Cajun y Zydeco, los sones de los pantanos de Luisiana

Gran parte de la música del siglo XX lleva el sello inconfundible, aunque a veces diluido, de los afroamericanos estadounidenses. La influencia del jazz y del blues en el rock y en todos los sones populares de carácter más cosmopolita es innegable. Por eso resulta curioso encontrar un género musical, aunque local y minoritario, en el que la comunidad de color americana sigue patrones ajenos y no constituye la fuente original de creatividad del estilo. Dicho llanamente: un sonido en el que los negros copian a los blancos y no al revés. Y ese género es el cajun de Luisiana, originario de los descendientes de los colonos franceses, adoptado y enriquecido por los músicos del zydeco.

Viajemos hasta el principio de esta historia: en 1755 los británicos expulsan a la población francesa de la región de Acadia en Nueva Escocia, en lo que es el actual Canadá, durante la Guerra de los Siete Años al poner en duda su lealtad y prever una posible traición en favor del partido de Luis XV. Gran parte de los refugiados recalan en el sur del territorio francés de Luisiana buscando la acogida de parientes y amigos, como relata el poema Évangéline de Henry Wadsworth Longfellow («Sought for their kith and their kin among the few-acred farmers»). Luisiana recibe además un numeroso contingente de población de color, bien como mano de obra esclava para las plantaciones, bien como hombres libres (free coloreds) procedentes de Haití después de su independencia de Francia en 1804. Un caldo de cultivo social que favorece la interculturalidad y el mestizaje musical.

☜ Amedee Ardoin / Foto: Christopher King.

Los pobladores de la colonia americana francesa se autodenominaron ‘cajun’, un término coloquial adaptado de la lengua acadia que trajeron consigo. Cajun será también el nombre que recibe el estilo musical propio de esas tierras que tiene su génesis en baladas cantadas en francés y en la presencia del violín como instrumento original de acompañamiento. Los folcloristas sitúan la llegada de este cordófono a la región hacia 1700. Fácil de transportar y con potencia sónica suficiente para animar veladas, contribuye a convertir las baladas francesas en música de baile, esfuerzo al que se suman tanto la influencia de las jigas de los vecinos ingleses y de las polkas y los valses de los germanos. El cóctel inicial de la música cajun se completa hacia 1800 con la llegada al sur de los Estados Unidos del acordeón de manos de los alemanes, que rápidamente se convierte en el sonido característico del estilo desplazando al violín.

De esta forma, la música cajun primitiva tiene su base en el acordeón, acompañando al canto en francés, al que se puede añadir la guitarra y el violín, y como base rítmica, el triángulo o la tabla de lavar.

Aunque Luisiana perteneció a la corona española entre 1764 y 1803, los cajun nunca aceptaron el gobierno español e igualmente mostraban un resentimiento e incluso desprecio hacia los colonos protestantes de origen británico. Ello les hizo congeniar más tanto con los pobladores negros como con las tribus indias que vivían más al norte.

Y llegamos al siguiente giro estilístico de este pintoresco género musical, la influencia afrocaribeña. O quizá deberíamos decir la apropiación, puesto que los negros que viven en Luisiana incorporan el folclore local francés al suyo propio. En la década de 1930, el musicólogo John Lomax y su hijo grabaron a población de color de Luisiana cantando jures, un nombre derivado del francés jurer, que se interpretaban a capella con el acompañamiento de palmadas y gritos. Entre el material que grabaron aparecía el tema clásico Les haricots sont pas sales, título que se puede traducir como Las habas no están saladas, como una forma de decir que los tiempos son malos. Es precisamente esa canción la que da lugar a un nuevo estilo derivado del cajun, pues la población negra va derivando la palabra francesa les haricots hacia las formas zarico, zorico, zodico y, finalmente, zydeco.

La costumbre que tenemos los humanos de etiquetarlo todo ha llevado a que el término cajun se asocie a la música blanca y el zydeco a la de los afroamericanos de Luisiana, pero lo cierto es que en la primera mitad del siglo XX la diferencia no estaba tan clara, pues blancos y negros participaban de los mismos sones. Por ejemplo, el acordeonista de color Amedee Ardoin realizó entre 1924 y 1934 una serie de grabaciones clave del género acompañado del violinista blanco Denis McGee. Para ellos no existían tales denominaciones y hablaban de lo que tocaban como de “música francesa”.

Hackberry Ramblers.

La cultura cajun comienza a caer en desgracia a comienzos del siglo XX con los avances tecnológicos y sociales que se producen en Estados Unidos y que relegan a los habitantes de origen francés del sur de Luisiana, que adquieren un aura atrasada y paleta en un mundo en proceso de cambio frenético. En 1916 la ley prohíbe hablar el francés en las escuelas públicas y la asociación con ese idioma empieza a tener connotaciones negativas, hasta el punto que ser cajun se convierte en sinónimo de pobreza e ignorancia.

La década de 1930 trae consigo una evolución del estilo músical de los pantanos gracias a la influencia del country que llega de Nashville. Las bandas cajun, como los Hackberry Ramblers, adoptan instrumentos como la batería y la steel guitar y desempolvan el violín, cuyo protagonismo aflora de nuevo. Curiosamente, el acordeón es ahora relegado a un segundo plano al ser asociado con lo antiguo, hasta la llegada de Iry Lejeune, que lo vuelve a poner en candelero en 1948 al triunfar con el tema Love Bridge Waltz. A pesar de que fallece en un accidente de tráfico en 1955, la llama revitalista había prendido y muchos otros tocaban ya de nuevo el acordeón.

El mestizaje con otros géneros también se producía en el lado afroamericano del cajun, es decir, en el estilo zydeco. Un granjero de Lake Charles, Wilson “Boozoo” Chavis, que acostumbraba a amenizar los bailes locales con su acordeón, entra en 1954 en un estudio para grabar su primer disco. Y para acompañarle y garantizar un sonido algo más moderno, participan en la sesión los miembros de Classie Ballou and  the Tempo Boppers, una banda de rhythm&blues. Tras varios días de buscar la fórmula, finalmente el acordeón respaldado por batería, saxo y guitarra eléctrica —en la línea del rock primitivo—, logra cuajar en el single Paper In My Shoe/Boozoos Stomp que inesperadamente tiene un éxito nacional, vendiendo más de 100.000 copias.

La música de Luisiana se convierte en una fusión de estilos, en una mezcla del folclore local con jazz, country, más adelante rock… Igualmente otros géneros incorporan bien el sonido, bien la iconografía de la región de los pantanos, en sus temas. El músico country Hank Williams obtiene un gran éxito en 1952 con el tema Jambalaya (On The Bayou) por poner un ejemplo. Más allá, la mitología pantanera de Luisiana se desborda en el mundo del rock, como por ejemplo en el tema psicodélico Born On The Bayou (1968) del grupo Creedence Clearwater Revival. La cultura y la música cajun adquiere la dimensión épica de un mundo idealizado y pintoresco más cercano a la ficción que a la realidad antropológica. Y muy lejos quedan aquellos colonos francófonos de Acadia que fueron origen de todo.

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