El marciano que surgió del frío: el cine de ciencia ficción de los 50

La supuesta red de canales que creyó ver el astrónomo Percival Lowell sobre la superficie de Marte en la última década del siglo XIX disparó la imaginación popular sobre la posibilidad de que compartamos el universo con razas alienígenas. En 1898 el escritor Herbert George Wells describió una violenta y orquestada invasión de la Tierra por nuestros vecinos marcianos en su novela La guerra de los mundos. Varias décadas después la versión radiofónica del libro a cargo de un jovencísimo Orson Welles sembraba el pánico entre una población norteamericana en cuyo inconsciente colectivo residía el temor de la amenaza que suponía para la paz mundial la Alemania de Hitler. Pero el verdadero boom de los platillos volantes no se produce hasta después de la Segunda Guerra Mundial. La mitología de esa pseudociencia que ha dado en llamarse ufología comienza a forjarse entonces, con hitos como la aparición de los foo fighters, las extrañas luces que acompañaban a los aviones de combate sobre Europa, o el supuesto accidente que sufrió una nave extraterrestre en la localidad de Roswell, Nuevo México, en 1947. El cine estadounidense de la década de 1950 convirtió a los habitantes de otros planetas en protagonistas de numerosas producciones, en principio con el objeto de entretener al público, pero había algo más, había una forma de plasmar el miedo inconsciente a que la guerra nuclear acabase con la civilización tal y como las conocemos.

the-day-the-earth-stood-still-1951-everettUltimátum a la tierra (The Day the Earth Stood Still) dirigida por Robert Wise en 1951 / 20th Cnetury Fox.

Los Estados Unidos de después de la Segunda Guerra Mundial han sido definidos como la sociedad de la paranoia. El miedo a la bomba atómica, estrenada con terrible éxito en 1945, la amenaza comunista procedente de la Unión Soviética o las cazas de brujas internas como la del senador McCarthy, sumergen al ciudadano medio en un estado permanente de angustia y en una sensación vital de ‘final inminente’. Y el género de la ficción científica se convierte en el reflejo de todo esto, como apunta Cinthya Hendershot (Paranoia, the Bomb, and 1950s Science Fiction Films, 1999), “la ciencia ficción es el género más comúnmente invocado ahora para representar la paranoia de los 50, y dentro de esa cultura se erigió como un género conductor de las expresiones de miedo y paranoia”. La filmografía de la década en cuestión conoció un sinnúmero de temáticas monstruosas, desde extraños seres tan horripilantes como nocivos (The Blob, Creature of the Black Lagoon), hasta animales anormalmente grandes (Tarantula, The Beast From 20,000 Fathoms) o humanos que sufren algún tipo de mutación (The Fly, The Incredible Shrinking Man), pero sin duda son los extraterrestres las verdaderas estrellas de este desfile de anomalías y rarezas.

El modeno alienígena es la transcripción natural de antiguas figuras del folclore y la mitología a una sociedad tecnológica. Los viejos duendes y trasgos son los actuales extraterrestres descritos por los testigos contactados como ‘grises’, bajitos, cabezones y con ojos como platos; las hadas y ángeles de la tradición son los bonachones y puros nórdicos’, retratados por los ufólogos como razas estelares moralmente superiores que vienen a salvar a la humanidad. El inconsciente colectivo norteamericano atribuyó a través del cine un doble papel a los visitantes del cosmos, fruto de la paranoia asociada a la Guerra Fría. En algunas películas aparecen como invasores despiadados, ajenos a nuestro humano sufrimiento, cuyo único objeto es la conquista de nuestro planeta y, en versiones más sofisticadas, de nuestras mentes y voluntades. La asociación con la coyuntura de los años cincuenta es directa: el marciano sería el pérfido soviético que viene a destruir la sana sociedad americana y en muchos casos a lavar y encadenar la mente libre de sus ciudadanos con su propaganda comunista.

the-thing-from-another-worldEl enigma de otro mundo (The Thing from another world) dirigida por Christian Nyby en 1951 / RKO.

Luego están los filmes en los que la función de los de fuera consiste en recordarnos lo inconscientes que hemos sido al poner en peligro a nuestra especie por culpa de nuestra belicosidad. En los párrafos siguientes veremos ejemplos concretos de ambos planteamientos y de sus matices. Son innumerables los títulos lanzados en estos años en torno al tema alienígena, especialmente en producciones serie B de muy bajo presupuesto, así que optamos por reseñar solamente los títulos más representativos del género.

Empezando en orden cronológico, podemos abrir la relación con la magnífica Ultimátum a la tierra (The Day the Earth Stood Still) dirigida por Robert Wise en 1951. Pertenecería al segundo tipo que hemos descrito en el que los alienígenas vienen a salvarnos de nosotros mismos. Un buen día aterriza un platillo volante en pleno centro de Washington y de él descienden un poderoso robot y un humanoide cuya misión consiste en avisar a los humanos de que, si no frenan sus experiencias nucleares, la Tierra será destruida por una federación de planetas que nos considera una especie potencialmente peligrosa para el cosmos. Por supuesto, los humanos ignoramos la advertencia y encima el alienígena Klaatu es herido de muerte y rescatado por su robot Gort. Resulta realmente interesante que en el relato que da origen al guión, Farewell to the Master de Harry Bates, al final de la historia se descubre que el verdadero señor al mando de la misión es el robot y no Klaatu, pues su raza ha puesto la seguridad de la especie en manos de las máquinas, al no poder confiar en ellos mismos.

Siguiendo en el mismo año 51, pero con una orientación bastante distinta, nos llega el alien vegetal de El enigma de otro mundo (The Thing from another world) de Christian Nyby, producida por el mismísimo Howard Hawks. Este film ya presenta a un alienígena agresivo y depredador completamente opuesto al Klaatu de Ultimátum a la Tierra. Un equipo científico descubre en el ártico los restos de un platillo volante siniestrado que contiene el cuerpo de un gran humanoide congelado. Un accidente lleva a la descongelación del ser y a su huida por las dependencias de la base polar, dando lugar a un thriller en el que el equipo humano tendrá que enfrentarse y dar caza al extraterrestre, una planta con forma de hombre, que carece de emociones y sentimientos, y que estará dispuesto a todo para defenderse del acoso y la persecución. Los años ochenta conocieron un excelente remake de The Thing dirigido por John Carpenter, y en cualquier caso, la puesta en escena de un monstruo asesino acechando en un ambiente claustrofóbico es una inspiración directa del clásico moderno Alien de Ridley Scott.

war_of_the_worlds La guerra de los mundos (War of the Worlds) dirigida por Byron Haskin en 1953/ Paramount.

Nuestra siguiente parada tiene lugar en la más modesta, pero no por ello menos interesante, Invasores de Marte (Invaders from Mars, 1953). El protagonista es un niño que una noche ve caer algo del cielo en una colina cerca a su casa. A partir de entonces la gente que le rodea empezará a mostrar extraños comportamientos, dado que es abducida y mentalmente controlada, a través de un orificio practicado en la nuca, por los tripulantes del OVNI, unos gigantes con ojos de huevo. Se nos presenta en esta película la otra vertiente de la invasión, la que no bombardea y destruye ciudades, sino que controla las mentes, una parábola quizá de la amenaza ideológica del comunismo soviético. Del mismo año, Vinieron del espacio (It Came from Outer Space) de Jack Arnold sobre una historia de Ray Bradbury, también presenta cómo la llegada de una nave espacial perturba la vida cotidiana de un pequeño pueblo de Arizona, si bien en este caso el aterrizaje es por accidente y los aliens finalmente no son invasores agresivos, como venía siendo costumbre.

Sin duda alguna la cumbre del género es La guerra de los mundos (War of the Worlds, 1953) de Byron Haskin, una adaptación libre de la novela de Wells que relata un ataque marciano a la Tierra en toda regla y a todo color, sin engaños ni triquiñuelas por la parte extraterrestre. Haskin trasladó la acción de la Inglaterra victoriana a los Estados Unidos del momento y sustituyó los vehículos trípodes de los invasores (algo que respeta la patética versión de Steven Spielberg de 2005) por sofisticadas naves planeadoras, para evitar quizá una estética en exceso steampunk. Los efectos especiales eran de vanguardia para la época (aunque a veces se perciben los hilos transparentes que sostienen a los OVNIs) y consumieron 1,3 millones de dólares de los 2 del generoso presupuesto de la producción. La parábola de una guerra total que destruye completamente el país deja entrever una referencia a ese momento en que un movimiento en falso en la lucha hegemónica de potencias podía llevar a la aniquilación total.

En Esta isla, la Tierra (This Island, Earth) de 1955 los científicos de un planeta llamado Metaluna contactan con un colega terrestre, aparentemente para colaborar en diversos proyectos, pero con la secreta intención de robar uranio terrestre para usarlo con fines bélicos. De acuerdo con la ensayista Cinthya Hendershot, esta cinta sería un reflejo de la paranoia del momento sobre la posibilidad de que los soviéticos estuvieran controlando las mentes de los científicos estadounidenses para extraer sus conocimientos sobre armamento nuclear. Durante los primeros años de la Guerra Fría y a la vista de lo rápido que la Unión Soviética desarrolló su propio poder nuclear, existía una creencia en sectores de la sociedad americana de que había traidores pasando información y conocimientos científicos de alto secreto al enemigo. La película presenta a una raza alienígena de grandes cabezas, pues han desarrollado la inteligencia sobremanera, pero con cuerpos débiles y raquíticos, de forma que los trabajos físicos son llevados a cabo por feos mutantes de aspecto insectoide, el elemento más pintoresco del film.

invasion_body_snatchers_1956La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers) dirigida por Don Siegel en 1956 / Allied Artists.

El año 56 contempla el estreno de dos de las cumbres del cine de ciencia ficción de todos los tiempos: Planeta prohibido (Forbidden Planet) de Fred M. Wilcox y La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers) de Don Siegel. Planeta prohibido es una historia futurista situada en el siglo 26 en la que una nave espacial terrestre llega hasta un planeta llamado Altair habitado únicamente por un científico, el Dr. Morbius, su hija y el graciosete robot Robbie. A pesar de que la civilización oriunda del planeta había desaparecido hace tiempo —dejando avanzadísimas instalaciones tecnológicas—, una poderosa y destructiva presencia maligna asola a los terrícolas visitantes.  Tras 90 minutos de metraje descubrimos que el monstruo en cuestión es la encarnación de todos los sentimientos negativos de los antiguos moradores que acabaron por completo con la especie; un nuevo aviso de que nosotros mismos somos la principal amenaza para la supervivencia de nuestra propia civilización.

Acabamos esta breve enumeración de títulos con la brillante La invasión de los ladrones de cuerpos, que reposa sobre una trama en la que los habitantes de un pueblo de California son sistemáticamente sustituidos por clones surgidos de vainas gigantes. Relatada en flashback por su protagonista, el doctor Miles Bennell, la historia cuenta cómo poco a poco las personas que le rodean van cambiando de carácter, y aunque él sospecha y luego confirma que se está produciendo una invasión silenciosa, nadie le cree y se le toma por paranoico. Al encuadrar la temática de la película en su época, esta puede adquirir dos lecturas. Una sería la llamada de atención sobre el mccarthysmo y la caza de brujas y la posibilidad de que el miedo al comunismo y la persecución ideológica convierta los Estados Unidos en un país con una población aborregada y conformista. La otra visión nos sugiere que la cinta previene del peligro del pensamiento único oficial de los regímenes de socialismo real, es decir, sería un aviso de la amenaza soviética.

Después de la década de los cincuenta el cine de ciencia ficción fue evolucionando movida por las preocupaciones y modas de la sociedad. De esta forma, hacia finales de los sesenta y principios de los setenta las películas estaban bañadas de un tinte pacifista y ecologista, y llegando a los ochenta adquirieron un tono new age con títulos como Encuentros en la tercera fase o ET en las que los extraterrestres son como bondadosos hermanos mayores que nos ayudan a evolucionar como especie.

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