un buen día decide que pese a tener pene ha pasado su vida disfrazada de hombre. Decide enfrentarse a todos, incluida a su familia, y afrontar de una vez por todas ser quien es. Una buena tarde se presenta a su familia y les suelta algo como: “¿Sabéis ese señor al que toda la vida habéis llamado padre? Pues bien era una mentira, soy una señora y me llamo Maura”. Como premisa es tremenda, pero va mucho más allá, en mitad del tsunami que supone esta afirmación, la propia identidad de la familia se ve sacudida a su vez. Porque  al contrario de lo que yo mismo esperaba no habla sólo sobre un tema tan interesante como es el de la identidad de género, a través de la familia Pfefferman vemos cómo todos sus miembros, de una manera o de otra, andan buscando algo.

Sarah se encuentra insatisfecha, no sabe bien si es la crisis de los cuarenta o es que definitivamente ha perdido la cabeza, al final del arco de este personaje la serie nos lanza preguntas: ¿somos felices en nuestras relaciones sexuales? ¿Hay una moral que nos limita? ¿Es necesaria esa moral?

Ali ha dejado de ser la niña de papá, ahora todo parece marchar bien, pero entonces, ¿porqué ese impulso a salir corriendo?

Al pobre de Joshua la vida le golpea bien duro, uno de esos puñetazos que te dejan contra el arcén, en uno de los últimos momentos de la temporada y tras varios reveses pide a su hermana que le dejen en paz, que tiene derecho a estar triste, que necesita estar solo. Que esa frase tan manida: «si la vida te tira al suelo levántate más fuerte», está muy bien, pero ahora mismo no está para nadie, ni siquiera para él mismo. Comprendes que también es digno estar triste y querer estar solo, que no es sano tampoco pretender estar bien, cuando no se puede estar, esa larga mirada al infinito del mar en el capítulo final de la temporada me pone la carne de gallina, difícilmente puede nada hablar mejor sobre la pérdida que esa mirada vacía lanzada al confín inabarcable del mar.

Judith, hasta el momento el personaje con menos brillo de la serie, en esta temporada se ha destapado y nos ha regalado un final maravilloso del que hablaré más adelante.

Transparent no tiene compasión, ni para una Maura que en mitad del canto de su verdad, en mitad de su metamorfosis, no oye a una familia que a veces pide ayuda o le reclama ese tiempo que no pasó. Cae en el dichoso autopaternalismo que a más de uno nos sonará.

Después de su traumático viaje en el final de la segunda temporada, Maura siente que nunca va a poder llegar a sentirse completamente una mujer, incapaz de poder salvarse a sí misma y comportándose muchas veces como una auténtica narcisista que no es capaz de ver más allá de su angustia.

Nadie, desde A dos metros bajo tierra habló mejor sobre la familia (y hablo de una de las mejores series de la historia de la televisión). Transparent, en capítulos de una duración inferior a la media hora y con una pretensión inferior a la serie de la HBO, ha conseguido una historia igual de compleja, igual de humana.

Porque si Transparent puede resumirse en una palabra, es precisamente esa, humana, y sé lo horriblemente petulante que suena, pero retrata de una manera tremendamente sincera los complejos, miedos, cada una de esas decisiones que de puertas afuera proyectamos como muy seguras y consolidadas. Nuestras relaciones afectivas, nuestras creencias, la identidad sexual, la familia…

Transparent es también bellísima, porque al igual que la vida en mitad de la tristeza, del miedo o de la soledad aflora la compañía, aflora también la valentía de esta familia que pese a ser poco usual podría ser la de cualquiera de nosotros.

Todo esto se me viene a la mente mientras aún resuena Hand on my pocket en mi cabeza y pienso en Judith Light, triste y decepcionada, sola. Cantando (o contando) encima de un escenario a su familia todo lo que no le han escuchado en tanto tiempo, reivindicándose a ella misma. Apago el ordenador feliz, reconciliado por un momento con un mundo que se atreve a pasear autobuses señalando y juzgando a gente que se atreve a ser lo que realmente es.

«I feel drunk but I’m sober

I’m young and I’m underpaid

I’m tired but I’m working, yeah

I care but I’m worthless /(restless)

I’m here but I’m really gone

I’m wrong and I’m sorry baby».

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