‘The Young Pope’ y sus diez mandamientos

En el momento en que pensé en escribir sobre la serie The Young Pope de Paolo Sorrentino, la idea era hacer una especie de crítica o de crónica acerca del visionado, pero pronto deseché dicha intención. Ya sé que quien tenga intención de acercarse a estas líneas para valorar si considera interesante o no ponerse delante de la pantalla, puede sentirse defraudado y, quizá, molesto (quizá, no sin razón).

Lo cierto es que escribir una valoración a estas alturas no tiene demasiado sentido, justamente porque hay decenas de ellas en español, y cientos si sumamos otras lenguas. Los argumentos que en ellas podemos encontrar, tanto a favor como en contra, pueden ser más de nuestro gusto o menos, según nuestra filia o fobia por el napolitano.

The Young Pope (2016) / Imagen: Wildside / Sky Italia / Canal+ / HBO / Mediapro.

Ahora bien, siendo la trama ya conocida de sobra, razones para verla hay unas cuantas. ¿Por qué? Pues porque:

1) The Young Pope, más que una serie, es una película de cerca de diez horas.

2) Es más que probable que Jude Law esté ante el papel de su vida.

3) La utilización de la cámara lenta es, por lo general, muy compleja, porque puede crear situaciones efectistas que, en ocasiones, tratan al espectador de una forma infantil; y es posible que Sorrentino sea de los pocos que las utiliza bien.

4) La trama, al igual que los personajes, está realmente lograda. Muchas grandes obras tienen tramas sencillas.

5) Las preocupaciones del director se plasman a la perfección.

6) La Ciudad del Vaticano es hermosa y los planos recogen esa belleza (como muchos otros encuadres).

7) Siempre se descubren actores realmente interesantes en los trabajos del italiano. En este caso Silvio Orlando: ¡¡Voiello!!

8) Mezclar lo pop con lo clásico es una constante: ya sea música, fútbol, objetos o modas.

9) La estética es la ética. Para poner un ejemplo, el gusto por los travelling.

10) Si te gusta Sorrentino, te gustará; y si no te gusta, es una oportunidad para que lo haga.

Sé que se pueden discutir las razones de este decálogo y dar otras tantas. No seré yo quien lo niegue: tomando la idea de Cioran de que el ser humano es pura contradicción —al igual que este Pío XIII, por cierto—. Así que sin más, quien no la haya visto, que le haga un hueco en la pantalla; y para quien lo haya hecho, preparamos el terreno para luego poder discutir o matizar los diez mandamientos de la religión sorrentiniana.

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