‘Horace & Pete’, el delicioso brindis de la infelicidad

Es el sitio donde no quieres estar, pero del que te cuesta marcharte. Un maravilloso antro insoportable. El lugar donde la risa es triste y los silencios histéricos. Un universo malsano en el que se brinda por la infelicidad. Es Horace & Pete. El cómico Louis CK sorprendió a propios y extraños a comienzos de 2016, después de haber dejado en un suspenso indefinido Louie —su maravillosa comedia de no ficción o pesudorealidad— tras cinco temporadas, con el estreno de un episodio piloto de 67 minutos de una serie titulada Horace & Pete, ambientada en un bar de Brooklyn del mismo nombre, en el estilo del teatro filmado y cayendo del lado del melodrama costumbrista. El estreno no se produjo en ningún canal de televisión ni gran plataforma a la carta, sino desde la propia web de Louis CK, al coste de 5$. El segundo capítulo, colgado una semana después, se podía ver por 2$. Durantes las siguientes ocho semanas fueron sucediéndose nuevos capítulos, hasta el décimo y final, todos ellos al precio de 3$. Louis CK había escrito, dirigido, producido, protagonizado y distribuido su propia obra. Este hecho, de por sí, merece la pena ser analizado, por lo que tiene de novedad en el modelo de distribución, convulso como lo es en la actualidad. Pero Horace & Pete merece especial atención por cosas más importantes, menos coyunturales, esto es por la constatación de sus logros artísticos y hallazgos formales.

horace_peteHorace & Pete (2016) / Louis CK.

El Horace & Pete es un bar irlandés de Brooklyn con cien años de antigüedad, siempre regentado por hermanos o primos, generación tras generación de una misma familia, Horace y Pete hijos de otros Horace y Pete. Louis CK es el nuevo Horace, Steve Buscemi el nuevo Pete, en un periodo de extraño interregno en el bar, porque Horace senior murió, pero Pete el viejo, encarnado magistralmente por Alan Alda, aún sigue vivo y jodiendo al personal por el lugar. Junto a los dos hermanos, Sylvia, la hermana mayor, a la que da vida Eddie Falco —la inolvidable Carmela de Los Soprano—, con la que se cierra el plantel de protagonistas. A su alrededor un puñado de personajes, los habituales del lugar, necesariamente contingentes, un coro de disfuncionalidad. Está Marsha, interpretada por Jessica Lange, la última compañera del fallecido Pete, una femme fatale sesentona y alcoholizada; Leon, el silencioso bebedor de zumo de manzana del final de la barra; Kurt, el cínico radical de barra de bar; Tom, el lacónico artista de vuelta de todo que a veces toca el piano; y Tricia, la amiga de Pete Jr. con síndrome de Tourette, o Alice, la hija de Horace, o Sarah, la ex-esposa de éste que solo aparece en un capítulo, pero que, gracias a la interpretación de Laurie Metcalf, se queda para siempre en el recuerdo grupal de la serie como un personaje imprescindible. El bar es una mezcla imposible de Cheers, un dinner de Hopper y el Brick de Doctor en Alaska. Pero con algo diferente con respecto a todos estos. Porque uno querría haber pasado por el Brick para desayunar a diario, por Cheers al caer la tarde y hacer de halcón nocturno en un paraje hopperiano. Pero en el Horace & Pete no querría correr el riesgo de caer. Porque el sitio es un limbo, acaso un purgatorio. 

horace_pete_louisck-netHorace & Pete (2016) / Louis CK.

El planteamiento dramático —basado en las historias de estos tres hermanos, el fondo propiciado por el resto de personajes y la atmósfera del bar con su piso de arriba donde viven los dueños—, confiado a un plantel de actores como los nombrados, es suficiente para considerar que lo que salga será muy probablemente una obra de relevancia. Sin embargo, hay más. Louis CK no es un gran actor, pero es un cómico brillante y un creador genial de historias con un talento especial para plantear nuevas estructuras narrativas audiovisuales. Lo demostró con Louie. Y se ha coronado con Horace & Pete. Cada capítulo tiene una duración diferente, en función de lo que la historia que cuenta requiera; de esta manera hay episodios de media hora y otros de cuarenta o cincuenta minutos. Los personajes entran y salen de ellos sin avisar, pero justo cuando se requiere que lo hagan. Para rodarla se valió del formato multicámara, lo que fomenta su estilo de teatro televisado; la puesta en escena es de una sencillez extrema. Si durante un capítulo tiene que quedarse sin cambiar de plano, sin cortes, más de veinte minutos sobre el monólogo de un personaje, lo hace. Laurie Metcalf merecería todos los premios por su inconmensurable interpretación en el capítulo tercero de Horace & Pete, y Louis CK cualquier otro tipo de reconocimiento por escribir un relato propio del mejor Carver. La profundidad de los dramas de Sylvia —Eddie Falco— y Pete —Steve Buscemi— están en el mismo nivel. Si el papel de Sylvia, odiosa pero comprensible, acaba por emocionar, el de Pete Junior, con un Buscemi superlativo, resulta de un delicadeza violentísima. Es el gran personaje de la serie, el portador del gran drama, el único que necesita el Horace & Pete, un ser maravilloso, bueno e inteligente, que nace con la desgarradora y cruel desgracia de verse dotado de todo  el talento necesario para tener un gran porvenir, pero que recibe también la maldición de una enfermedad terrible, la esquizofrenia, que impedirá el desarrollo y provecho de sus magníficas capacidades. Como observador, juez y testigo, está Horace, un Louis CK que no hace, esta vez, de él, que no es Louie, aunque se le parezca bastante, como un trasunto sin gracia de sí mismo.

Si tienen un rato en la tarde o en la noche, no lo duden, pasen por Horace & Pete. Dudarán si quedarse o no después de la primera copa. No les sentará bien, porque se sentirán solos, expuestos, sin el parapeto de los travelling milimétricamente ensayados, de música o risas de fondo. No es una sitcom al uso, eso lo comprenderán pronto. En Horace & Pete la bebida se agua pero es pura, sin condimentos. Dudarán, pero lo más probable es que terminen volviendo, por un deseo malsano que acertarán a reconocer. Y empezarán a sentir empatía por ese universo, a amarlo sin quererlo. Les provocará pesadillas y brindarán por él.

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