Por qué ni siquiera la propia ‘Rogue One’ tiene interés en sí misma

Cuando se hace un spin-off de una saga tan querida y mítica como Star Wars es muy fácil caer en el fanservice barato, en terminar haciendo algo como Las locas aventuras del joven Han Solo o algo similar, y por eso es que me alegró mucho saber que Rogue One contaría una historia que, a priori, nadie habría demandado, una aventura pequeña pero con gran repercusión sobre los acontecimientos de la primera entrega, en la que tendrían la ocasión de crear personajes propios y dotarla de cierta autonomía con respecto a las demás. Pues bien, oportunidad desaprovechada. Resulta que esa pequeña historia en la que nadie tenía especial interés ni tan siquiera despertó la atención de su propio director, Gareth Edwards, y el resultado es una película que parece totalmente autoconsciente de su casi nula importancia.

Rogue One: Una historia de Star Wars (2016) / Imagen: The Walt Disney Company/Lucasfilm.

Ya desde el principio resulta sencillo ver cuál ha sido el proceso de creación de su guión partiendo de una idea nimia que no daba para rellenar las dos horas de metraje mínimo necesario: un grupo de rebeldes se cuela en una base imperial para robar los planos de la Estrella de la Muerte. Y toca meterle algo más de sustancia para darle forma, así que en lugar de desarrollar un par de personajes y resolver una historia que se podría haber contado perfectamente en hora y media, deciden incluir una gran cantidad de relleno completamente innecesario que no aporta prácticamente nada. El inicio es disperso y hasta algo lioso, quiere abarcar tanto que se pierde saltando de un personaje a otro, nos presentan al principal grupo de protagonistas pero no ponen ni el más mínimo interés en ninguno de ellos, como si el simple hecho de que aparecieran ya fuera más que suficiente. Es cierto que Star Wars no es una saga que se caracterice principalmente por poseer personajes muy carismáticos, salvando algunas excepciones, pero se ganaban nuestro afecto y despertaban nuestro interés gracias a su papel dentro de la trama, pero en Rogue One se han quedado cortos. Ninguno de sus personajes tiene carisma, y es de lamentar ya que cuentan con grandes actores dentro de su reparto, como son Mads Mikkelsen o Felicity Jones, pero la película no se detiene a desarrollarlos o darles el menor interés. Y vale que no es una película de personajes, pero en lugar de meter a siete podrían haberse centrado en construir a dos en condiciones, porque al final el único que destaca un poco por encima del resto es el droide K-2SO, y porque es el contrapunto cómico de la cinta.

La trama al completo de Saw Gerrera podría eliminarse de un plumazo y nadie la echaría en falta, es puro relleno y lo sentí como si fuera una misión de transición en un videojuego, de esas que parecen secundarias pero que terminan siendo obligatorias, como un simple escollo en el camino que se alarga demasiado. En el cine se hace imprescindible la síntesis, porque tan sólo se dispone de unas pocas horas para desarrollar la historia, si lo que quieres es realmente centrarte en la trama hay que ir directamente al núcleo del asunto, y toda la primera hora de esta película podría haberse eliminado porque es redundante con respecto a la segunda: vamos a rescatar al piloto desertor para poder llegar hasta Galen Erso, pero, ¿realmente era necesario que el bando de Gerrera capturase al piloto?, ¿no habría sido mejor no incluir a este grupo y haberse centrado en intentar llegar hasta Erso a través de su hija y la información recabada por el desertor? Parece que se encontraron con una historia tan raquítica y que no sabían cómo desarrollar, que perdieron la mesura cuando empezaron a inflarla, eliminando elementos que podrían haber aportado algo para hacer hueco a más morralla. Aviso a navegantes, a partir de aquí comenzarán a llover los spoilers.

Me gusta el carácter suicida de la misión, que sus integrantes sepan que no saldrán con vida y que se están sacrificando por algo mucho más importante que ellos mismos, que están luchando con sus últimas fuerzas para hacer su propia aportación en la erradicación de la opresiva presencia imperial. Esto podría resultar realmente emotivo de no ser porque ni siquiera la propia película parece mostrar el menor interés en ello, sino que está más centrada en hacer que los fans se flipen con los cameos y con la inmediata conexión con Una nueva esperanza que en terminar de contar correctamente la historia de este grupo de infiltrados. Y es aquí cuando hay que hablar de la aparición final de Darth Vader. Cuando en un pasillo oscuro oímos la inconfundible respiración de uno de los mayores villanos de la historia del cine y acto seguido se ilumina su figura con el brillo rojizo de su sable luz, resulta innegablemente espectacular, la pequeña matanza de rebeldes que acomete es el mejor instante de toda la película. Sin embargo se comete un error garrafal, y es que como escena independiente funciona a la perfección, pero como parte de Rogue One su inclusión es nefasta, porque roba protagonismo a los verdaderos personajes de la película y resta importancia a su historia. Y vale, está haciendo el seguimiento de los planos de la Estrella de la Muerte, es el legado que han dejado tras de sí este escuadrón suicida y el fruto de su sacrificio, pero cuando, llegando al final de la cinta, se detienen más en las florituras del sith que en la muerte de Jyn y Cassian, la búsqueda por satisfacer a los fans eclipsa lo que esta película nos está contando, y por consiguiente dinamita la entidad propia que Rogue One debería poseer pese a formar parte de una saga.

Como cameo de Darth Vader es muchísimo mejor el que aparece en El despertar de la fuerza, ya que la presencia que tiene ese destrozado casco desprende tanta fuerza como para llenar la pantalla pero sin distraer la atención de la historia que se nos está contando. Esta aparición funciona de forma magnífica a tres niveles: por un lado eleva al personaje a la categoría de mito, por otro nos muestra la situación en la que se encuentra Vader pues, aunque Anakin Skywalker haya muerto, la fuerza oscura que posee ese casco nos hace pensar que aún queda algo del villano con vida; y finalmente nos habla del complejo de inferioridad que siente Kylo Ren y de su esfuerzo por mantenerse en el lado tenebroso. En contraposición, el cameo en Rogue One no hace más que evidenciar un secreto a voces, y es que ni siquiera la propia película parece tener interés en contar su historia, en dar carisma a unos personajes que sólo van a durar una única entrega, y si ni tan siquiera su director parece creer en su trabajo, ¿cómo va a conseguir que el espectador lo haga?

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