Ve a un cruce de caminos al atardecer, siéntate, y lee sobre el ‘blues’

Si en Drugstore sabemos un poco de algo, es sobre cruces de caminos. El gusto por las disyuntivas y la elección del camino menos propicio es fruto de muchas insensateces, pero también, al menos, de un acierto o una suerte de esas que a veces tenemos las almas descarriadas: descubrir y engancharse al blues. Para celebrarlo, hemos hecho una selección de algunas de las mejores piezas sobre la más hermosa de las músicas tristes…

Para cantar el blues, hay que vivir las canciones | por Alejandro Caja

Desde que empecé a pensar en escribir esta reseña, la frase que finalmente he utilizado como título me ha estado rondando con insistencia. La cita está extraída del Carry on, el tema de Stephen Stills que abre el Dèja vu de CSN&Y, pero si la traigo es porque proporciona una clave estética que es de gran ayuda a la hora de aproximarse a la obra de Townes Van Zandt y entender la que es una de sus principales señas de identidad como artista: su autenticidad, una autenticidad que se podría decir necesaria, irrenunciable, una verdadera fuente de su estilo. Y es que los discos del tejano son —en el sentido que Unamuno lo afirmaba respecto de sus libros— el propio Townes Van Zandt, el producto de sus idas y venidas, la crónica poética —y de primera mano— de una biografía que es a un tiempo la del fugitivo y la del perseguidor. [Leer más]

Robert Johnson y el blues del diablo | por Pablo Rodríguez Canfranc

“Si quieres aprender a tocar lo que sea y a hacer tus propias canciones, coge tu guitarra y vete a un cruce de caminos. Ve ahí, e intenta estar un poco antes de las doce para asegurarte de no llegar tarde. Coges la guitarra y te pones a tocar un tema ahí sentado, solo. Tienes que ir solo y sentarte ahí a tocar un tema. Entonces un gran hombre negro llegará caminando y te cogerá la guitarra y la afinará. Después, tocará un tema y te la devolverá. Así es como aprendí a tocar lo que yo quisiera”. [Leer más]

Skip James, en el lado más oscuro del blues | por Pablo Rodríguez Canfranc

La importancia de la figura de Skip James radica en que es el eslabón perdido que une el blues popular, la música de diversión de la población afroamericana de los Estados Unidos, con el género que llegó a florecer posteriormente, el blues con mayúsculas, un estilo dotado de una profundidad poética y de una capacidad expresiva significativas. Se trata de una música que originalmente nace en intérpretes anónimos con unos conocimientos musicales limitados y que hacían uso de unas técnicas de ejecución rudimentarias. [Leer más]

Las palabras de amor de un caníbal | por Rubén Díaz

Se me ocurren dos formas de presentar al, probablemente, más inclasificable de los músicos del pasado siglo. Puedo optar por unas pocas frases de corte enciclopédico, algo así como: Screamin’ Jay Hawkins fue un músico de blues creador de una de las canciones más versionadas de la historia, el I Put a Spell On You, recordado por su particular estilo escénico, macabro, bizarro, surrealista, hilarante. La segunda manera de presentar a Screamin’ es a su estilo, desatando un torrente de palabras desmedidas que enumeren en un solo párrafo todas sus hazañas y desventuras, la infinidad de anécdotas, triunfos y sucesos que valdrían para comenzar a contar la historia de su vida captando la atención de una mente mínimamente curiosa. Pues bien, allá vamos. Cuidado con el siguiente párrafo, todo lo que lean lo propició o le ocurrió realmente a este hombre. Pueden quedar abrumados. C´mon! [Leer más]

El día que el cielo contuvo sus lágrimas | por Ulises Argandona

Fue una noche de verano, en la Playa de La Zurriola, en San Sebastián. Casi medianoche de un julio metido en lo más profundo del verano. A orillas del Cantábrico, sin embargo, el verano tiene una personalidad distinta, no es profundo sino huidizo, encuentra siempre una escapatoria hacia la primavera de cielos lacrimosos o al otoño de brisas con olor a tierra. Aquel día y aquella noche de julio en San Sebastián, inauguración del Jazzaldia 2011, era una de esas jornadas en que el verano amenaza con fugarse. La Playa de La Zurriola es la más salvaje en su oleaje de la ciudad. La enorme extensión de arena era el sitio idóneo para que apareciera un símbolo de dimensiones similares. No había otro escenario en aquel lugar del mundo más preparado para acoger la enorme presencia de un hombre de 85 años, tan inabarcable y enérgico, tan parsimonioso y salvaje, como las aguas del mar que pondrían el susuro de fondo a su música aquella noche. Fue la última vez que vi en vivo y directo a B.B. King, el rey feliz de la música triste. [Leer más]

 

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