El síndrome de las cabañas: «All work and no play makes Jack a dull boy»

La bella estampa que se expone en una postal invernal, compuesta de casa con chimenea humeante sepultada en un blanco de sepulcro, puede despertar sosiego en la mente del lector. Y, dentro de la diminuta casita, casi un punto de color en el níveo universo, quizá un lanudo can y un retrato al óleo de otro paisaje lechoso. La imagen de invierno que colma las cabezas y se asoma por los paraguas actualmente puede acompañar también a los frustrados personajes de este artículo, aprisionados en una estación tan bella como funesta.

El invierno empuja a personajes como la Elsa de Frozen o el Jack de El resplandor a atravesar el denominado síndrome de las cabañas o fiebre de las cabañas, o también “síndrome de la soledad inquieta”.

Si bien el término “soledad” deriva del latín como “cualidad de estar sin nadie más” (de ahí también se extrae la palabra “soltero”), en el caso de los siguientes personajes no podemos afirmar que el retiro sea exactamente una virtud. Todo lo contrario. La enfermedad denominada “síndrome de la soledad inquieta” (SSI) es “un concepto muy reciente de la psicología cognitivo-conductual moderna, y hace referencia a un estado del individuo en el que en los momentos de aislamiento social padece episodios depresivos leves, crisis nerviosas y búsqueda de compañía que le libere de los pensamientos irracionales invasivos de la mente”. Precisamente son el Jack de Nicholson y la Elsa de Frozen los que sufren estos paranoicos episodios.

The shining (1980) / Imagen: Warner Bros. Pictures/Hawk Films/Peregrine.

El invierno de Murakami

Recientemente, la editorial Tusquets se ha decidido a publicar un libro que, hasta hace poco, era imposible ya de encontrar en las librerías. Se trata de La caza del carnero salvaje, editado por primera vez por Anagrama en su colección Panorama de narrativas en 1992 y después por Compactos, en 2009. Finalmente, se dejaron de imprimir ejemplares y el libro cayó en el limbo.

Los lectores asiduos del escritor japonés ya pueden dejan de buscar el unicornio dorado, pues debido al impedimento de darle caza al carnero, los tomos que circulaban en algunas páginas web estaban valorados en la apabullante cifra de 200 euros, y dejarse caer por cualquier librería para hacerse con su tomo.

El protagonista y cazador, personaje sin nombre, se ve envuelto en una trama poco convencional. Debido a la difusión de la imagen de un rebaño de carneros por parte de su empresa de publicidad y traducción, se ve obligado a dar captura a uno de esos animales que aparecen en la foto. El carnero destaca entre los demás compañeros, tiene una pequeña estrella negra en el lomo que lo caracteriza. Un importante político persuade y amenaza al tranquilo protagonista a través de su secretario para que vaya en la busca de dicha bestia. El protagonista sigue las pistas que le conducen al carnero y se desplaza hasta una cabaña en las alejadas montañas de Hokkaido. Hincado en ese paisaje nevado, como un alfiler clavado en la joroba de un camello, Murakami nos ofrece a través de su personaje bellas descripciones:

«Metí las manos en los bolsillos y, de pie ante una de las ventanas del salón, me quedé contemplando fijamente aquel paisaje. Todo en él se desarrolla con plena indiferencia hacia mi persona; sin tener nada que ver con mi existencia; sin tener que ver con la existencia de nadie. Todo fluye, simplemente. La nieve cae, la nieve se derrite».

Ante esta monotonía, el personaje solo se dedica a cocinar alimentos e ingerirlos, mientras perfecciona su arte y destreza en la cocina. Ante la imposibilidad de escapar de esa surrealista empresa que le han encomendado, las páginas se cargan de cenas y desayunos, del manual Cómo hacer pan que el lector lee a través de los ojos del personaje sin nombre.

Un invierno apacible, un invierno solitario, es el que ofrece Murakami mientras espera la ansiada llegada del carnero.

Frozen, el psicótico invierno de Disney

Es esta una de las películas que más tirón ha tenido en los últimos años. Resulta hasta descabellado que, habiendo sido proyectada por vez primera en España el 29 de noviembre de 2013, durante las Navidades de 2016-2017 las jugueterías siguieran colmadas de Elsas, Annas y Olafs. Sus canciones se tararean en el metro y las mochilas de los escolares siguen estampadas de copos de nieve con brillantina y la trenza rubia de la princesa.

La película está basada en el cuento La reina de las Nieves del danés Hans Christian Andersen. Aunque con algunas licencias literarias, Disney recoge la imagen de la furiosa reina que ya brindaba el popular escritor y le añade un muñeco de nieve y una pizpireta hermana pelirroja. Como recogemos en un extracto del cuento de Andersen y que describe a la perfección el tipo de ambiente donde se encuentra Elsa:

«Los muros del palacio eran de nieve y ventisca, y las ventanas y puertas, de viento cortante; había más de un centenar de salones, todos obra de la ventisca (…) y eran muy grandes, muy vacíos, fríos y resplandecientes (…) en medio del vacío, inmenso salón de nieve había un lago helado; estaba roto en mil pedazos, y en medio se sentaba la Reina de las Nieves, y por eso se decía que se sentaba en el espejo de la razón».

En el lago helado se sienta la Reina de las Nieves, quien, años más tarde, se convertiría en la Elsa de Disney.

En el cuento original, la protagonista se alza distante y se recrea ante ese aislamiento. Sin embargo, en la película siente remordimientos y se observa en ella una evolución: huye de su reino aterrorizada por el hecho de sentirse diferente a los demás, debido a su excepcional poder. En un estilo similar al rey Midas, que todo lo que tocaba lo convertía en oro, Elsa congela toda realidad que sus manos tocan.

Es capaz, incluso, de confeccionarse un elegante vestido y construir un palacete la mar de bonito, dejando en pañales al madrileño Palacio de Cristal. Todo esto, al ritmo de una canción que jamás se te quitará de la cabeza. Promesa.

Elsa elige su soledad y se decide a que, igual que el personaje de Murakami, el invierno la cubra y caiga sobre ella. Su furia y rabia, reflejada en la película cuando ataca inconscientemente a su hermana, se cristalizan con más intensidad en el relato de Andersen.

La reacción de la muchacha puede interpretarse como una consecuencia directa de la exposición a la soledad invernal a la que se acoge. Atentar contra su hermana y ver reflejada tanto en ella al enemigo, hasta tal punto de crear un glacial sicario para que la destruya, no es sino un brote psicótico que sufre Elsa.

Por tanto, en la gélida princesa de Disney podemos atisbar algunos rasgos comparables con la enfermedad que sufre el Jack de El resplandor, interpretado por Jack Nicholson. Por supuesto, al más puro estilo Disney: no aparecerán hachas ni tampoco escenas de desnudos.

Elsa y El resplandor: el síndrome de las cabañas

Cuando a Jack le brindan la oportunidad de ser guardián de un silencioso hotel en Colorado, no duda un segundo en aceptar el trabajo. Junto con su pequeña familia nuclear, compuesta por un niño pequeño y su mujer, se mudan al Hotel Overlook.

Una vez en el hotel, deberán hacer frente al largo invierno los tres juntos. Jack aprovecha el tiempo para escribir su novela, pero este personaje se revela como el más débil de los tres al ser el primero en derrumbarse psicológicamente ante tamaña soledad.

Al igual que la Elsa de Disney, pero con el punto de Stephen King, su realidad se despedaza en mil partículas cuando agrede a su propia familia. Además, es famosa la escena que muestra a Jack escribiendo la eterna «All work and no play makes Jack a dull boy».

Aunque quizá no hayan estado juntos hasta ahora, Jack y la popular cantante-dibujo animado Elsa atraviesan un síndrome similar: un brote de esquizofrenia. Cabe decir que en el caso del personaje interpretado por Nicholson, esta enfermedad se manifiesta de manera más grave.

La esquizofrenia consiste en un desorden psicológico en el que el enfermo muestra delirio, confusión y un claro comportamiento desorganizado. Esta enfermedad se desvela como consecuencia directa del síndrome de las cabañas. Dicho trastorno es causa de la exposición del individuo a un aislamiento social que induce al enfermo a agredir a sus compañeros.

La idea del aislamiento, del terror a escapar del grupo, ha sido explorada en otras muchas historias, como en la polémica película de Night Shyamalan El bosque, parte de la historia de un grupo de personas que viven aisladas de toda civilización, al más puro estilo amish. Y como protagonista también se alza Jack Nicholson en Alguien voló sobre el nido del cuco, basada en la novela homónima y que, asimismo, presenta a unos personajes que viven alejados del resto de la sociedad en un hospital psiquiátrico. Aquel que se distingue entre el grupo es amenazado con una cruel lobotomía.

Por último, un aviso. Si algún día el lector se sorprende a sí mismo escribiendo repetidamente All work and no play makes Jack a dull boy, en lugar de la consabida lista de la compra o las indicaciones del google maps, probablemente deba procurar acudir corriendo a una cafetería y regresar a la civilización. Ante todo, para evitar cualquier rostro emergiendo de una ventana y amenazando con un «Here is Jack…».

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