Una música que permite todas las imaginaciones (Historias de Jazz, 1)

El capítulo 17 de Rayuela está plenamente dedicado al jazz. En un largo párrafo final, Julio Cortázar escribe, quizá, la más hermosa descripción y declaración de amor a esta música. Habla de “una música que permitía reconocerse y estimarse en Copenhague como en Mendoza o en Ciudad del Cabo, que acercaba a los adolescentes con sus discos bajo el brazo, que les daba nombres y melodías como cifras para reconocerse y adentrarse y sentirse menos solos rodeados de jefes de oficina, familias y amores infinitamente amargos, una música que permitía todas las imaginaciones…” 

El jazz ha dado para muchas historias. Ninguna como las narradas por Cortázar, pero aquí algunas de las nuestras…

‘Papa Jack’ Laine, en las profundidades de Nueva Orleans | por Luisen Segura

Uno de los muchos relatos legendarios de la Nueva Orleans de los primeros tiempos del jazz es el de un chiquillo blanco, nacido en 1873, llamado George Vital Laine. Casi nadie le recuerda por su nombre de nacimiento, porque casi nadie le conoció por él a lo largo de su vida, sino como ‘Papa Jack’ Laine, considerado padre del dixieland, uno de los estilos del jazz originario. Hay pocos datos sobre la vida de ‘Papa Jack’, porque donde opera la leyenda suele ocurrir eso, que la mitología devora la historia. Además, destaca su ejemplar comportamiento ante las leyes racistas, que impedían que en una misma banda tocaran músicos negros y blancos. Papa Jack se las ingenió para burlar la ley y que criollos y negros tocaran junto a blancos, como él. [Leer más]

Booker Little, demasiado, pero demasiado pronto | por Juan Miguel Contreras

Celebrar el aniversario de un disco de jazz puede resultar un gesto gratuito, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de grabaciones englobadas en este estilo a las que se les puede añadir el adjetivo de “imprescindible” o “clásico” (palabra que de lleno te mete en un jardín poco claro). Sin embargo hay discos de jazz, y músicos, que bien merecen un rescate, y entre todos aquellos que podrían englobar esa hipotética lista, pocos con más merecimiento que Booker Little y su disco Out Front, del cual hace unos meses se cumplieron 55 años de grabación. Booker Little poseía un lirismo innato y la consistencia firme que otorga el dominio total de la trompeta. Puede ser considerado como el gran olvidado y a la vez el gran comodín para los entendidos; sin embargo, su importancia y legado están aún pendientes de ser reivindicados como merecen. [Leer más]

To bop or not to bop: buenas prácticas de innovación en el jazz | por Pablo Rodríguez Canfranc

Leyendo la biografía del trompetista Dizzy GillespieTo be or not to bop, se llega a comprender lo que realmente supuso para la historia del jazz, y diría de la música en general, el proceso de innovación iniciado durante la década de los años cuarenta por un grupo de intérpretes jóvenes, que acabó en un estilo denominado bebop o simplemente bop. El bop supuso una ruptura determinante y sin vuelta atrás con el jazz tradicional, que condicionó toda la música norteamericana de la segunda mitad del siglo XX. En palabras del propio Gillespie: “Es evidente que lo más importante de nuestra música era el estilo, el cómo pasabas de una nota a otra, cómo tocabas. Es lo más importante porque puedes tocar lo mismo y no tocarlo de la misma manera, y no estarás tocando bebop. Nuestra forma de frasear era especial. No sólo cambiamos la estructura armónica, también cambiábamos la rítmica”. [Leer más]

Gracias Charlie Parker por Julio Cortázar | por Ulises Argandona

No se puede escribir sobre Charlie Parker. Digámoslo cuanto antes —y lo hacemos ya tarde, entrados en este segundo párrafo—. No se puede escribir sobre Charlie Parker después de haberlo hecho Julio Cortázar. Porque todo lo que se pueda expresar sobre los significados de Bird y su música está escrito de la más bella manera posible en El perseguidor, el largo relato que Cortázar escribió después de la muerte del saxofonista. Y si algo hay que agradecerle a Charlie Parker es que propiciara la eclosión del mundo de Rayuela. El propio Julio así lo reconocía: “Fíjate, me di cuenta muchos años después que si yo no hubiera escrito El perseguidor, habría sido incapaz de escribir RayuelaEl perseguidor es la pequeña Rayuela”. [Leer más]

Thelonious Monk, el gran sacerdote del bebop | por Diego Ramírez González

Cuenta la leyenda que fue en Minton’s donde todo empezó, en el club de Harlem donde el jazz tomó un nuevo rumbo, fue Minton’s Playhouse el lugar en donde a principios de 1942 empezaron a juntarse un pequeño grupo de músicos de jazz que, a diferencia de los demás, ya no se sentían a gusto dentro de la órbita del ‘swing’ y buscaban generar algo nuevo. Con los rápidos estribillos de Dizzy Gillespie y Charlie Parker, con la innovadora forma de tocar la batería de Kenny Clarke y con el desparpajo al piano del gran Thelonious Monk, este grupo de músicos extravagantes y en su mayoría pobres deleitaron a quienes por aquella época tuvieron la oportunidad de estar presentes en el instante en el que este género iba a ser sacudido desde sus cimientos para no volver jamás a ser el mismo. Estaba naciendo el bebop. [Leer más]

El relato sin edades de Chet Baker | por Ulises Argandona

Pienso a menudo en Chet Baker, en los avatares de su vida, especialmente en su final. Cómo no hacerlo, con ese misterio irresoluble que siempre acompañará el recuerdo de su última noche. Pienso a menudo en él porque escucho habitualmente sus discos. Y no me es agradable, disfruto con su música como con pocas cosas en el mundo, pero me incomoda cuando sobre ella se abalanza la historia del hombre que la hizo. Una malsana sensación me eriza la conciencia, es como si, por una suerte de contagio espiritual, experimentara el dolor y el vértigo del vacío de ser, como si el yonqui Baker me hubiera provocado su peor síntoma. [Leer más]

Diana Krall, cuando el jazz se vuelve ‘mainstream’ | por Ángel G. Perianes

Una mujer ha conseguido acercar a las fauces de las mayorías aquello que en su día alguien calificó de música de los salvajes. La historia dice que el jazz, en toda su dimensión, nunca ha sido de fácil digestión. Su fraseo atraganta y su imprevisibilidad recuerda a esas sofisticadas catas de vino en las que siempre se bisbisea “aquí hay algo que se me escapa”. El siglo XX no estaría de acuerdo, pero el XXI sabe que el jazz es asunto de minorías y de penurias. Sin embargo, esa mujer, la de la melena rubia, la de los 5 Grammy y los 9 discos de oro, la que en su día aceptó el envite de ser tez desteñida de un género negro, la de la voz sensual y limpia con la que un primitivo burdel de Nueva Orleans pasaría por café society, ha conseguido que los términos “superventas” y “cultura de masas” se asocien con la contemporaneidad del jazz. [Leer más]

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