Thelonious Monk, el gran sacerdote del bebop

“La influencia de Monk permea todo el universo del jazz hoy en día, y ninguno de los hechiceros más jóvenes que están empezando a florecer ha podido escapar completamente a Thelonious”.

Leroi Jones, Down Beat Magazine (1963)

Cuenta la leyenda que fue en Minton’s donde todo empezó, en el club de Harlem donde el jazz tomó un nuevo rumbo, fue Minton’s Playhouse el lugar en donde a principios de 1942 empezaron a juntarse un pequeño grupo de músicos de jazz que, a diferencia de los demás, ya no se sentían a gusto dentro de la órbita del ‘swing’ y buscaban generar algo nuevo. Con los rápidos estribillos de Dizzy Gillespie y Charlie Parker, con la innovadora forma de tocar la batería de Kenny Clarke y con el desparpajo al piano del gran Thelonious Monk, este grupo de músicos extravagantes y en su mayoría pobres deleitaron a quienes por aquella época tuvieron la oportunidad de estar presentes en el instante en el que este género iba a ser sacudido desde sus cimientos para no volver jamás a ser el mismo. Estaba naciendo el bebop.

Thelonious Monk / Foto: William Eugene Smith.

El singular músico Thelonious Monk es uno de los tres mosqueteros (junto con Charlie Parker y Dizzy Gillespie) que encaró la década de los 40’s con acordes y esquemas rítmicos innovadores que permitieron abrir el paso a un género del jazz moderno hoy ya mítico. El músico, autodidacta, que llegó a su instrumento desde muy pequeño gracias a un regalo familiar, no desperdició la oportunidad para nada y logró dominar el piano rápidamente. Thelonious se dedicó a la música durante toda su juventud y consiguió vivir de ello durante un buen tiempo, acompañando a un predicador evangelista por varios estados de Norteamérica; al regresar a Nueva York en el año 1941 consiguió un contrato como pianista fijo en el ya nombrado Minton’s Playhouse, donde iniciaría el periplo musical que marcaría las siguientes décadas del jazz.

La revolución melódica que instauró Monk en sus composiciones musicales le supone hoy el reconocimiento merecido, del que careció en su momento, siendo atacado por la crítica y poco entendido por el público. En sus inicios solo contó con algunos músicos que veían en él al auténtico genio que en realidad era. Debido a su carácter poco comunicativo y su forma de vestir Monk fue un hombre solitario, quizás su figura represente como ninguna otra en el mundo del jazz el arquetipo del artista incomprendido, del poeta que con sus melodías pretendía tirar por la borda la concepción clásica de la técnica ortodoxa y crear una técnica eminentemente propia, distinta e innovadora, esto, por supuesto, le supuso pobreza y marginación durante mucho tiempo; sin embargo la música fue su constante vital y la innovación su única meta.

Durante doce años Monk sobrevivió tocando en algunos clubes por un sueldo irrisorio o grabando algún que otro álbum. Dedicó su vida a la familia, a su amada esposa Nelly y sus dos hijos, Barbara y Thelonious Junior, mientras no paraba de tocar el piano, día y noche, hasta que en 1957 logró pasar la mala racha gracias a una amiga muy peculiar, la baronesa Pannonica De Koenigswarter, llamada cariñosamente por Thelonious, Nica.

Para Monk fue fundamental el apoyo de la baronesa Pannonica De Koenigswarter, quien tuvo un papel relevante en aquellos años como principal mecenas de los músicos bebop, gracias a ella le fue devuelto el cabaret card (permiso requerido para tocar en los clubes) cuando se lo habían retirado, y también pudo adquirir un nuevo piano para emprender de nuevo su camino. El estrafalario pianista y amante de sombreros de todos los colores y estilos pudo continuar trabajando y recibir los elogios que tardíamente empezaban a arribar; mientras, él continuaba tocando con los mejores y grabando verdaderas obras maestras, entre las que cabe destacar el álbum Thelonious Monk With John Coltrane, de 1957, o el álbum Underground, con su magistral portada en la que vemos a un nazi atado mientras un ficticio Thelonious perteneciente a la resistencia francesa toca el piano y se fuma un cigarrillo.

En la actualidad existen canciones que son imprescindibles, aquellos temas que has de recomendar a un amigo cuando te pregunte qué músico debe escuchar para adentrarse en el prolífico mundo del jazz; es lo que en literatura llamamos el canon, en el que podemos encontrar a un puñado de autores privilegiados que sobreviven a la pátina del tiempo y, por supuesto, con ellos sus obras más destacables. Con Thelonious pasa lo mismo, sus composiciones hoy forman parte de los imprescindibles del género, con canciones tan significativas e inolvidables como Round Midnight o Blue Monk, melodías que se impregnan en la piel como un perfume, se recuerdan y se tararean en la calle en el instante menos inesperado cuando nuestro inconsciente nos trae el sonido y el recuerdo de la música única e incomparable de este arquitecto del jazz moderno.

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