Aquí escribió Isaac Rosa

“Imagínate que se produjeran en un mismo día

todos los desahucios de los últimos años”.

(Aquí vivió, Isaac Rosa)

Intentad hacer ese ejercicio, imaginaos por un momento las calles abarrotadas de hombres y mujeres, de niños y ancianos, con sus pertenencias y sus sueños, cargando con sus vidas al hombro, deambulando resignados hacia ninguna parte, vagando por la cuidad en busca de un techo, despojados y expulsados de sus respectivas viviendas, imaginaos esas más de cien mil familias que cabrían en varios estadios como el Santiago Bernabéu, pensad por un instante en ese mar de personas, en ese caudal incesante de familias, quizás así nos lleguemos a dar cuenta del drama silencioso que han sufrido cientos de miles de familias en toda España durante los últimos años y que aún hoy no cesa, como un goteo constante pero silencioso que amenaza con inundarlo todo.

aqui_vivio_rosa-bueno(Izq. Portada de Aquí vivió (2016), de Isaac Rosa y Cristina Bueno, editorial Nube de Tinta).

Recuerdo perfectamente un día de marzo frío, gris y lluvioso, en el que vi a Isaac Rosa, fue en la librería Central de Madrid, durante la presentación de su último libro, titulado Aquí vivió, una novela gráfica sobre el drama de los desahucios con guión de Isaac y dibujada magistralmente por Cristina Bueno. La presentación, capitaneada por el periodista Javier Gallego ‘Crudo’, se centró en contar las anécdotas de lucha y resistencia que viven las víctimas de los desahucios, de llantos y de risas que experimentan en las asambleas de la plataforma de afectados por la hipoteca (PAH), que actúan como verdaderas terapias de grupo, donde se narran las historias más desgarradoras, las vivencias más duras y penosas, pero también en donde la esperanza se abre paso gracias a la organización y en la cual germina un componente de alegría y entusiasmo colectivo, que se vislumbra como una admirable enseñanza de la cual la sociedad aún tiene mucho que aprender.

A partir de aquel día me convertí en ávido lector de sus columnas de opinión en las que, con sagaces ironías y ocurrentes metáforas —dos elementos esenciales en su obra— analiza el carnavalesco acontecer político nacional e internacional, y me sumergí en su prolífica obra literaria, acompañe en todos sus periplos al profesor universitario Julio Denis (un hermoso guiño literario para quienes somos amantes de todo el universo cortazariano) en aquellos oscuros años sesenta durante la más férrea reprensión del régimen franquista contra los estudiantes, que tanto nos recuerda a los latinoamericanos aquellos tenebrosos años de las múltiples dictaduras del Cono Sur y Centroamérica. No es casual entonces que su novela El Vano Ayer fuese premiada en Caracas con el Rómulo Gallegos (uno de los premios literarios más prestigiosos de América latina), pues esta, antes que una novela sobre el franquismo es una novela que reflexiona sobre el presente desde los cruentos acontecimientos del pasado. Me sumergí también en lo más profundo de La habitación oscura y fue allí donde pude aprender lo paradójico que puede llegar a ser obtener lucidez gracias a la desinhibición que causa la más absoluta oscuridad, sufrí el terror y me di cuenta de hasta qué punto los miedos e incertidumbres revelan la fragilidad del ser humano después de leer El país del miedo, novela que fue llevada al cine recientemente por Francisco Espada

En sus novelas siempre está, implícita o explícitamente, la intención de generar una visión crítica del tema a tratar, lo vemos en el caso de su último libro, Aquí vivió, donde podemos encontrar, al final del mismo, información para conocer y colaborar con las organizaciones que luchan contra los desahucios. No es una simple lógica utilitarista de la literatura, pues sería ingenuo creer que un libro por sí solo puede frenar un desahucio, pero es sin duda un importante aporte a lo que en palabras del propio Isaac sería: “construir un poco de memoria, para que no se olvide que aquí vivió una familia que perdió su casa”. 

Esta visión crítica ha sido factor fundamental en su transitar literario, otro caso ejemplar es la reedición de su primera novela, después de la unanimidad crítica y de los premios que recibió El vano ayer, y ante las presiones de la editorial para publicar un nuevo libro después de tres años, Isaac propuso un proyecto de autocrítica a su primera novela La Malamemoria, reeditándola bajo el nombre de ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! y utilizando la figura de un lector anónimo que ha boicoteado la reedición y se ha dedicado a señalar sus debilidades, burlándose del propio autor, para proponer una relectura, en un ejercicio sin precedentes, y cuya intención queda perfectamente plasmada con el llamado de alerta que nos da el propio Isaac al inicio del libro: “Por supuesto, vamos a emprender acciones contra el sujeto. Porque si en el caso de mi novela el daño está ya hecho, al menos evitaremos que se cree un peligroso precedente. Eso sería lo preocupante. Que cundiese el ejemplo y a partir de ahora los lectores, por mimetismo, se dedicasen a cuestionar las novelas que leen, hiciesen lecturas desaforadamente críticas, subrayasen y anotasen los textos, los saboteasen como ha hecho este vándalo con mi obra. No podemos arriesgarnos a que los lectores pierdan el debido respeto al autor, esto es, a su autoridad y acaben no ya criticándolo, sino hasta mofándose de él, desnudándolo en la plaza pública”.

Hoy, cuando todo lo que parecía sólido ya no lo es tanto, cuando proliferan los autores carroñeros, aquellos que utilizan la crisis económica como telón de fondo, como decorado ficticio que les sirve para tener una mayor tirada comercial, un mayor número de ventas, un halo de solidaridad y empatía, que no es más que egoísmo y utilitarismo —esta vez en beneficio propio—, hay todavía una serie de escritores que reivindican la literatura comprometida, o más bien la literatura libre, al ser escrita oponiéndose al discurso y la clase dominante, como lo resaltaría Rosa en su discurso de agradecimiento al recibir el Rómulo gallegos aquel 2 de agosto de 2005: “Porque el escritor en todo momento está comprometido con la representación crítica del mundo, lo quiera o no. Escribir es tomar partido, es participar, es intervenir. El autor puede asumir esa responsabilidad o no, pero esa responsabilidad esta ahí, existe al margen de sus intenciones, le antecede. El no asumir esa responsabilidad responsablemente, valga la redundancia, equivale a comprometerse con el discurso dominante, a ser cómplice de él”.

Podemos concluir entonces diciendo que Isaac Rosa pertenece a aquella estirpe de escritores que aún hoy, a pesar de la desesperanza que embarga ya no sólo a la literatura, sino a todo el panorama de las humanidades en general, cree con cierto fervor militante en el poder de las letras, en su belleza y en la capacidad de estas de cambiar la realidad, de intervenir en ella, de modificar y dialogar con el presente más inmediato y producir cambios en el futuro más próximo. Isaac Rosa cree que otra literatura es necesaria, y la hace posible en cada una de sus novelas, Isaac Rosa al igual que aquel gallardo y valeroso hidalgo de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, cabalga y batalla contra gigantes que imponen el tedio, la complacencia y el servilismo desde un espacio que debería ser de crítica y liberación, Isaac Rosa es un autor necesario.

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