‘The Night Of’, formas de sobrevivir a la ‘justicia’ y a la soledad

Para empezar por dejar claro de qué estamos hablando, y de quién: tenemos al guionista de La Lista de Schindler —oscarizado Steven Zaillian— al frente del proyecto, como protagonista a un John Turturro más monumental que nunca, un proyecto ideado por el eterno James Gandolfini y la producción de HBO. ¿Podía salir mal? Claro. Aunque las posibilidades eran pocas. ¿Podía resultar una casi obra maestra? Podía, archiclaro. Y lo hace. Estamos hablando de The Night Of, la gran serie del verano 2016 —que me perdonen los Stranger Things Fans Hooligans—, y tal vez de todo el año. Una tragedia en ocho episodios, de una hora por capítulo y hora y media en el último, sobre el sistema judicial estadounidense, los prejuicios raciales post 11S y, en general, la vida —el amor, la familia, la soledad— en la gran ciudad. Una de esas historia que, desde el género, apuntan a gran novela americana. Novela, sí. Porque está visto que, a este paso, esa leyenda literaria está más cerca de materializarse vía catódica que impresa. 

the_night_of_7The Night Of (2016) / Imagen: HBO.

La enésima sorpresa inesperada de HBO está basada en una magnífica serie inglesa de 2008, Criminal Justice. La idea de la adaptación americana viene de entonces, y del cerebro del muy añorado James Gandolfini —que figura en los créditos como productor ejecutivo—. Llevada a una Nueva York convertida en ciudad de ceniza, capital y símbolo de sí misma y de todas las grandes ciudades del mundo, The Night Of cuenta la historia del joven universitario Nasir Khan —extraordinariamente personificado por Riz Ahmed—, un buen chico estadounidense de origen paquistaní que ve cómo uno de esos encuentros mágicos en una noche inesperada se torna en pesadilla. Nasir conoce por casualidad a Andrea, una joven con la que intimará a la velocidad que tiene el amor a los veinte años. Sonríen, se miran, beben, se confiesan secretos en forma de misterios mirando un puente sobre el río, es de noche, van a casa de ella, una lujosa casa en un buen barrio de la ciudad, siguen bebiendo y sonriendo, se drogan, se besan, hacen el tonto, es la velocidad del amor juvenil o la inercia de la soledad adulta, quién sabe, pero acaban en la cama, haciendo el amor. Todo es perfecto, al menos todo lo extrañamente perfecto que puede ser algo con drogas y alcohol y soledad e inseguridades de por medio. Hasta que el desventurado chico Khan se despierta en la cocina, sube al dormitorio y descubre que Andrea está muerta, brutalmente apuñalada. No sabe qué ha pasado y huye, presa del pánico. Así empieza la historia —el spoiler es mínimo, tranquilos—. Y se pone en marcha un terrible viaje por las cloacas del sistema judicial estadounidense, por comisarías, oficinas en Juzgados, cárceles. En ese hábitat, una fauna gris, bruñida por infames intereses, detectives, policías, fiscales, criminales, abogados. Y al margen, como turistas caídos en un foso de animales salvajes ante la mirada atónita del resto de paseante del zoo, la pobre gente que por una jugarreta del destino ha tropezado en el peor momento y el peor lugar posibles, justo cuando se abría una rendija en la valla que delimita ese mundo brutal en plena supuesta civilización. 

the_night_of_6The Night Of (2016) / Imagen: HBO.

The Night Of, en cuanto el conflicto de Nasir ha estallado, echa a andar varias tramas, cada cual con su personaje conductor. La serie se convierte en un film de ocho horas y media del más exquisito género negro, combinando el thriller judicial, la investigación policial, el drama carcelario y el melodrama social. El gran juego malabar se ejecuta, para mayor dificultad, a cámara lenta, ralentizando los bolos en el aire para que todo el mundo pueda disfrutar de las bellas parábolas de su vuelo. Steven Zaillian, que dirige varios de los episodios, escribió el libreto de la mano de Richard Price —guionista de El color del dinero, y autor de la aclamada novela The Wanderers—, y la experiencia de ambos cristaliza magistralmente. La elaboración de la trama en función de los ritmos televisivos del arte y ensayo instaurados por HBO les permite desarrollar una cantidad tal matices dramáticos en los personajes, de juegos de confusión con el espectador —vayan contando macguffins cada cual mejor—, de reflexiones sociales a través de la atmósfera, que convierten a The Night Of en una casi masterpiece. La foto y la música son de marca exquisita de la casa, la factura, se puede imaginar, es impecable, un deleite para la vista y el oído. Pero es en el ofrecimiento de unos arcos dramáticos por personaje, en contexto con sus tramas, a unos actores excelsos, donde Zaillian y Price dan el do de pecho. Por encima de todos destaca John Turturro, que si de habitual ya resulta magnífico, alcanza con el personaje del abogado John Stone, quizás, la cumbre interpretativa de su carrera. El personaje de Stone iba a ser para Gandolfini, pero su repentina muerte desbarató el proyecto sobre esa idea. Hubo que empezar de nuevo y se dijo que el mismísimo Robert de Niro se encargaría de interpretar el papel, pero la propuesta decayó, al parecer por cuestiones de agenda. Ahora es imposible imaginar que nadie pudiera haber dado vida de mejor manera a John Stone que Turturro, ni siquiera dos titanes de la talla de Gandolfini y De Niro. El pobre abogado Stone, perdedor consumado que se gana la vida como defensor del lumpen por 250 dólares la fugaz representación, que acude cada noche a las comisarías a la caza de la puta o el drogadicto de turno que estén durmiendo en el calabazo, el digno y sufriente picapleitos solitario que lucha denodadamente contra eccemas en los pies que le impiden calzarse zapatos, el litigante de camisa arrugada y chanclas, no puede tener otra figura y otro rostro que el de John Turturro, al fin liberado de sus acostumbrados papeles de freak cómico. El personaje de John Stone, con todo su cinismo por fachada, con su marginalidad militante, su verborrea triste y sus lacónicas certezas, está lleno de humanidad. Él solo tiene que compensar todas las injusticias de un sistema judicial terrorífico. Y no puede vencer, sabe que no puede, pero lucha en un solo caso como si de él dependiera todo. Turturro ofrece los momentos interpretativos más brillantes de la serie y su personaje transmite la más hermosa de las historias, de la oscuridad a la luz, aunque sea una luz artificial en la noche permanente. Por otro lado, en sentido contrario, el personaje de Nasir transita de la luz a la oscuridad del alma humana. El sistema penitenciario estadounidense, último eslabón de la cadena judicial, es capaz en un tiempo record de convertir a un buen chico de humilde familia trabajadora en una bestia, de robarle toda humanidad a una persona como forma única de sobrevivir. Riz Ahmed está perfecto en la contenida interpretación del joven Nasir, aguantándole el pulso a ese fuera de serie que es Michael Kenneth Williams, eterno Omar en The Wire, que vuelve a cincelar con crudeza y misticismo una figura criminal para recordar.

Tomen The Night Of con calma, fíjense en cada mirada, atiendan a cada frase y silencio de John Stone. Y prepárense para un final brutalmente desalentador. Después, como en las grandes historias, se revelarán preguntas en nuestro recuerdo del relato, preguntas serias, sobre la felicidad, la soledad, la justicia, todas esas que no suelen tener respuesta.

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