¿De qué hablamos cuando hablamos de correr?

Dice Haruki Murakami en el que quizás sea su mejor libro —De qué hablo cuando hablo de correr (2007)— que, en su caso: “la mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana”. Las historias de gente que corre son tan antiguas como el desamor o la guerra. Una selección de las mejores que hemos publicado en Drugstore empieza por Nueva York y acaba por Etiopía vía Roma en 1960…

Maratón de Nueva York, historias de otoño | por Rodrigo Amorós

Soy un corredor popular de maratones. Un runner, como se dice ahora. Nunca he corrido el maratón de Nueva York, pero jamás he dejado de pensar en él. No es la más rápida, ni la más antigua, ni la más barata. Y no nos engañemos, si todos queremos correr en Nueva York en otoño es porque nos la han colado. Al margen de que sea la carrera mejor organizada y arraigada en su entorno, maratones con historia y un ambiente acogedor hay muchas, pero Nueva York seduce por su lejanía, y no me refiero a la geográfica, sino a la que media entre el mundo real donde vivimos y entrenamos los sufridos corredores populares y la ciudad infinitamente fantaseada. Correr por Central Park es ser Dustin Hoffman metido en una trama conspirativa con nazis de por medio, es casi tan “cool” como tomar el brunch en algún lugar del Village, es la soledad y el esfuerzo redentor de todos los dramas de celuloide. Ese es el poso que ha hecho que la maratón de Nueva York sea un reto siempre presente en nuestros largos rodajes por los campos y ciudades del mundo real. [Leer más]

Steve Ovett, le queríamos tanto como la prensa le odiaba | por Luisen Segura

Parece ser que Steve Ovett descubrió su talento el día que le rompió una botella de leche en la cabeza a otro muchacho y tuvo que huir corriendo. También descubrió que, en bastantes ocasiones, uno no puede escapar de ciertas cosas. Al llegar a casa, su madre ya conocía la fechoría y la reprimenda fue inevitable. A nadie sorprendería que el jovencito Steve apagase la luz y cerrase los ojos aquella noche con una sonrisa burlona en la cara. La misma sonrisa íntima que lució invariablemente al término de cada carrera, ganara o perdiese, durante los últimos años 70 y los primeros 80. [Leer más]

El corredor de fondo y el aire de la infancia | por Rodrigo Amorós

Un buen título para este artículo hubiera sido: De qué hablo cuando hablo de correr. Porque expresa sencillamente su propósito. Y porque parafrasea a Raymond Carver. Sin embargo, el famoso novelista Haruki Murakami tuvo antes la acertada ocurrencia, para su libro de memorias de corredor. No hubiera tenido problema alguno en copiarle la idea, de no habérseme ocurrido nada que me satisficiera. Pero el hecho de ser un título ya muy conocido hubiera podido confundir al lector, haciéndole creer que las sentencias y desvaríos de estas líneas versan sobre el muy recomendable libro del escritor japonés. Por eso opté por el pretendidamente lírico y trascendente: El corredor de fondo y el aire de la infancia. Porque este artículo va no sobre una moda —la de correr—, sino sobre una vieja necesidad —la de correr—. [Leer más]

La carrera imposible de Steve Prefontaine | por Luisen Segura

Era el día, 30 de julio de 1976, viernes tarde. Y era el lugar, Montreal, el Estadio Olímpico. Durante cuatro años, Steve Prefontaine no había hecho otra cosa que pensar en aquella cita, la final de los 5000 metros de los Juegos Olímpicos de 1976. Había estado preparándose para aquella ocasión hasta cuando parecía que no lo hacía, los meses que estuvo ‘perdido’ y vagando por las playas de Oregon, pensando en el fracaso y en el éxito, en todo lo que había experimentado aquella otra tarde de hacía casi cuatro años, en septiembre de 1972, en Munich, cuando descubrió para sí mismo y para el mundo que uno puede hacerlo todo bien, que puede poner toda la carne en el asador, arriesgarlo todo, ir franco y valeroso al combate… y perder. [Leer más]

Abebe Bikila y el Obelisco de Axum | por Rodrigo Amorós

Aksum (o Axum) es una pequeña ciudad de Etiopía que apenas alcanza los cincuenta mil habitantes; sin embargo, su historia es milenaria, como capital del Reino de Aksum, uno de los más importantes poderes comerciales del noreste de África desde el siglo I dC. Una de las muestras conservadas más importantes de su cultura es el Obelisco de Aksum, levantado en el siglo IV, con más de veinticuatro metros de altura. En 1937, las fuerzas invasoras del ejército italiano en la entonces Abisinia, expoliaron el monumento, de 1700 años de antigüedad, y lo llevaron a Roma, como trofeo de guerra para el gobierno de Benito Mussolini. El 28 de octubre de 1937, en conmemoración del aniversario de la Marcha fascista sobre Roma, se inauguró su emplazamiento en la plaza de Porta Capena. La invasión por parte de Italia de Etiopía, como parte de su extensión imperial, había encontrado la repulsa de los pueblos del mundo, pero la aquiescencia de las instituciones internacionales. La ocupación italiana solo cesó con la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial. El Obelisco de Axum, sin embargo, continuó erigido en el centro de Roma.

Tres años antes del comienzo de la invasión fascista de Etiopía, un 7 de agosto de 1932, el mismo día que se disputaba la prueba de maratón en los Juegos Olimpicos de Los Ángeles, nacía en la aldea etíope de Mout, en el seno de una familia campesina, Abebe Bikila, quien veintiocho años más tarde escribiría, quizás, la más épica historia deportiva jamás habida. [Leer más]

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