Martin Scorsese: la trilogía fundamental

Si la historia del cine se tuviera que contar partiendo de unos pocos nombres propios, uno de ellos sería seguro el de Martin Scorsese. El director neoyorquino es, quizás, el único gran renovador del cine norteamericano de los años 70 que consiguió sobrevivir a sus films de aquella época, manteniéndose como una figura de referencia en la modernidad de casi medio siglo. Mientras Coppola, el otro gran genio de su generación, se perdió para siempre en el recuerdo de sus grandes obras maestras (la saga entera de El Padrino y Apocalypse Now), y Spielberg se mantuvo regular en grandes (y medianos) pero acomodaticios films siempre dentro de la formalidad, Scorsese conservó el espíritu indagador durante décadas. Solo él sigue siendo promesa de ver algo nuevo en cada uno de sus estrenos. Y quizás se le pueda comparar únicamente con Kubrick, en cuanto a cantidad de títulos eméritos. Malas calles, Alicia ya no vive aquí, New York, New York, After Hours, El color del dinero, El cabo del miedo, Casino, Gangs Of New York o El lobo de Wall Street son ejemplo, desde primeros de los 70 hasta entrada la segunda década del siglo XXI, de cine sobresaliente, con mayúsculas, cintas determinantes de su época que sirven para definir las distintas edades y etapas de la historia del Séptimo Arte. Otras obras, fuera del largometraje de ficción, como el documental El último vals o el cortometraje Life Lessons, capítulo de New York Stories, están más allá de lo sobresaliente, ubicándose directamente en el estante de las obras maestras (aunque sea en el de rarezas que son obras maestras).

Scorsese y De Niro, en el rodaje de Toro Salvaje (1980).

Sin embargo, de entre toda su filmografía, tres títulos destacan con rótulos inapagables en la historia universal del cine: Taxi Driver, Toro Salvaje y Uno de los nuestros. Cualquier aficionado al cine que se precie tiene tres asignaturas elementales en estos films. En Drugstore, Luisen Segura ha abordado la importancia de cada uno de estos films, que pueden ser considerados la trilogía fundamental de Martin Scorsese. 

Taxi Driver: por el espejo retrovisor solo se ven fantasmas (1976)

Hay veces que se alinean los astros más brillantes. Una de esas ocurrió en 1975, cuando un guionista de cine excepcional pero alcohólico, y autodestructivamente deprimido escribió en una semana el libreto de Taxi Driver, la historia de un tipo tan solitario como él, pero bastante más zumbado. El guionista era Paul Schrader—que posteriormente firmaría historias como Toro Salvaje y La última tentación de Cristo—. Brian de Palma, irregular —siendo generosos— director, era amigo de Schrader, muy buen amigo, tanto que al leer el guión de Taxi Driver no se lo agenció, sino que puso en contacto a su colega con el director que mejor le parecía podía dar vida a esa joya: Martin Scorsese, el joven prodigio que había dirigido Malas Calles Alicia ya no vive aquí. El flechazo fue mutuo. A fin de cuentas, eran dos tipos bastante coincidentes en cuanto a “dolores” de cabeza, y con los mismos gustos por lo psicotrópico y lo adictivo.

Taxi Driver (1976) / Foto: Columbia Pictures.

El siguiente astro en alinearse fue el más genuino de los nuevos —y últimos— actores del “método”, un Robert de Niro que contaba 33 años por entonces y una reciente estatuilla de los Oscar por el papel del joven Vito Corleone. De Niro se encontraba en Italia cuando su amigo Marty le llamó, rodaba Novecento con Bertolucci; en una pausa de ese rodaje cogió un avión para Nueva York y se fue directo a sacarse la licencia de taxista. Estuvo cerca de un mes recorriendo la ciudad y cobrando carreras. Luego volvió a Italia para acabar Novecento. Y luego de nuevo a Estados Unidos, con el taxista Travis Bickle latiendo en su interior. [Leer más]

Toro Salvaje, la vuelta al combate de Martin Scorsese (1980)

A las crónicas y retratos pugilísticos de Gay Talese les faltaba una sinfonía de imágenes y un relato audiovisual como el que construyó Martin Scorsese con Toro Salvaje. Lo hizo rodeado de amigos y gracias a ellos, en el momento más bajo de su vida, después de estar casi a punto de morir por una sobredosis de cocaína y con todo su mundo puesto del revés.

Toro Salvaje (1980) / Foto: United Artists.

Scorsese venía de filmar la letanía urbana definitiva, Taxi Driver, que además de Palma de Oro había sido un éxito de público, y después una gran obra menor como New York, New York, con la que se había pegado un sonoro batacazo comercial. Cosechaba honores cinematográficos y leyenda de autor como matrimonios, para entonces ya contaba dos divorcios y se ponía en camino del tercero, el de Isabella Rossellini, al poco de casarse. Tal era su estado y la confianza en su propia sensatez que él mismo reconoció tiempo después: “Yo puse en Toro salvaje todo lo que sabía, todo lo que sentía, y pensé que eso sería el final de mi carrera. Es lo que se llama un film kamikaze: se pone todo dentro, se olvida todo y después se intenta encontrar otra manera de vivir”.  [Leer más]

Uno de los nuestros… y algo de nosotros (1990)

Martin Scorsese tiene un puñado de obras maestras bajo su firma, y otro buen puñado de buenas películas. De estas últimas, bastantes de ellas filmadas en los últimos veinticinco años. Cintas como El lobo de Wall StreetInfiltradosGangs of New York o Casino dan muestra de su nervio creativo. Pero les falta algo, ese algo difícil de determinar que hace de una buena película una obra maestra. La última vez que lo consiguió, reconocido tal mérito de manera unánime, fue en 1990, con Goodfellas, a la que en España conocemos como Uno de los nuestros.

Uno de los nuestros (1990) / Foto: Warner Bros.

Ni Taxi Driver, ni Toro SalvajeUno de los nuestros es el más genuino y auténtico Scorsese. En todas ellas, por cierto, con un Robert de Niro inconmensurable. Taxi Driver y Toro Salvaje son dramas urbanos, estéticos, templados, perfectos en su conjunción de imágenes, música y palabras. Obras con el sello Scorsese. Pero Uno de los nuestros es la película en la que Scorsese lleva a la máxima exposición su particular estilo de filmar. En Uno de los nuestros lo trascendente le cede el paso al efectismo, en el mejor sentido del concepto. Es el Scorsese vertiginoso, el del ritmo endiablado, el sin miedo a romper las convenciones narrativas y, ante todo, el de la cámara en plano secuencia más loca e imposible jamás vista. [Leer más]

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