Por qué no somos felices

Minimalimo: ‘tendencia estética e intelectual que busca la expresión de lo esencial eliminando lo superfluo’.

Con esa palabra traducen su estilo de vida Joshua Fields y Ryan Nicodemus en Minimalismo, un documental sobre las cosas importantes, que viene después de una gira mundial y un libro a sus espaldas explicando su búsqueda y supuesta fórmula de felicidad. Cuando comencé a tener noticias de esta voz que iba sobresaliendo de entre los speakings que estos dos ex-altos cargos estadounidenses iban dando por universidades, teatros y televisiones acerca de un cambio radical, de un reinventarse a sí mismos, no me pareció más que un nuevo best-seller de autoayuda. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, solo era la consecuencia directa de un cambio de perspectiva que en un intento de encumbrar la De vita beata de Séneca había transformado su propia realidad. Algo tenían en común: un reciente sentimiento de soledad e infelicidad edulcorada con éxito profesional, casas acordes a sus sueldos y una vida resuelta al modo del sueño americano.

Minimalismo, un documental sobre las cosas importantes / Imagen: The Minimalists/Netflix.

En escena, un paisaje de ensueño con una casita de treinta y cinco metros cuadrados en la que una pareja explica cómo se deshicieron de todas aquellas propiedades que ocupaban mucho espacio, pero no llenaban un vacío que desde que el ser humano hizo uso de la palabra intenta llenar. Ese vacío se traduce en infelicidad, miedos, frustraciones, la constante cuestión sobre nuestra materialidad y el consecuente pensamiento sobre cuál es nuestro cometido en el mundo.

Todos los días nos vemos bombardeados con vidas de éxito, de brillantina reflejada en las pantallas de nuestros ordenadores. Vivimos abocados al constante pensamiento de que más es más. Y, por tanto, ese más nunca va a tener un límite abarcable y en ese abstracto límite hemos asentado nuestras expectivas. Según una conocida marca de telefonía, miramos nuestro móvil unas ciento cincuenta veces al día, lo que quiere decir que nos comparamos con los demás esas ciento cincuenta veces al día de una manera puramente inconsciente. Empezamos a querer cosas, pero no por el hecho de poseerlas, sino por lo que van a simbolizar en la medida en la que nos relacionamos socialmente. ¿Cómo es posible que un producto anhelado se convierta en nuestro motivo de infelicidad cuando sacan la nueva versión de la misma pieza? Esto, sin exagerar, es lo que ocurre cuando ciertas empresas provocan que su material se pase de moda en cuestión de una semana, un mes, medio año o el laxo de tiempo que haga de su empresa un negocio rentable.

Los protagonistas de esta nueva tendencia a la que cada día se incorporan más personas, que hicieron todo lo que la escala social les exigía para ser ciudadanos exitosos y vieron como única respuesta la soledad y todo lo que ello significa, abogan por no adecuarnos a lugares, sino hacer de nuestras necesidades nuestro espacio, tanto físico (y traducido en nuestra propia vivienda) como mental, fijando nuestro día a día en hechos intencionales que provengan de la simple voluntad. Cuando el pragmatismo gana la batalla en el mundo hecho a la imagen y semejanza de un materialismo que ni siquiera es tal —porque el valor reside en la pompa de la posesión y no en la posesión en sí— la introspección es el único camino. Aunque no siempre se encuentren respuestas.

Al final se basa en el valor de admitir con total sinceridad lo que verdaderamente contribuye a una vida tranquila. Los protagonistas se pasean en un coche normal, con un móvil normal, normalmente vestidos. Admiten el hecho de que puede haber muchas realidades, muchas plantillas de vida y su alternativa altera los cimientos en los que han construido la sociedad desde los noventa, cuando el consumismo en Estados Unidos se disparó como la espuma, así como los productos chinos a bajo coste. Es su respuesta en una sociedad que nos muestra todo lo que podríamos ser sin decirnos cómo, en la que queremos cosas, no a personas —y menos a nosotros mismos—. Y al final, tampoco ellos son capaces de darnos la clave de la ansiada felicidad, pero nos advierten de que sí, todo puede ser de otro modo fuera del universo Matrix.

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