La gran huelga minera de 1984: casi un género cinematográfico en tres films

Hay temas que dan para mil historias. ¿Cuántas películas y libros no habrá sobre las guerras mundiales, Vietnam o la Guerra Civil española? Por su importancia histórica o por su simbolismo universal dan para mucho, no solo para dividirse en multitud de enfoques, sino para analizar sus muchas aristas, historias dentro de la gran historia. En cine, tomando los tres casos bélicos puestos como ejemplo, podemos mencionar un buen puñado de obras magníficas: Casablanca, La delgada línea roja, Un condenado a muerte se ha escapadoEl cazador, Apocalypse Now, La chaqueta métalica, La lengua de las mariposas… Vale, puede que el caso de nuestra guerra no sea un buen ejemplo como campo temático que haya dejado grandes filmes. Pero hay que reconocer que si la calidad no ha sido mucha, la cantidad sí lo ha sido. Da igual. No vamos a hablar de la Guerra Civil ni de cine bélico. Todo esto viene a cuento solo como ejemplo, porque de lo que vamos a hablar es de un tema que, a priori, es de esos que dan para una extensa ficción, pero que no ha generado una filmografía tan extensa como cabría esperar, aunque lo parezca. Hablamos de la gran huelga minera de 1984 en el Reino Unido. El fin de una época, una lucha heroica en clave colectiva y un abanico de historias que se abre con la extensión de un país entero.

El tema puede parecer un clásico de la cinematografía inglesa de estas últimas dos tres décadas. Sin embargo, hay solo tres películas que constituyen toda la sección. Al menos, en lo que se refiere a la ficción. Y al menos en lo que se refiere a films que hayan sido vistos más allá del Reino Unido por el gran público. Podemos hablar del subgénero menos prolífico pero más aceptado de la historia del cine. El toque de corneta —y nunca mejor dicho— lo dio en 1997 Brassed Off, de Mark Herman, conocida en España como Tocando el viento. Poco después llegó la gran joya de la familia, Billy Elliot, éxito de crítica y público dirigido por Stephen Daldry. Y luego hubo que esperar más de una década, hasta 2014, para recibir una nueva entrega de cine minero del 84, esta vez a cargo de Matthew Warchus, con Pride, basada en la solidaridad real de los colectivos de gays y lesbianas que se movilizaron durante el conflicto en solidaridad con los mineros.

Tres films que se han valido por sí solos para instaurar toda una corriente, como decimos, un subgénero temático con todas las de la ley. Los tres films comparten no solo un mismo tema de fondo, poderosamente presente, que es el de la gran huelga que puso en jaque al gobierno Thatcher de marzo del 84 a marzo del 85. Cerca de 200.000 mineros de toda la geografía británica fueron a la huelga indefinida contra el programa de reconversión y cierre de pozos. De entre esos 200.000 obreros, sus familias y comunidades, Herman, Daldry y Warchus extrajeron tres historias adyacentes, la de una banda de música, la de un niño bailarín y la de un grupo de gays y lesbianas dispuestos a hacer suya una causa ajena. Las tres películas son comedias costumbristas, con un componente de realismo social melodramático. Tiene una misma estructura de obstáculos hacia un clímax final apoteósico.

tocandoelviento3dTocando el viento / Imagen: Channel Four Films / Miramax.

Tocando el viento, con un jovencísimo Ewan McGregor de protagonista, acompañando al veterano Pete Postlethwaite, narra la historia de una banda de música minera y su obstinado director —Danny, encarnado por Postlethwaite—, empeñado en mantener en activo a la agrupación a pesar de la huelga —o precisamente por la huelga—. De la trilogía minera del 84, Tocando el viento es, sin duda, la que más cerca se encuentra del clásico realismo social británico. Es la más áspera, la menos amable. Y cierra con un discurso final que puede rivalizar con los mejores speechs finales jamás filmados, un bofetón en plena cara al espectador acomodado.

billy-elliot-working-title-films-bbc-films-the-arts-council-of-englandBilly Elliot / Imagen: Working Title Films / BBC Films / The Arts Council of England.

Billy Elliot supuso un auténtico fenómeno social en el momento de su estreno. Si Full Monty había sido la sorpresa de tres años atrás, la ópera prima de Stephen Daldry alcanzaría el mismo estatus. De la trilogía minera es, con diferencia, la más lograda —sin desmerecer a Brassed Off—. La historia de Billy, el hijo y hermano de mineros, carismático como él solo, que siente “como electricidad” cuando baila, es un de los más bellos retratos cinematográficos que se hayan hecho sobre la clase obrera. La carga emocional del film se sostiene sobre un guión brillante en su revestimiento de comedia y de tremenda profundidad en el dibujo de su paisaje social. La realización de Daldry aporta ese plus de creatividad que tienen los grandes cineastas —recordemos que después de Billy Elliot dejó dos títulos tan monumentales como Las horas y The reader—, con un manejo de los ritmos que es una lección en cada secuencia, y desplegando recursos formales, como elipsis mediante raccords de aprehensión retardada, que elevan el film a la categoría de las masterpiece del cine del nuevo siglo. Es, en la parte que toca al reflejo de la huelga, la que más baja a pie de piquete, la que más cerca está de lo que supuso la huelga para las miles de familias que la secundaron. La secuencia en la que el padre de Billy —inconmensurablemente real Gary Lewis— trata de volver a la mina, con los esquiroles, resulta apabullante, demoledora.

PRIDEPride / Imagen: Calamity Films.

Pride recogió en 2014 el testigo de Brassed Off y Billy Elliot, para contar la solidaridad real que pusieron en marcha colectivos de gays y lesbianas con los mineros. La unificación de las luchas en contra del gobierno Thatcher dejaron un sinfín de aprendizajes sociales, a pesar de la derrota que supuso el final de la huelga minera en marzo del 85. Partiendo del papel de algunas figuras reales que tomaron parte del movimiento de gays y lesbianas londinenses en los años 80, Pride se constituye como el más naif de los títulos de la trilogía minera. Resulta paradójico, precisamente por ser el que se encuentra basado en hechos y personas reales, pero un guión más convencional, un tanto maniqueo y predecible en muchos casos, hace que resulte así. La lucha por los derechos civiles del colectivo homosexual le toma el protagonismo a la huelga minera. Se trata de un cine militante, menos exigente en lo artístico, concentrado en llevar lo más lejos posible su objetivo, que es concienciar y movilizar. En ese sentido, cumple sobradamente con las metas que se marca. Y es un cine necesario, por lo que tiene de didáctico en términos sociales.

Aparte de esta magnífica trilogía de ficción, la gran huelga minera británica ha tenido un cierto desarrollo dentro del género documental. Recientemente se estrenó Still the enemy within, dirigido por Owen Gower. Antes, cabe destacar tres trabajos cortos para la televisión que Ken Loach filmó en el lustro siguiente a la huelga: Which side are you on? (1985) sobre las expresiones musicales y poéticas surgidas al calor de la solidaridad con los mineros, The end of the battle… not the end of the war (1985) y Dispatches: The Arthur Legend (1991), todas ellas producidas y estrenadas por Channel 4.

Hay temas que exigen la atención del arte, su reiteración, múltiples enfoques, hasta correr el riesgo de saturar, de convertirse en lugar común. Aún hay más gente que piensa, hoy día, que Margaret Thatcher fue una avanzada política que ayudó a consolidar la democracia, que lo contrario. Y más gente aún que piensa así que la que conoce que en 1984 un país entero se puso en guerra contra sus medidas, porque eran fundamentalmente injustas y condenaban a miles de familias, a comarcas enteras, al paro y la desaparición. Tal vez si la filmografía sobre episodios históricos como la huelga minera del 84-85 fuera más extensa, si la bibliografía fuera mayor, si las coberturas periodísticas y los currículos educativos trataran temas así de comunes, habría menos comportamientos sociopolíticos supuestamente imposibles de comprender hoy día. Al menos, se conocerían otras claves para poder analizar la realidad.

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