Señores de la ‘guerra sucia’

Tras la dimisión de diecisiete miembros de la Ejecutiva Federal del PSOE y la convocatoria de un Comité Federal que debía resolver la toma de poder en el partido, Pedro Sánchez, el 1 de octubre de 2016, dimitió de su cargo de Secretario General, después de perder la votación con la que pretendía convocar un Congreso Extraordinario. El ruido mediático desde que los diecisiete miembros dimisionarios de la Ejecutiva registraran su decisión en la sede de Ferraz fue ensordecedor. El climax se alcanzó un sábado de Comité Federal, primero de octubre, en el que era imposible no parafrasear al bueno de Vázquez Montalbán. Tanto tanto ruido que el director de orquesta que dio la orden para que empezara la sinfonía golpista en el PSOE logró volver a las cómodas sombras en las que reside desde hace décadas, desde siempre. Fue en la Cadena Ser, en la mañana de un miércoles veraniego de principios de otoño, cuando Felipe González decidió que era el momento de poner en marcha el golpe de mano contra Pedro Sánchez. Horas después las dimisiones de sus correligionarios cristalizaban la mayor crisis que la formación del puño y la rosa haya tenido en su historia reciente.

En la entrevista de La Ser a Felipe González, retransmisión en directo del toque de corneta para el golpe de mano, el expresidente español sorprendió más por un cierto lapsus al hacer referencia a experiencias de gobierno del pasado que por la principal de las declaraciones que se había marcado como objetivo prioritario —aquellas para desacreditar a Sánchez, llegando a acusarlo de mentiroso—. Felipe González, tratando de responsabilizar a Pedro Sánchez del descalabro electoral que el partido viene padeciendo desde hace años, dijo: “Nunca hemos tenido peor resultado en el País Vasco, a pesar de las cosas que hicimos… pá, pá, pá”. Esas “cosas que hicimos”, esa frase en suspenso, los puntos suspensivos ante lo que se ha estado a punto de decir, esa onomatopeya censuradora —pá, pá, pá—. Todo estaba dicho, aunque se quedara a medias. ¿Qué cosas hicieron los gobernantes del PSOE en el País Vasco? Todos lo sabemos. Con Felipe González ocurre que es muy sencillo desacreditarle, tanto que el insulto rabioso suena casi a pleonasmo, porque por sí solo se constituye en una figura paradigmática de los peores valores políticos y humanos.

El “pá-pá-pá” es la cal viva, el terrorismo de Estado, la guerra sucia, los cadáveres de Lasa y Zabala, todos los crímenes de los GAL. Pero es también los abrazos a Vera y Barrionuevo en la puerta de la cárcel de Guadalajara, ocasión de la que cabe recordar —además de lo que todo el mundo conserva en su memoria, ese Felipe González sin ningún pudor despidiendo a sus ‘hombres’— que no estaba solo: el ministro y el secretario de Estado condenados por la guerra sucia se encontraban arropados por toda la cúpula del partido y por unos siete mil simpatizantes que —según relata El País, el 26 de febrero de 2003— habían llegado en “autobuses fletados por el partido en Andalucía y Extremadura”. Llamativo. El “pá-pa-pá” es igualmente la reconversión industrial, o el ‘OTAN, de entrada NO’. Es, en definitiva, todo el ejercicio del gobierno para favorecer los intereses de la oligarquía capitalista en España, utilizando los medios que fueran y sean necesarios, legales e ilegales. Cuando Pedro Sánchez se obnubiló y creyó que podría tener su momentito de gloria y su acceso a los libros de texto como Presidente del Gobierno no se dio cuenta de que enfrente tenía al gran señor de la guerra sucia, e intereses más poderosos que los suyos. En esas artes, no hay quien le gane al Señor X.

Las conclusiones que la crisis del PSOE trae a colación son muchas y de gran importancia. Una primera, que alguien como Pedro Sánchez, no precisamente un radical largocaballerista, vaya a quedar en esta disputa como un emblema de la izquierda dice mucho de la deriva derechista del PSOE en su conjunto —en la que el propio Sánchez tiene mucho que ver, paradojas de la política—, un partido que hace tiempo dejó atrás, incluso, el pantano socialdemócrata, para instalarse ideológica y políticamente en el terreno de la derecha liberal. Y una segunda cosa que ha quedado clara: que el mando no está en los pasillos de Ferraz ni de Génova, sino en el parquet de la Bolsa de Madrid; el sector más ligado a la oligarquía española en la dirección del PSOE, liderado por la presidenta andaluza Susana Díaz, llevó a cabo el golpe interno para evitar cualquier riesgo de formación de un gobierno empecinado en intentar una gestión socialdemócrata. Que eso no es lo que toca lo saben bien en el IBEX. Las maniobras en el Partido Socialista dejan a la histórica sigla herida de muerte, pero salvan los planes del gran capital español para esta etapa, asegurando un nuevo gobierno del Partido Popular. La socialdemocracia volverá a tener su turno como sostén del sistema, cuando el desgaste liberal llegue a su límite y un ciclo expansivo de la economía permita la implantación de su farsa política.

¿El PSOE ha muerto? Puede ser. Que la rueda gire, y lo demás pá-pá-pá… A los padres fundadores de la democracia y a los hijos favoritos de la Transición no hay quien les gane en la guerra sucia.

2 de octubre, 2016.

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