El otro lado del día a día

El otro lado de la esperanza (2017), de Aki Kaurismäki. Imagen: Sputnik.

La historia del ser humano se puede resumir, de una forma vaga y rápida, como la lucha de unos individuos contra otros. Claro está que dicha lucha se puede desempeñar de maneras muy diversas y métodos muy diferentes. De esta forma, cada acto se puede entender que es una posición política, por lo que las acciones que pueden provocar un acto más directo en la realidad no tendrían que tener necesariamente una mayor carga política que aquellos otros actos que se dedican a, por ejemplo, describir un estado de cosas.

Cuando Julio Cortázar se marcha a Nicaragua en los años ochenta con la idea de dar cuenta de los hechos que allí suceden, su herramienta para promover un cambio es su máquina de escribir. Busca estar presente en el conflicto para poder contar lo que allí ve (y así quedó reflejado en Nicaragua tan violentamente dulce).

En el caso de Ken Loach, su herramienta es una cámara cinematográfica. El director inglés, como ha declarado en numerosas ocasiones, no busca cambiar el mundo con su cine, sino hacer que la gente vea lo que ocurre y, a partir de ahí, hacer reflexionar a los seres humanos.




Ambos son dos modos de promover un cambio, con una visión más humanista su ideología se expone con seriedad. En el caso del cine de Aki Kaurismäki, la concepción de la realidad es más pesimista, por lo que hace uso de un humor extremadamente fino y a la vez muy eficaz. En la presentación de The other side of hope (El otro lado de la esperanza), —Oso de Plata al Mejor Director en el Festival Internacional de Berlín—, declaraba, fiel a su sentido del humor, que no buscaba ya cambiar el mundo, ni siquiera Europa, que se conformaba con hacerlo con Asia. Con esta declaración de intenciones, el siempre irreverente director finés nos presenta la segunda parte de la denominada Trilogía de los puertos, trilogía atípica, debido a que podría quedar en dos partes, ya que, como había ocurrido después de la presentación de la primera entrega, Le Havre (2011), Kaurismaki no deja de anunciar su retirada del cine.

La historia, con la inimitable propuesta estética de Kaurismäki, narra la llegada a Finlandia de un refugiado sirio, Khaled (interpretado por Sherwan Haji), que busca a su hermana, Miriam (Niroz Haji), también huída de Siria debido al conflicto bélico. En su camino se cruzará Wikström (el habitual y siempre genial Sakari Kuosmanen), un comercial aburrido de su trabajo y matrimonio que busca cambiar de trabajo, y que ayudará, con ayuda de sus empleados, a Khaled.

El metraje muestra diversas caras de la sociedad finesa, que bien podría ser la de cualquier país occidental de hoy en día: desde el ciudadano de a pie como Wikström al inmigrante como Khaled, pasando por grupos xenófobos, unos jóvenes falsificadores de documentos o el funcionariado y la policía del país, con el fin de mostrar que detrás de un miedo latente del conjunto de la sociedad ante ataques hacia su vida, las políticas conservadoras que se aprovechan de esta cuestión, promueven una mayor conflictividad y limitación de comprensión de un problema real, tanto en lo que respecta al civil occidental como del lado del inmigrante.

En la sociedad de la información en tiempo real, generalmente condicionada por los grupos económicos que están detrás, se produce un olvido de aquel elemento que permite entender al ser humano como conjunto: su vulnerabilidad. Lo que muestra de un modo bastante claro que todas las acciones están cargadas de ideología.

Es claro que los problemas sociopolíticos y geoestratégicos necesitan de un análisis mucho más profundo y exhaustivo que el de esta película; pero, al igual que los ejemplos anteriormente citados, la herramienta de Kaurismäki es una cámara, con lo que podríamos decir, utilizando el título de una de las obras de Xosé Luís Méndez Ferrín, lo que se hace es una crónica de nós, una crónica de lo que somos, de nuestros días.

Sin perder el sentido del humor, o perdiéndolo de manera irremediable, podríamos preguntarnos en qué momento hemos dejado de ser seres humanos para pasar a ser deportistas-emprendedores-aventureros.

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