Sueño y obra de Mina Loy

Las fotografías que se conservan de Mina Loy, a diferentes edades, tienen todas un vaporoso aura de misterio. Los ojos entornados, o cerrados como si estuvieran mirando, o abiertos como si estuvieran soñando. Un perfil que mira de frente. Retratos de una modelo altiva, pero cercana, humildemente divertida. Mina Loy es uno de esos personajes revestidos de fascinación para la posterioridad que dejaron las vanguardias artísticas del siglo veinte. Escribió poesía y teatro, un manifiesto feminista, pintó, esculpió, diseñó muebles y ropa. Y vivió. Sobre todo, vivió. Su gran obra fue ella misma, el mejor relato, los mejores versos, el acto más conseguido que jamás le saliera fue su propia existencia. Estuvo en los momentos y escenarios principales del arte de entreguerras y también en los secundarios, a menudo más significativos que los primeros.

mina-loy-por-stephen-haweis-ca-1905Mina Loy, alrededor de 1905 / Foto: Stephen Haweis.

Estudió pintura en París desde joven, aunque había nacido en Londres, en 1882, hija de un matrimonio compuesto por una inglesa llamada Julia Bryan y un húngaro judío llamado Sigmund Lowry. Nació como Mina Gertrude Lowry pero adoptó el pseudónimo Mina Loy tempranamente. En 1904, con solo 22 años, ya firmó como tal seis acuarelas que expuso en el Salón de Otoño de París. Fue precoz en todo. Un año antes se había casado con un compañero de la Academia de pintura Colarossi, Stephen Haweis. Tuvieron tres hijos, el primero de ellos, una niña a la que llamarían Oda, que murió con solo un año. En 1907 y 1909 nacieron Joella y Gilles, respectivamente. Durante aquellos años, Mina se convirtió en una figura habitual de los círculos intelectuales y artísticos de París, primero, y de Florencia, después. El matrimonio se mudó a Italia con el nacimiento de Joella. Allí, Mina estableció contacto con los futuristas, llegando a mantener romances con varios de ellos, incluido el propio Marinetti. Su aversión por la futura aproximación del futurismo a los postulados del fascismo la hizo romper aquellas relaciones. Su Manifiesto Feminista, de 1914, fue la respuesta de agravio contra las ínfulas machistas y fascistoides del futurismo. El mismo año publicó Aforismos sobre Futurismo, una burla en verso del movimiento, que apareció en Camera Work, la influyente revista que Alfred Stieglitz publicó en los Estados Unidos hasta 1917.

En Estados Unidos fue donde encontró, aun con interrupciones en el tiempo, una mayor estabilidad. Para los años del inicio de la Gran Guerra se había separado definitivamente de Haweis. En Nueva York, como hiciera en París y en Florencia, consiguió pronto impresionar a los círculos más avanzados del arte y la cultura. Sus poemas se publicaban en conocidas revistas, como la de Stieglitz, y en otras como Rogue u Others. A través de esta, Others, entró en contacto con el grupo de William Carlos Williams, Man Ray o Marianne Moore, la bohemia del Greenwich Village. Pero la gran influencia de su vida estaba aún por llegar. En 1917 se topó ante ella un gigantón que decía ser poeta y boxeador, además de sobrino de Oscar Wilde —casi un título nobiliario en el mundo del arte— y que había llegado a América huyendo de la guerra en Europa. Era Arthur Cravan, en efecto, poeta y fundador de una revista de autor, Maintenant, y púgil que había peleado —o tratado de defenderse sobre un ring— por el título mundial contra Jack Johnson, en la Monumental de Barcelona. El personaje más naif y estrafalario de la época, posiblemente. Un bruto noble y seductor, un dandi de casi dos metros de altura que vestía como un príncipe vagabundo. El flechazo entre ambos fue inmediato. “Deberías venirte a vivir conmigo a un taxi, podríamos tener un gato”, cuenta la leyenda que le dijo él a ella, a modo de declaración. Se fueron a México, sin dinero ni más planes de futuro que estar juntos. Mina se quedó embarazada y decidieron viajar a Argentina, donde debieron pensar que podrían encontrar una forma de vivir y de cuidar del retoño en camino más o menos estable. Mina haría el viaje en tren, más cómodo y seguro en su estado. Arthur se adelantaría en barco. El momento del zarpado de Cravan en el Golfo de México es uno de los capítulos más conocidos de la mitología de la bohemia artística de principios de siglo. Se adentró en las aguas, él solo en una pequeña embarcación y nunca más se le volvió a ver. Mucho se ha hablado sobre el final de Arthur Cravan, siendo imposible saber si su partida fue un acto suicida consciente o una de las ingenuas temeridades que le caracterizaban. Solo habían estado un año juntos. Mina regresó a Europa, donde tuvo a la hija de ambos, Jemima. En una entrevista para The Little Review en 1929, le preguntaron: “¿Cuál ha sido el momento más feliz de su vida?”. Mina repondió: “Cada momento que he pasado junto a Arthur Cravan”. TLR: “¿Y el más desgraciado? (Si quiere responder)”. Mina: “El resto del tiempo”.

En 1923, Mina Loy volvió a establecerse en París, fue el mismo año que murió su hijo pequeño, Giles, y que publicó su primer volumen de poesía, Lunar Baedecker. Un año antes del Primer Manifiesto Surrealista. La vuelta a Nueva York se produjo en 1936, con sus dos hijas, y el apoyo de Gertrude Stein, amiga íntima. En la etapa final de su vida, la que comenzaba entonces, Mina Loy seguiría siendo una figura etérea y extrañamente original en el mundillo artístico. Con el apoyo financiero de Peggy Guggenheim, se dedicó durante bastante tiempo a la decoración artística, en particular a la creación y venta de lámparas de su propia cosecha imaginativa. Vivió en Nueva York con pocos recursos económicos, lo que salía de las lámparas, a pesar de contar con suficientes amistades y contactos como para haber podido mantener una situación mucho más holgada. Escribió y publicó aún, y pintó y expuso también. Pero optó, como por así decirlo, por vivir como posiblemente imaginara que lo hubiera hecho con Arthur, sin más preocupación que la de mirarse el uno al otro con los ojos cerrados, la de soñar con los ojos abiertos. Murió en Aspen, Colorado, cuidada por sus hijas, Joella y Jemima, el 25 de septiembre de 1966.

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