‘Miracleman’ o la inclusión consecuente del superhéroe en nuestro mundo

Alan Moore es considerado casi de manera unánime como el mejor guionista de cómic de la historia, reconocimiento más que merecido teniendo en cuenta que sus aportaciones a lo largo de la década de los años 80 constituyeron uno de los principales pilares sobre los que se sustenta el cómic moderno, y supusieron un cambio radical y decisivo con respecto a lo que se había estado desarrollando hasta entonces. Títulos como V de Vendetta, Watchmen, La broma asesina o su etapa de La Cosa del Pantano instauran una visión mucho más madura, compleja y realista de los superhéroes, demostrando que el noveno arte es capaz de soportar discursos profundos. Durante esta década las obras de Moore marcaron un antes y un después dentro de su medio, destacando por encima de otras las anteriormente mencionadas, sin embargo posee algunas no tan reconocidas en las que, igualmente, se pueden apreciar todas las características más definitorias de su estilo, como ocurre con Miracleman.

En 1982 Moore resucita a Marvelman, un personaje de los cómics de los años 50 que representa la visión más naíf y cándida de la época en este medio, la antítesis absoluta del estilo que el británico lograría implantar años después, y algo totalmente distinto a lo que terminaría haciendo en su etapa con este superhéroe. La escritura de Miracleman, rebautizado así para evitar problemas de derechos de autor con Marvel que igualmente tuvo y que impidieron su publicación durante más de veinte años, se alargó unos siete años por diversos problemas y trabas, pero ya desde su primer número demostró que no se trataba de un cómic convencional, que se estaba realizando un nuevo planteamiento del superhéroe tal y como se conocía hasta entonces, tomando como base la concepción clásica para darle una vuelta de tuerca más y explorar nuevas fronteras.

Miracleman, fragmento de una portada / Imagen: Panini.

Al igual que al Capitán Britania y a la Cosa del Pantano, Moore mata a Miracleman para hacerle resucitar adoptando su nueva concepción, pero, mientras que para los dos primeros reescribiría sus orígenes en su primer o segundo número, en este último ese descubrimiento constituirá el centro del arco argumental. De esta forma, Miracleman pasa de la sencillez fantástica de los años 50 a una realidad cruda e inmisericorde en los 80, dándose de bruces con el mundo real en el que vivimos, como le ocurriría a los personajes de cuentos de hadas en el cómic Fábulas de Bill Willingham. Miracleman guarda mucha relación con el Dr. Manhattan de Watchmen, ya que ambos son seres superiores que se introducen en nuestra realidad, y que, consecuentemente, tienen que alterar y modificar ese mundo realista. Si en el caso del todopoderoso Dr. Manhattan su aparición creaba una ucronía en la que Estados Unidos ganaba la Guerra de Vietnam, Nixon volvía a ser elegido como presidente y la única fuente de energía utilizada es la que el propio superhéroe generaba, en Miracleman adquiere connotaciones más filosóficas, e incluso religiosas.

La aparición de un ser casi todopoderoso traerá consigo una serie de consecuencias lógicas que influirán en nuestro mundo, y esto se reflejará de manera realista en Miracleman. Este superhéroe es un dios, y así se le retrata en todo momento, siendo el mejor ejemplo de ello cuando el joven Jason Oakey se encuentra con él en el bosque: el chico se acerca al héroe como lo haría un simio de 2001: Una odisea del espacio al monolito extraterrestre, de hecho posee ciertos rasgos de primate y suele aparecer enmarcado en planos picados, mientras que su interlocutor lo hace en contrapicados, plasmando así la superioridad de uno con respecto al otro. Tratándose Miracleman de un dios, su alter ego se ve muy empequeñecido frente a él, y termina siendo fagocitado por el superhéroe, al igual que le ocurre a su esposa, que no puede soportar el sentirse tan inferior a su pareja. De la misma forma, su superioridad es tal que le aleja de los seres humanos hasta el punto de que casi podría llegar a desvincularse de sus sentimientos, como le ocurre al Dr. Manhattan, aunque siempre mantiene la empatía debida a su bondad.

Si bien la aparición de Superman no cambia nuestro mundo, la de Miracleman sí que lo hace, por completo. Es cierto que, por ejemplo, en El regreso del Caballero Oscuro de Frank Miller se le da un trato más realista a la relación del héroe con las autoridades de los Estados Unidos, trabajando éste para el gobierno y siendo regulado de manera legal, pero Moore lleva esta idea mucho más allá, y si en Watchmen se vio obligado a crear una ucronía para ser consecuente, en Miracleman cambia el destino de la humanidad. Con sus infinitas capacidades, el superhéroe instaura un sistema que aparentemente es perfecto, en el que todo el mundo es feliz y existe igualdad absoluta, ya que los humanos pueden aspirar a adquirir poderes, es un paisaje idílico en el que incluso la muerte parece estar superada. El guionista da comienzo su etapa con unas frases de Friedrich Nietzsche sobre el übermensch mientras se acerca al ojo del superhombre, dejando ver los trazos de tinta que lo componen y adelantando la deconstrucción que se dispone a realizar. Fiel al concepto acuñado por el filósofo alemán, Miracleman impone su propio sistema de valores, y lo hace en busca del bien común, sin embargo se puede apreciar cierto grado dictatorial cuando lo hace obligando a altos dirigentes como Margaret Thatcher a aceptar sus términos por caminos nada democráticos, otorgando una gran ambigüedad a sus acciones.

Al adoptar personajes no creados por él mismo, Alan Moore siempre muestra gran respeto por el material ya publicado, pero esto no le impide reinventar sus orígenes y darle un nuevo enfoque, como sucede con Capitán Britania o La Cosa del Pantano. Sin embargo, en el caso de Miracleman se puede apreciar cierto desdén por su fuente original, casi como si ridiculizase un poco el cómic de los años 50 cuando Liz se ríe de sus anécdotas, o cuando se descubre que todo no era más que producto de una absurda fantasía mental. No obstante, Moore no pierde de vista su referente y construye con base en él, y lo hace rompiendo con las constantes instauradas en el medio en pos de nuevos horizontes para este arte.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies