Otoño, martes

Miró el viejo árbol. Aquel ciprés llevaba décadas allí plantado, frente al antiguo bungalow que comprara cincuenta años atrás y que por razones sentimentales, que diría Sam Cooke, aún conservaba. Nunca hasta entonces se había detenido a observarlo, no reconocía ningún rasgo concreto que lo distinguiera de cualquier otro de su especie. Si le pidieran que dibujara de memoria aquella casa, con toda probabilidad olvidaría incluir aquel viejo árbol.

La calle guardaba silencio. Fue molesto escuchar esos pensamientos ante el silencio atento de aquella podrida calle, como cuando charlas acaloradamente con un viejo amigo en un bar y de repente se detiene el bullicio y se oye tu voz a gritos. Sintió una punzada en el pecho, el clásico dolor triste que avisa de que algo no va bien. Por un momento creyó que le invadiría la pena, pero las emociones ya no eran lo mismo. A su edad. El arte de controlar la propia pasión era el fraude más estúpido que nunca había cometido. Una vez interiorizadas sus técnicas, la mente por sí sola desactivaba cualquier emoción de manera mecánica. El asunto era irreversible.

Fotografía de Richard Kalvar, Magnum Photos.

Ahí estaba, sin embargo, detenido en las escaleras de su bungalow. Las llaves en una mano, la bolsa del supermercado en otra y la mirada fija, aunque desenfocada, en ese ciprés que se empeñaba en ser invisible. El reino de lo común imperaba los martes por la mañana. Entraría en casa y se serviría una copa de jerez, encendería la televisión sin darse cuenta y miraría La ruleta de la fortuna durante un rato en el que aparentaría pensar en otra cosa pero en el que en realidad no pensaría en nada.

La ruleta de la fortuna le trajo el recuerdo, por una mera asociación de ideas, de aquella vez en su vida que jugó a la ruleta rusa, por aquella época era ya un hombre adulto, es decir, estaba en ese momento en el que ya no te puedes considerar joven, apenas alcanzada la cuarentena, ¿en qué coño andaría pensando? Ah, sí… había alcohol, coca, y un grupo de idiotas muy colgados en una ciudad borrosa de Europa Central. Visto desde la distancia, no parecía real. Pudo haber muerto en aquel estúpido momento. Pero no fue su hora. El factor suerte es determinante en la vida.

Sin lugar a dudas, hay otras cosas importantes, como trabajar duro o profundizar en lo que haces, esto es evidente. Pero la suerte es determinante. Imagina que has llegado con esfuerzo a convertirte en un concertista de piano, has sacrificado años de juventud y renunciado a irresistibles tentaciones efímeras hasta que por fin disfrutas de la vida que soñabas: tienes éxito ­­­—es decir, comodidades, porque nada te libra de ir al wc como todo Dios— pero entonces, en un fortuito accidente, te destrozas la mano y no puedes seguir. Determinante.

Se levantó a servirse otro jerez y cortó queso parmesano para acompañar. Sonó el móvil. La chica al otro lado del aparato le ofrecía un  nuevo contrato de teléfono. Su voz poseía un aroma que lo atrapó. Permaneció en silencio de un modo tan solemne que la chica le tuvo que preguntar si seguía al otro lado. Para ella era una llamada entre las varias decenas que efectuaría esa mañana. Esperaba un no de antemano. Pero, cuando por fin decidió hablar, el viejo no sólo se mostró amable con ella, sino que dio una respuesta afirmativa.

Le dijo que sí porque quería seguir escuchándola. No analizó la propuesta que la profesional operadora le había explicado con detalle; le sobraba dinero. En otra ocasión la habría cortado con acritud, o habría colgado el teléfono, pero aquella voz lo había hechizado. Cuando se agotó la conversación, dejó como saldo una operadora contenta por un nuevo contrato —estos trabajos tienen un fuerte componente moral— y un cliente agradecido por escuchar una voz femenina que lo sacara de sus vanas cavilaciones en una mañana gris.

Recordó su próximo concierto. El disco estaba recibiendo unas críticas excelentes y apenas debía ensayar; conocía las letras a la perfección y los temas fluían como si llevara toda la vida con ellos. Se había corrido el rumor de que este disco sería su despedida, su testamento artístico. Esto le recordaba la peli de Sorrentino, titulada Youth con gran ironía. Ahora el concepto estaba de moda. Cuando escuchó por primera vez esa historia de que el disco era su testamento le hizo gracia, pero acto seguido se le congeló la sonrisa y maldijo entre dientes a los periodistas, al género humano.

Pero tal vez el rumor fue alentado por él mismo, cuando afirmó encontrarse preparado para la muerte. Y claro, tenía ochenta y dos años. Ni siquiera recordaba si lo había dicho en tono de broma macabra, tal vez lo dijo con toda la seriedad del mundo. Esos desgraciados lo habían tomado al pie de la letra, ¿creían acaso que él no leía los periódicos? La muerte era fascinante como objeto estético, pero cuando la miraba de frente sentía terror. Sacando a pasear su elegante sentido del humor matizó el asunto en una entrevista: Quizá exageré un poco, explicó de manera desenfadada ante un puñado de amigos que rieron con él.

Entonces, decidió darse una ducha, así que se despojó del traje, se colocó las zapatillas de casa y caminó hacia el cuarto de baño con un cigarro medio consumido pegado al labio inferior. Ciertas cortinas de la casa no estaban corridas, lo que permitió a la vecina del bloque de enfrente ver la silueta desnuda del viejo andando por el pasillo. Abrió el grifo de agua caliente y esperó un par de minutos a que se caldeara el cuarto, el vapor fue inundando la estancia mientras en su radio explicaban los últimos bombardeos sobre Siria. Cuando metió el pie en la bañera, se le resbaló hacia adelante y se agarró a la cortina, que cayó sobre él. El agua continuó manando durante horas, trepó las paredes de la bañera y se dirigió hacia el pasillo para, a continuación, filtrarse por la puerta principal. Dos jóvenes policías encontraron al viejo flotando en la bañera como un vulgar trozo de pollo en su caldo. No lo reconocieron. ♦︎

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies